La noche eterna

El 30 de diciembre de 2004…

CROMAÑÓN I

Más que abrir una grieta, esa noche se filtró por cada surco e hizo volar por el aire todos los cimientos. Nos dejó patas arriba en una agonía que, sospechamos, todavía no logramos revertir del todo. 194. Y con ellos, una forma de ser joven vio su fin. Ahogo. Una generación mutante asfixiada entre el antes y el después. Queda claro: la adolescencia no era el mejor lugar para veranear ese año. El absurdo nos trepaba por la piel y nos enfermaba de un virus que no tiene cura. Pocas cosas –qué digo – nada tenía sentido. Cuántas descargas cuántas agujas cuántos golpes cuántos temblores. Cómo decir con estas putas teclas lo que se sentía en esa vereda. (Cualquier lugar-común queda chico para hablar de muerte). De horror, de espanto, de dolor. De odio. Una juventud que se cargó en la espalda los escombros de la Sociedad que le soltó las manos y le cerró las puertas. Quizás ya “estaba perdida” desde antes. Los cuerpos, las caras, los sueños destrozados, pisados, vomitados, escupidos. Las lágrimas infinitas se estrellaban contra el suelo con un grito silenciado. Esa calle, esa esquina de confines, ese punto sobre el que se plegaba nuestro mundo y desde el que nos arrojaron al vacío. Nada podía seguir después de eso.

CROMAÑÓN II

Pero a esa madrugada, contra toda predicción, le siguió otro día. Y otros más. Como si no fuera suficiente, se nos venía otro año encima. Pero mucho antes de lo que parecían permitirnos nuestras energías, la luz empezó a asomarse: empezaba la otra historia, la de la lucha, solidaridad y resistencia. Incontables marchas que ahora parecen una única procesión eterna en busca de los que faltaban. No existían lugares cómodos, nadie estaba limpio; a todos salpicó de oscuridad aquella noche. Pero. Aunque la responsabilidad teñía a la sociedad en su conjunto, toda masacre tiene culpables. Cromañón abrió un resquicio y desnudó una red de corrupción que, bajo ningún aspecto, ha sido desmantelada. Hoy, faltan meses para contar con 8 dedos los años que pasaron desde la tragedia. Habremos descubierto una red, pero las arañas siguen vivas y se nos ríen en la cara. Parece que se llevan muy bien con la “Justicia” y entretejen esta historia juntas. Dos juicios. Un manojo de condenas irrisorias. Ni un solo preso. 194.