Instantes y momentos

Por Lourdes Landeira

I

Hay un instante.

El preciso instante en que el sol ocupa el lugar más alto. Entonces, la laguna,  justo a mis pies, se ilumina por completo en la vastedad de su universo.

Lo veo.

Sin embargo, el escarabajo que arrastra una hoja robada al pasto, me distrae y, cuando vuelvo a mirar, ya se divisa un pequeño espacio de sombra.

¿Alguien más lo vio? ¿Volveré  a verlo?

Ese momento de plena claridad es también, dicen los que dicen saber, el más dañino. Y por eso hay que protegerse.

Los  cuerpos a mi alrededor se cubren bajo un ala de sombra artificial, bajo una pared que los aúna.

Comparten el bloqueador de rayos y ríen.

Yo no me muevo, no hago más que contemplar el escarabajo y  la laguna; ahora ya es sombra pareja y lo será por varias horas más.

Hasta que salga el sol. Y la invada y la altere y la vuelva a dejar, como otra.

Ya no hay nadie cerca.

La sombra es tan irresistible como la luz.

 

II

 

Hay momentos.

Múltiples, únicos y repetidos.

Se encadenarán entre ramas sueltas, hojas perdidas al viento, insectos y risas, lágrimas y amores.

Algunos se fundirán en acuarela mientras otros, por leves o por irresistibles, desaparecerán en blanco o negro, sin dejar de ser.

Habré de atravesarlos, a todos. Y dejarme teñir, con o sin protector.

Sólo para poder estar ahí, en ese instante.  Cuando la humedad de la laguna arrasa y devora la aridez del desierto y la soledad.

Entonces, trataré de ver mi arcoiris.