Feminismo explícito: Universidad de la Concha

Desde la cooperativa LaVaca hace años que trabajan activamente sobre el feminismo, defendiendo los derechos de la mujer. Desde el  21 de julio comenzó un ciclo de encuentros que se dicta el último sábado de cada mes, dirigido “ni a hombres ni a mujeres, a todas las personas”. A través de un espacio reflexivo buscan romper con el estereotipo de la víctima, “porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación”.

Fotos: Veroka Velazquez

Claudia Acuña, una de las cabezas de este proyecto, nos explica claramente cuáles son esas herramientas que utilizan y generan para darle batalla al sistema patriarcal. Propone una mirada diferente sobre el problema del machismo: “el machismo es femenino, pero si sos el problema también sos la solución”.

¿Cómo surge la idea de llevar adelante una Universidad de la Concha?

-Hace mucho tiempo que desde LaVaca venimos trabajando y reflexionando sobre el tema del feminismo hoy. De cómo perdió potencia su discurso y, lo que es más grave, de cómo operan los controles sobre sus lenguajes, tanto a nivel de la palabra como de la imagen, para restarle poder de transformación social. El trayecto que hicimos en este sentido es muy largo, pero podríamos sintetizarlo en dos etapas: una de mayor intervención pública, cuya herramienta más visible es la muestra y el libro “Ninguna mujer nace para puta”. Y otra más silenciosa, que llamamos de “submarino” que nos permitió consolidar un grupo de trabajo heterogéneo en su formación de origen, pero muy sintonizado en cuanto al interés de plantearse qué significa la batalla feminista hoy. La Universidad de la Concha marca el inicio de otra etapa, en la que abrimos las puertas para compartir un espacio de reflexión para la acción. La idea surgió a partir de dos experiencias concretas que en la UCO se unen formalmente, por un lado, los talleres de crónica periodística, en los cuales trabajamos mucho y durante largo tiempo con un grupo de mujeres periodistas y con la psicóloga Susana García, el tema del lenguaje y la identidad, de cómo está colonizado tanto por el sistema patriarcal como por la sintaxis disciplinadora de las oenegés y, por otro lado, el Poeticazo, el espacio que llevaron adelante desde LaVaca la poeta Daniela Andújar y la artistas Veroka Velázquez. Estas dos experiencias fueron el  útero de esta nueva iniciativa. Allí, participaron músicas, poetas y artistas visuales durante tres años, entonces la UCO acumula estas experiencias y personas que se proponen el rol de anfitrionas. No damos cátedra, recibimos en un espacio, y para un tema concreto, a personas que saben tanto o más que nosotras. De hecho, están participando mujeres de varias provincias que tienen una larga trayectoria de trabajo en temas feministas y que tienen la misma necesidad que nosotras de compartir un espacio de reflexión sobre las propias prácticas.

-¿Cuál es el propósito de estas reuniones que llevan la frase “Ni hombres ni mujeres: encuentro para personas”?

-El propósito  es claro porque no queremos hacer perder el tiempo a nadie, ni perder el nuestro: hacer algo. Son cinco reuniones destinadas a replantearnos cosas, aprender otras, intercambiar saberes, debatir ideas y prácticas. Pero todo esto está destinado a hacer algo concreto. Cada participante lo hará en el espacio que crea mejor o necesite hacerlo. Nosotras, desde la UCO, queremos producir una acción callejera e invitamos a las participantes que quieran a que lo hagamos juntas, pero no es una obligación. Este año esa acción tiene como eje la imagen. Por eso cada encuentro está pensado en función de reflexionar sobre tres preguntas: “¿Cómo nos vemos?, ¿Cómo nos ven? y ¿Cómo queremos que nos vean?”. Buscamos romper con el estereotipo de la víctima, porque ninguna mujer llorando y de rodillas puede cambiar su situación. La UCO no es un espacio para pensar las imágenes y discursos que produce el sistema, sino para interpelar las que producimos nosotras mismas. Hay muchos y seguramente mejores espacios de reflexión sobre la guerra que este sistema libra sobre nuestros cuerpos y subjetividades. Proponemos la autocrítica como frente de batalla, a partir de un diagnóstico concreto. Algo falla en lo que hacemos si hay 52 mujeres quemadas por sus parejas, si hay la cantidad de mujeres explotadas sexualmente que existen hoy, en este país y en este momento, y sino podemos imponer que se despenalice el aborto, por poner solo tres ejemplos de actualidad. Algo estamos haciendo mal, diciendo mal y mostrando mal porque la violencia contra las mujeres, aquí y ahora, es brutal. La UCO se propone analizar nuestros errores, potenciar nuestras capacidades y lograr acciones más potentes, populares, de real intervención social. Por eso la convocatoria es abierta a las personas. No nos interesa la orientación sexual, como no debería interesarle al Estado la sexualidad de sus ciudadanos. Lo que queremos y por eso lo hicimos explícito es conversar, pensar y hacer cosas con personas que estén dispuestas a darle batalla al sistema patriarcal, con todo lo que eso implica.

