El sommelier de la muerte

En la discusión sobre qué carajo hacer con nuestras vidas, caímos en la duda de qué hacer cuando se acaben. Empezamos a planear el futuro y caímos en una búsqueda precisa de nichos y de sarcófagos. Pero el destino lo encontramos donde menos lo esperábamos: velatorios online, la experiencia del futuro.

Ya lo dije, la muerte es empleo. No descubrimos nada: desde tiempos inmemoriales existen personas que ocupan su tiempo en distintas etapas del deceso de un ser humano, viven y trabajan de eso. Pero ésta es una experiencia capitalista. Digamos: lucrar con la muerte.
La mayoría de los servicios fúnebres en Capital se ofrecen entre Villa Crespo, Paternal y Chacarita. El cementerio de este barrio es el más grande del país, siendo ampliado en más de una oportunidad (muy antigua) por pestes y epidemias. Hoy sigue ampliándose, claro, la gente va a continuar muriéndose hasta el fin de los días, pero la diferencia entre el lugar, la forma, la estética tiene su precio.
Tanto las cenizas como los “restos” pueden quedar en Chacarita. El jardín se divide por filas, primera, segunda, tercera y hasta la sexta, y sus aranceles varían: no sé por qué las del medio son las mejores valuadas.
Luego hay “nichos para urnas de varios restos”, en caso de compartir. Con familiares o extraños (ay!). Los precios son parecidos, la diferencia, no sé.
Pero hay también variedad en cruces (eucarística o simple), que hacen a los monumentos de cada sepultura. O puede ser “lápida” o “tipo capilla”, a gusto del consumidor. El cementerio se reserva también una especie de “seguro” en caso de “reconstrucción o traslado de monumentos” y ¡también! por aquellas construcciones “no encuadradadas en los tipos descriptos precedentemente”. O sea, por cualquier inconveniente te cobran.
El servicio puede contratarse directo al cementerio o, generalmente, intermediando una empresa de servicios fúnebres. Ofrecen desde ese nicho y sus variedades hasta el remís que te lleva hasta el cementerio. La ambulancia, el ataúd, el traslado del ataúd, tu traslado hasta el ataúd. El trámite del registro civil y hasta opción de “retocar” el cuerpo (ay!).
Salas velatorias, ese lugar donde se vela al muerto por horas o hasta días, las hay más coquetas y menos, más cómodas y más ligeras, más cerca y más lejos de tu casa, o de Chacarita. Se cobra por horas, medio día, día. Y el horario se cumple a rajatabla: ¡la gente no para de morir!
Pero esto sigue. Todavía no hablamos del número final. Todo el circuito mortal se ofrece “tipo pack” en estas empresas fúnebres, teniendo una modalidad más estándar, y escalando en tarifas.
Comparando, alrededor de 4800 pesos sale el “nicho simple” + la ambulancia “para retirarlo” (sic el recepcionista de Servicios Fúnebres Guadalupe) + el ataúd + traslados e impuestos al cementerio. Si va a “nicho anual” los impuestos se pagan directo en Chacarita, sino el servicio de Gaudalupe incluye el compartido por cuatro años (andá a saber el número de fila). O puede ser la “cremación”, un poquito más barata porque no están las cuotas. Si además querés velarlo un tiempo, 900 pesos más.
Todavía, todavía no leíste lo mejor. La frutillita del postre. El más célebre servicio fúnebre de Rosario (así se proclama, no soy –todavía – un sommelier de la muerte) ofrece el VELATORIO ONLINE.
Sí.
“Con cámaras estratégicas ubicadas en la sala”, un pariente lejano puede llorar del otro lado del monitor. Y hasta emitir mensajes “privados” de condolencia a los familiares.
Todo esto es real, más real que la muerte: http://www.caramuto.com.ar/velatorioonline.html
Hemos llegado lejos. No sé si cobran por este velatorio online, no quiero saber.
Caramuto supera mis expectativas: en su página tiene un foro, y los registrados debaten sobre “Mi experiencia con la muerte”.
No hay chiste para esto, no hay chiste en esta nota.