El PRO contra el teatro

El miércoles 8 de agosto, la Asamblea de Teatristas convocó a una movilización frente al Ministerio de Cultura porteño en reclamo por la falta de pago de subsidios de Proteatro. Los conflictos que mutan y se multiplican y detrás, lo que permanece: qué políticas para qué cultura.

Imagen: NosDigital

En los últimos meses, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires recibió muchas visitas. En el número anterior de NosDigital, les contamos del festival organizado en repudio a las políticas de persecución y clausura sistemática de espacios culturales autónomos. Esta vez, no traemos mejores noticias. El conflicto atañe al Teatro Independiente; aclaramos, para no ser impersonales, que quienes lo padecen son los y las teatristas. El reclamo gira en torno al (no) pago de subsidios que otorga anualmente el Instituto para la Protección y Fomento de la Actividad Teatral no oficial de la Ciudad (Proteatro) a salas, grupos teatrales y proyectos especiales.

Hace rato que la cosa se puso en movimiento. A través de reuniones, asambleas y comunicados, las diferentes organizaciones de la actividad teatral comenzaron a mostrarse en unidad. Nos referimos a ARTEI, AINCRIT, Asociación Argentina de Actores, Teatristas Independiente Organizados, Argentores, Encuentro Nacional de Actores y Escena. Ya por el mes de julio comenzó a hablarse de la necesidad de pasar a la acción y, en un comunicado emitido el 2 de agosto, se confirmó la movilización a la “Casa de la Cultura” para el miércoles 8. Con una simple mirada a esta tabla que hicieron circular, nos damos cuenta que les sobran los motivos:

Nos preguntamos entonces, en qué andará la gente del Directorio de Proteatro, creado en el 99’ en el marco de la Ley de Teatro no oficial, fruto de la lucha de los artistas. Efectivamente, hice la pregunta y enseguida me contestaron que fue el propio directorio el que reveló las cifras y el que informó a la comunidad teatral cuál era la situación. César Mathus, uno de sus miembros, fue contundente: “El directorio aprobó en tiempo y forma; el problema es que el ministerio no está pagando”. Así me entero que es el Ministerio el encargado de efectivizar cada pago. Originalmente, había asignado 5 millones de pesos (de un total de 905 millones) para la “protección y fomento” del teatro porteño; luego, en la Legislatura, se aprobó la duplicación de tal cifra. Habrá que ir a preguntarle al Ministro, quien fuera funcionario de De la Rúa, candidato de López Murphy y que, en la actualidad, también está al frente del Ente de Turismo: Hernán Lombardi.

