La vida de un campeón

“Una como las de antes” fue el título de los diarios neuquinos la mañana siguiente a la pelea del año. Dos hombres duros y de buena pegada se disputaban en el estadio Ruca Che, Neuquén, el título vacante del Consejo Mundial de Boxeo y, lo más importante, el derecho a pelear por el título del mundo ante el ganador de Sergio “Maravilla” Martínez y Julio Cesar Chávez Jr el próximo 15 de septiembre. La pelea la ganó Billi Godoy, y acá te contamos su historia.

Velocidad y precisión. Abajo del ring, un niño de corazón enorme. Arriba, una máquina de golpes. 25 años, 26 peleas, todas ganadas o ninguna perdida, como usted prefiera. 13 de ellas por la vía del knock out.
Facundo Billi Godoy es el cuarto hijo de nueve, y uno de los cuatro boxeadores profesionales de la familia. Nació con los guantes puestos. Su papá es Bruno “La Bestia” Godoy, ex campeón argentino y sudamericano de los medianos y quien alguna vez tuvo su chance mundialista. “Mi primer recuerdo en el gimnasio es de los 10 años, aunque todos me cuentan que ya desde antes me gustaba ir a jugar. Entre esa edad y los 12 empecé a entrenar. Algo que no me olvido más es que en esa época mi papá estaba entrenando para pelear por el título Internacional en Brasil y yo lo acompañaba todos los días a entrenar, me ponía en su espalda cuando hacía flexiones de brazo y lo miraba todo el tiempo como trabajaba. Yo no paraba de jugar con los guantes y las bolsas, después me daba sueño y me dormía en las colchonetas”, sonríe y relata Billi para NosDigital.

Bruno es el entrenador de todos los hermanos y de otros boxeadores de la zona. Empezó a dar clases a principios de los 90, cuando todavía era boxeador profesional activo, y abrió su propio gimnasio en el año 2002, época complicada si las hubo, con la intención de sacar a chicos de la calle y así devolverle a la vida un poco de lo que ella le brindó. Hoy, su gimnasio de la esquina Colón y 11 de septiembre de Centenario, Neuquén, es cuna de campeones.
Billi también tuvo, y tiene, de referente a su hermano Alberto, quien con 32 años es campeón Internacional Welter del Consejo Mundial de Boxeo. Horacio (29) y Gino (23) completan el team boxístico de una familia formada a golpes de guantes rojos y amor, mucho amor.
La familia no solo aporta los boxeadores, sino que también organiza todo el show. “Mi papá es uno de los pocos referentes de la zona en cuanto a boxeo y hace años que viene peleando para darle difusión a este deporte que es tan lindo e intenso y que saca a chicos de la calle”, cuenta Billi. Mamá Graciela, quien lleva los pantalones largos en casa de boxeadores, se encarga de las invitaciones especiales, las acreditaciones de prensa y hasta de la cantina. Sí, la cantina.
Su pelea es la última, la estelar, programada para la medianoche. Llega al estadio alrededor de las 11, entra a su vestuario y no puede evitar la sonrisa. “Mirá amigo, tengo vestuario de campeón”, dice mientras sonríe y tira golpes al aire, como entrando en calor. Claro, era la primera vez que a un vestuario de gimnasio lo decoraban y le ponían sillas y sillones para que se sienta cómodo. Es un vestuario de campeón para él, Billy Godoy.
Sus hermanos pelean allá afuera mientras él se encierra y busca concentración. No puede, su pregunta es evidente: “¿Cómo va Alberto?”. Su amigo le responde, “va ganando cómodo”. Recién ahí se calma y sigue con sus movimientos pre competitivos. Si un Godoy gana, ganan todos y si pierde, les duele a todos.
A los 19 años se fue a Austria y Alemania a entrenar y pelear. Lejos de su familia, inmerso en una cultura distinta y sin saber la lengua nativa pudo acceder a profesionales, infraestructura y materiales de entrenamiento que le ayudaron a hacerse de las armas con las que hoy defiende sus títulos: campeón Argentino, campeón Latino en las versiones del Consejo Mundial y Organización Mundial de Boxeo y, desde el sábado 7 de julio, Campeón Internacional del Consejo Mundial de Boxeo. “En Alemania tenía el mismo entrenador y compartía gimnasio con el campeón del Mundo, Felix Sturm. Allá nadie se le acercaba, era intocable, y un día vino y me dijo que tenía muchas condiciones y que creía que yo iba a llegar a ser campeón. Hasta me regaló sus guantes”, relata Billi una de las anécdotas que más lo marcó en su experiencia en el exterior.
Se preparó 3 meses especialmente para esta pelea con jornadas de doble entrenamiento. “Salgo a correr temprano, cuando todavía no amanece, voy solo porque aprovecho para despejarme”, cuenta el campeón, que, por la tarde, realiza trabajos de musculación y de boxeo bajo la dirección de su viejo en el gimnasio familiar. “Se que irme a Buenos Aires o a otra ciudad me daría más contacto con otros boxeadores y facilidades para entrenarme, pero yo soy de Centenario, acá esta mi familia y la gente que me quiere, no necesito irme”, dice y deja ver, no solo su personalidad, sino el perfil de una familia unida en la que los integrantes están por sobre cualquier cosa en el mundo.