-¿En qué autores y experiencias se basan para organizar los encuentros?

-Nuestra principal fuente teórica surge de nuestras propias prácticas, de analizarlas y sistematizarlas. Hay autoras que nos han servido más que otras y esto no construye una jerarquía, sino que se arma una utilidad o complicidad, para decirlo mejor, que ha surgido de los tramados que hemos hecho en estos años. Nuestras autoras por suerte son también nuestras amigas, han estado a nuestro lado pensando y haciendo juntas. Sin duda, María Galindo y “Mujeres Creando de Bolivia” o Silvia Federici, autora de “El Calibán yla Bruja” y María Lugones , quien escribió uno de los textos claves del pensamiento de la descolonialidad, desde Estados Unidos, forman parte de ese tejido, con distintas intensidades pero sumando colores a nuestras prácticas. En el primer encuentro tuvimos la colaboración de Andrea Andujar, una historiadora que ha investigado dos temas que nos interesan, como por ejemplo las mujeres guerrilleras de los 70 y las piqueteras de los 90. Pero su aporte fue más allá de lo teórico, porque Andrea es la hermana de la poeta Daniela Andújar y a la UCO no solo aportan y asisten las dos, sino también su mamá. Tener estas tres generaciones pensando juntas, compartiendo lo que aprendieron y analizando sus historias, y no “La Historia”, es algo que supera lo que cualquier texto te puede dar.

-Según Aristóteles, tratar como iguales a dos sujetos desiguales era una injusticia. Entonces, ¿la búsqueda de la igualdad entre el hombre y la mujer debe contemplar la diferencia de género o tales diferencias no son inherentes al ser humano, sino una construcción social?

-El feminismo ya le respondió a Aristóteles y a todo lo que él representa: el Estado patriarcal. Creó una herramienta muy eficaz, la discriminación positiva. La mano del Estado tiene que ser más larga para quien menos puede llegar hasta arriba. Es una herramienta que usaron los afroamericanos en su lucha contra el racismo y las mujeres en la política, cuando se impusieron las cuotas, por ejemplo.  Estados Unidos tiene un presidente negro, Argentina y varios países del mundo, jefas de gobierno mujer, en sí misma la herramienta es tremendamente eficaz, pero no garantiza que lo que produzca por sí sola sea un cambio social. La batalla está en las subjetividades que este sistema crea y eso atraviesa a todas las identidades sexuales, pero claramente a las mujeres. El problema del machismo es femenino, lo bueno de esto es que si sos el problema también sos la solución. En nosotras y por nosotras, entonces, pasa el cambio social. 

-Un sector del feminismo, ligado al socialismo, sostiene que la liberación de la mujer es imposible bajo este sistema, formado bajo la base patriarcal, siendo entonces posible bajo un nuevo orden social. ¿Cuál es su postura?

-Coincido con el discurso, pero no con la práctica de los partidos tradicionales de izquierda, infectados por el machismo que dicen criticar. El cambio, la revolución que proclaman,  debería empezar por ellos mismos, jubilando a los gerontes que hace años dominan las jerarquías de esos partidos y postulando a las mujeres que le aportan el dinamismo y el futuro, que necesitan en forma urgente. Creemos que no se puede separar discurso de práctica. En colectivos que se proponen la construcción de un cambio social deberían plantearse muy seriamente la posibilidad de que los hombres no dominen nunca la escena, por lo menos durante un tiempo, hasta ver qué pasa, hasta sacar una conclusión. Y más en aquellos que se dicen radicales, ¿por qué, qué temen perder? Se lo plantee en una reunión a uno de los referentes del Movimiento Sin Tierra de Brasil, a mi juicio una de las organizaciones sociales más poderosas de Latinoamérica, y se quedó mirándome, mudo. Recién cuando terminó el panel público y charlamos informalmente admitió que quizá tuviera razón: es hora de experimentar en nuestras propias construcciones las relaciones sociales que proclamamos para toda la sociedad. Bueno, esa es nuestra tarea. La UCO es la forma de hacernos cargo de la pequeñísima parte que nos toca de esa enorme responsabilidad.