El miércoles 8, arranco el día convenciéndome de la hazaña de llegar a casco histórico porteño en la ciudad-sin-subtes. Antes de salir, casi por rutina, prendo la tele y me entero que la Policía Metropolitana entró a desalojar al Borda para construir un centro cívico. Uff, otro palo, y ¿cuántos más? Llegar no es solo difícil, sino también confuso: entre el 400 y el 600 de la Av. de Mayo, hay 3 movilizaciones. Pronto distingo a mi grupo y me sumo. Anuncio ex – temporal: en este punto del relato se destierran los nombres propios (excepto el de Lombardi, que intentaré nombrarlo cuantas veces pueda). Es cierto que hubo figuras del teatro de renombre y de cara conocida, cuyos apellidos encontrarán en cualquiera de los grandes medios que cubrió la noticia. Pero el reclamo estuvo mucho más nutrido por voces anónimas, rostros dibujados de historias aún por contar. Volvemos al in-situ. Que paguen, que paguen, que paguen. Que abran, que abran, que abran. Son los primeros cánticos que escucho. Y una, tras el megáfono, me aclara rápido: “Las puertas del Ministerio de Cultura están cerradas. Hoy tendrían que estar firmando convenios de concertación varios grupos que están sin cobrar el subsidio desde el año pasado. Grupos que han pedido nuevamente el subsidio este año, que han sido aprobados por el Directorio de Proteatro y que todavía no han sido citados siquiera para firmar. Lo que exigimos es la agilización del pago de los subsidios, no podemos esperar más, ni las salas, ni lo grupos, ni la gente que conforma la actividad teatral. Es muy fácil enorgullecerse de Buenos Aires como capital mundial cultural, bla bla bla. Nosotros somos los que lo hacemos, sobre nuestros pulmones descansa la gloria sobre la que se vanaglorian todos estos funcionarios.” La denuncia del abandono se reitera y crece en rabia: “Necesitamos de los subsidios de Proteatro para que esa vidriera que tanto esgrime el Sr. Lombardi como centro cultural de Latinoamérica, que vende como turismo; tenemos que demostrarle al resto de la sociedad que esa vidriera está sostenida por el hombro de los artistas independientes, de los actores que igualmente hacen su trabajo en el Teatro San Martín aún sin tener los contratos. Apelan a ese costado nuestro de sostener la cultura, la actuación, el arte, pero que no compensan cumpliendo con la parte que a ellos les toca de respetarnos como trabajadores. Se oponen a políticas culturales y sociales que tengan que ver con el respeto hacia el ciudadano y hacia el pueblo”.
Mano a mano, con algún guante colado entre las pieles, circula el comunicado que plasma los reclamos de los teatristas. A lo largo de la jornada, esas palabras se harán carne en distintas voces, con sus tonos y estilos singulares: “Nos preguntamos cómo no le da vergüenza al Ingeniero Lombardi decir ‘estamos en agosto… ya van a ir saliendo… es una cuestión administrativa’ (La Nación, 4 de agosto). Es tal su impunidad, es tal su ignorancia que desconoce que los grupos y las salas no funcionan sólo a partir de agosto. ¿Acaso se trata de impericia política y administrativa? ¿Se trata de malversación de los fondos públicos?” Nos miramos y se nos deshace la cara de preguntas.
Además de papeles, circula una sensación híbrida, nutrida de broncas, esperanzas, ansiedades, alegrías y pasión, por sobre todo, mucha garra para pronunciar cada palabra. Viene otro que se calza el megáfono y dispara: “Que se nos dé lo que se prometió, el aumento de 5 millones a 10 millones. Es algo que ya se otorgó. Sentimos que constantemente hay una mentira y una política que está llevada a vaciar todos los fondos que tengan que ver con el hecho artístico y teatral. Cada vez estamos más organizados para dar pelea. Vamos a ir a donde sea para defender nuestros intereses, tiene que ver con un dinero que es nuestro y que nos pertenece. Nos dicen que sí de la manera más estúpida e imbécil como si nosotros fuéramos tarados; no lo somos.” Hay un estado de movimiento permanente, diría que circulan las personas también, pero creo que ya agoté el recurso. Hay muchos encuentros de esos con abrazos que empiezan con los brazos muy abiertos cuando todavía faltan algunos centímetros para que los cuerpos se encuentren, y yo me río, siempre me divirtió esa cara de ojos de huevo, cejas levantas y boca abierta. Me distraje y el megáfono me barre las ideas con un discurso que agarro empezado, pero que contiene una propuesta: “…que la cultura no sea una mercancía y sea un derecho. Tenemos que romper con la fragmentación de las luchas. Proponemos juntarnos con los compañeros de Salud, para que se escuchen todos los reclamos.” Se refiere a los trabajadores de los hospitales porteños que, a tan solo unos metros de nosotros, reclaman por mejores condiciones laborales. Nos movemos y nos mezclamos.

Tras unas horas, testimonio saludos de despedida, gestos con la cabeza y otras formas decir adiós, o hasta prontito, en este caso, porque todos nos vamos con la certeza de que la lucha sigue. Empiezo a caminar, ya de lejos veo la media cuadra de fila para el colectivo que me toca y antes de empezar a pensar en cuánto voy a tardar en llegar, escucho, ya no sé si en mi cabeza o si viene de alguna persona-megáfono: “Nos preguntamos cómo no le da vergüenza al Ingeniero Lombardi (Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires) decir ‘estamos en agosto… ya van a ir saliendo… es una cuestión administrativa’”.