“Hicieron desaparecer el cuerpo”

La voz de una jueza que sacaron de la causa lo dice todo: habla de la desaparición, habla del río, habla de la Policía y, sobre todo, habla de Daniel Solano, un aborigen que nadie encuentra en Choele Choel. Por ahora, una sola pregunta de fondo: ¿dónde está?

Daniel Solano era aborigen, de la comunidad guaraní Misión Cherenta en Tartagal, Salta. “Un ejemplo de persona, responsable… Se lo decían hasta los patrones”, convence Sara García, amiga. “Como había escasez de trabajo y a él le había gustado ir a Río Negro los dos años anteriores a la poda y cosecha de manzanas, volvió”, cuenta.

Fue a Choel Choel, con más o menos 60 compañeros, desde su provincia natal. Ante cada frontera provincial, la empresa los hacía pasar como turistas, en vez de obreros, ante la Policía. Agrocosecha fue la empresa que los contrató, tercerizando trabajo para Expo Fruit, una multinacional que está en Lamarque. Le prometieron “1800 pesos mensuales”, nos dice Sergio Heredia, el abogado de la familia, también denunciante de Sergio Shocklender. Pero en el contrato, había una cláusula extraña.

El 4 de noviembre fue a cobrar su primer sueldo. Le dieron 876 pesos. “Eso multiplicado por 400 trabajadores…”, nos interpela el abogado. Y no le convenció. Daniel se reunió con otros trabajadores para ver si hacían un paro el domingo en repudio de la estafa. “Siempre había habido engaños, pero esta vez fue el más vil… no solo con él, con todos. Siempre había sido así, pero como él era un chico de conformidad, no había pasado nada”, explica Sara.

-¿Era como un líder del grupo?

-Nunca quiso ser líder de nada ni de nadie. Se lo habían propuesto… Ser puntero de un grupo de gente. Él no quiso para no tener problemas con los compañeros. Nunca le interesó ser más que otro ni cobrar más si trabajaba lo mismo. Uno de los compañeros, que está acusado, lo invitó a bailar. Él no quería, pero lo convencieron. Ahí se involucra la Policía y todo eso. Son ellos los que lo desaparecieron a Daniel. Fueron los últimos en tenerlo con vida.

La historia oficial dice que fue a bailar a un boliche adonde había ido con veinte compañeros más. De ahí lo sacaron tres policías a los veinte minutos de ingresar por hacer lío. Marisa Bosco, la primera jueza, les dijo a testigos que Solano había sido visto en la terminal, yéndose para Neuquén por voluntad propia.

Hoy está sometida a juicio político e inhibida de la causa.

Heredia: “La comunidad me pidió que viniera a investigar. Me instalé y di vuelta todo eso. Hay 22 policías imputados, más encubridores como compañeros de él y testigos falsos. Va a haber más de 40. Una barbaridad impensable fuera de un juicio de Derechos Humanos”.

Uno de los que sacó a Solano era el propio investigador designado por la justicia.

En el boliche no había tres policías, sino siete.

La cláusula dice que si un trabajador tiene problemas con la Policía, será despedido. “Todo se trató de un plan empresarial para contratar a estos policías para darle una paliza para echarlo. Entonces es fácil darse cuenta que ahí hay trata de personas. Por eso hicieron desaparecer el cuerpo. Lo estamos buscando en el río porque los perros olieron que ahí se tiró el cuerpo, pero ya pasaron seis meses. Pero ese lugar ya había sido rastrillado por los que están imputados. Acá hubo todo un encubrimiento empresarial, policial y judicial. Tuve que conseguir 150 testigos que me dijeron qué había pasado: cómo lo sacaron, cómo lo golpearon, cómo lo subieron al auto, a qué auto, cómo le sacaron las zapatillas. Hoy estamos esperando la última prueba que es el entrecruzamiento de llamadas de su teléfono post-asesinato porque estos tontos lo siguieron usando cambiándole el chip”, sigue Heredia.

-¿Quién está haciendo ese entrecruzamiento?

-La Policía de Santa Rosa, La Pampa.

-¿Confían en ellos?

-Y si n… -se interrumpe-. Es que es tanta la presión de la gente y el apoyo del gobierno… porque acá hubo un cambio de gobierno. Solano desapareció cuando había un gobierno desde hacía 25 años. El 10 de diciembre cambió y empezó a ver este caso como un emblema de esta impunidad policial, asique estamos muy satisfechos. Yo pedí tres sumariantes, porque no se habían hecho, y vinieron. Hace minutos acaba de venir a comer con nosotros la defensora del Pueblo de Río Negro. Es un caso bisagra. Lo que falta es encontrar el cuerpo.

Los buzos lo buscan. La familia mientras tanto, acampa frente a la fiscalía y hace huelga de hambre hasta que haya detenidos y lleguen los entrecruzamientos. El hermano y el padre se tuvieron que internar, por problemas de glucosa e hipotermia, respectivamente. Estamos hablando de una corporación. No es lo mismo un día nuestro que un día de ellos.

Ni la policía ni nadie demostró lo que te estoy diciendo: Nosotros, y en cinco meses. Sin esta investigación, hubiera salido que mataron a un negrito de Tartagal. Hoy está claro que la Policía y la justicia están encubriendo a la empresa.

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