Las crónicas del Nene

Por el Nene

-Nene, andá a cubrir el entrenamiento de River.
El Nene cortó la llamada, apagó el celular y recién ahí se terminó de despertar.
Qué vida de mierda, pensó.
Se tomó el 15, recontra caliente y se fue para Núñez. Era la décima vez en el mes que le pedían que vaya a hacerle notas de color a los futbolistas que entrenaban en el estadio porque eran suplentes y no habían jugado el día anterior. Era la décima vez que iba a perder casi un día entero para un mísero recuadro que nadie sabía si en realidad iba a salir o no.
Se sentó en el último asiento del bondi, fulminado moral y físicamente. No daba más.
Casi que no había dormido después del partido que había cubierto la noche anterior.
El Nene se durmió. Se torró entero.
El 15 siguió, le metió duro y parejo. Llegó hasta Benavídez. Lo despertó el chofer.
-Pibe, el recorrido terminó. Abajo.
Se bajó desesperado. Y ahora que carajo hago, pensó.
Vuelvo e invento las notas, si total siempre dicen lo mismo.
Se tranquilizó. Era un buen plan. Nadie nunca se iba a dar cuenta. Nadie nunca iba a notar un matiz en donde no lo hay.
De repente, caminando el barrio que no conocía, se topó con unas canchas.
Qué hace esto acá.
Eran las canchas en donde las inferiores de un club de ascenso se entrenan. Entró sin preguntar, quiso ver. Algo, por fin, lo motivó.
Tuvo ganas.
Dónde había quedado aquello.
Allí estaban, otra vez.
Abrió los ojos bien grandes y miró a tres categorías entrenando en dos canchas.
Vio a 90 pibes corriendo sobre dos descampados con pozos y vidrios. No tenían perímetro, ni áreas, ni puntos de penal. Ni arcos con redes, ni nada. Nada de nada.
No encontró los autos lujosos, no encontró a sus colegas, no encontró nada. Ni siquiera pelotas en buen estado.
Los pibes corrían, algunos en zapatillas, quién sabe a dónde.
Corrían en círculos, sin podes escapar.
No había lugar para jugar, no había lugar para soñar.
De a poco comprendió. De a poco volvió a enamorarse. Sacó el grabador, tuvo ganas de preguntar. Tuvo dudas. Una inquietud lo molestaba. No podía ser.
No puede ser, se indignó el Nene.
-¿Por qué entrenan en estas condiciones?
– Porque no tenemos un mango y a mi me pagan una miseria-, dijo el DT de la 9na, la 8va y la 7ma.
90 pibes, dos canchas, tres pelotas y un DT.
El Nene pensó.
Volvió a pensar.
Esto lo tengo que llevar a la redacción. Esto es una historia. Estos 90 pibes son el fútbol argentino. Claro, sí, con razón.
Se volvió a tomar el 15.
Ni cerca estuvo de dormirse. Con los ojos enormes anotaba todo: detalles, testimonios, ideas, potenciales entrevistas. El tipo estaba contento.
Llegó al diario y le dijo al editor:
Qué te parece esto, si querés la tengo lista para el cierre.
El tipo lo miró, le sonrío. Le tocó la cabeza.
-Está buena Nene, pero para mañana ya tenemos todo cerrado. Cuando tengas listo el recuadro del entrenamiento mandámelo. Armalo con eso de que el Keko Villalva se entrenó diferenciado.

Comments are closed.