El sentimiento de lo periodístico

“Frente a ese trabajo intelectual del enemigo externo e interno, realizado con una destreza que sería absurdo negar puesto que sus efectos saltan a la vista, ¿estamos hoy seguros de oponerle en todos los casos un lenguaje político y ético capaz de transmitir ideas nuevas, de transportar una carga mental en la que la imaginación, el desafío, y yo diría incluso y necesariamente la poesía y la belleza, estén presentes como fuerzas positivas e iluminadoras, como detonadores del pensamiento, como puentes de la reflexión a la acción? Desde luego, todos conocemos textos, discursos y mensajes que cumplen admirablemente esa misión de llevar a nuestros pueblos una verdad cargada de vida y de futuro; pero a cambio de algo que todavía sigue siendo una excepción, ¡cuánta retórica, cuánta repetición, cuánta monotonía, cuánto slogan gastado! ¡Qué poco revolucionario suele ser el lenguaje de los revolucionarios!”

Allá por el 81′, Julio Cortázar decía esto. Cada tanto y sin buscarlo, como a él le hubiera gustado, lo reencontramos entre ideas y papeles. Esta vez, quien llamó a su puerta, fue más bien una sensación. Esa que te ataca en medio del tipeo cual descarga eléctrica. No de las que te “patean” y después te dejan desarmado. Se trata más bien de un cosquilleo sostenido, una corriente de energía que te recorre el cuerpo obviando fronteras anatómicas. El sentimiento de lo periodístico que, intertextualidad con el amigo Julio mediante, se escapa de cualquier definición enciclopédica o de manual barato y con olor a viejo.

En NosDigital (¿claro está?), no hacemos literatura, pero somos todos escritores. Y aunque no negamos alguna frustración juvenil trillada, nuestra pasión por la palabra es fruto de una relación de acoso, seducción y alguna que otra falta de respeto. Escribir periodismo es, también, arte. Nos aferramos a esta idea y la ensayamos hasta el cansancio, porque creemos que solo desde el arte nos podemos colar entre esos intersticios que Cortázar siempre percibió. Solo desde el arte nos podemos hacer un lugar (a codazos y empujones) en esos huecos que los fanáticos de la lógica y la explicación nunca van a encontrar. No se trata de un ejercicio del pensamiento. Porque nosotros el periodismo lo hacemos con todo el cuerpo, y lo propio del cuerpo es sentir.