Transmitir una pasión

Nos metimos en el mundo del periodismo partidario para ver cómo es eso de ponerse el overol para relatar un sentimiento. Para aquellos que cuentan los partidos con el corazón expliquen cómo se hace para cablear, conectar, probar micrófonos, chequear los retornos y encintar cables con los nervios que te comen porque juega tu equipo y porque se viene la transmisión encima.

Imagen: Nos Digital.
La tarde respira verano en este otoño mentiroso y porteño. Los hinchas de las banderas se acercan a paso lento, los socios de las camisetas van llegando en los autos y la hinchada del tablón baja de los colectivos a cataratas. Falta para el partido, falta bastante, casi tres horas. Pero, para ellos, ya es hora. La pelota va a empezar a rodar y, para eso, los micrófonos y consolas tienen que hacerles la previa, preparar el terreno para que la pasión juegue libre entre los corazones del dial.
El overol empieza desde cero: las credenciales de prensa, los permisos para el estacionamiento, las corridas para conseguir todas las acreditaciones. Las transmisiones partidarias no la tienen fácil, no son un multimedio y los clubes se ponen en coquetos: “Acá la tenés que luchar siempre, todos los fines de semana”, dice el Tano, relator de la pasión de sus colores en Sintonía Monumental por AM 690. El tipo está totalmente loco. Se ríe cuando le preguntan si la radio lo ayuda con los gastos, sonríe picaronamente cuando sugieren si la actividad le llena algo del bolsillo, casi se ofende cuando, teniendo en cuenta este marco financiero, alguien supone que sólo hacen los partidos de local: “¡¿Estás loco?! Vamos a todos lados, al interior, al exterior, a dónde el bolsillo nos permita”. “Esto se banca con nuestra guita y por nuestra pasión”, afirma el Tano Santarsiero mientras hace casi todo: cablea, conecta, prueba micrófonos, chequea los retornos, encinta cables, saluda colegas, responde preguntas. Un tipo que no para: “Yo soy nervioso, necesito saber que está todo listo, que la transmisión no va a hacer agua en ninguna parte, es lo que mi cuadro se merece, lo que los oyentes-hinchas merecen escuchar”.
Está todo listo. Los tres bolsos que pesaban un muerto, llenos de consolas y equipos, ya están vacíos, los artefactos conectados y la lengua afilada. Se toma un té de tomillo con canela y miel para la voz profesional y agitada del relator/hincha que lleva bien adentro. Se pone los auriculares. “Dame aire”, se entusiasma el Tano.
“Bienvenutti a tutti”, estalla Santarsiero para abrir la transmisión. Las pasiones se cruzan en ese micrófono: “yo hago esto por los colores y el relato, son mis amores”. También le suma el matiz familiar, la sangre tana que lleva dentro. Mete comentarios en italiano, abre y cierra la transmisión al ritmo de la Tarantella, el tipo le hace honor a su apodo y lo lleva adelante con la tonada inconfundible.
“La premisa es relatar con el corazón, identificar al hincha con una transmisión, dar todo para ser los ojos del tipo que siente la camiseta”, resume el Tano.
Por su parte, Juanchi, el comentarista de la transmi, cuenta: “Si bien yo soy colombiano e hincha de un equipo de allí es imposible no encariñarse con este equipo, al cual uno sigue. También con su gente y la camiseta”.
El partido empieza, las banderas endulzan la vista y el relato los oídos. Son hinchas apasionados, disfrutan de relatar, de putear, de protestar, de elogiar. Están sentados, tienen auriculares y un micrófono en la mano, pero son los mismos hinchas que a lo lejos saltan en un tablón.
De repente, el micrófono del sonido ambiente se desconecta. Así no se puede seguir. Si no se escucha la hinchada es casi como si no se escuchara el relato. El Tano frena todo y le da el pase a Juanchi haciéndole la seña de que estire el comentario. Salta los asientos y las mesas de prensa y se abalanza sobre el micrófono de ambiente. Rompe la cinta sin delicadeza, lo conecta y lo golpea tres veces. PAC, PAC, PAC. El ruido se oye en toda la transmisión. El pulgar arriba del comentarista le da el OK y el tipo, siempre corriendo, vuelve al micrófono. “Ahora sí, con el canto de la gente sí, sino no se puede hacer esto. Miren lo hermoso de esas voces, escuche, escuche lo que verdaderamente importa”. La hinchada explota y el flaco Santarsiero mira y sonríe.

Ya pasaron los goles, pasaron los gritos. Pasó la victoria, las puteadas al árbitro. Todo eso pasó. Incluso terminó el partido. La gente también se iba de la cancha. Estaba todo terminado. El sector de prensa se desagotaba, la gente corría hacia los vestuarios, las salas de prensa o a las redacciones. Se metía la muchedumbre en cada una de las salidas para volver a casa.
El micrófono seguía encendido. La voz seguía hablando. La transmisión estaba viva. El trabajo no termina para los que relatan con el corazón. Son los primeros en venir, los últimos en salir. Será porque se sienten en su casa entre esas tribunas.
“Terminar una transmisión siempre te da felicidad, de saber que diste todo, que salió todo bien, que lo viviste como un hincha”.
La pregunta era cantada: ¿Puede alguien sentir la misma pasión que vos pero por otros colores?
“Cuando vos no te podés sacar algo de la cabeza y vivís pensando eso, cuando hay algo que te marca el ritmo de tu existencia; eso es la pasión. Yo siento pasión por estos colores, por el relato, por mis hijos. Toda la vida pensé que el amor a mi equipo era distinto a todos, pero porque es el amor que siempre sentí. Yo dejé todos mis ahorros en esto, en esta pasión, yo pensaba que era único. Pero, una vuelta, en una cena en lo de un amigo, donde había hinchas de muchos cuadros, que eran fanáticos en serio, luego de discutir toda la noche para ver quien era el equipo más grande, después de gritar, pelear y putear, llegué a la conclusión de que la locura es una sola, el amor también. La pasión es única, lo que cambian son los colores. Aunque mi equipo sea el más grande, je”.
Así es el fútbol y las transmisiones que se generan alrededor de la pelota: pasión de todas y cada una de las multitudes, de cada corazón atravesado por una bandera.
Los colores son muchos, la pasión es una.

*Muchas gracias a los amigos de Sintonía Monumental que abrieron sus puertas para mostrarnos cómo se vive una transmisión partidaria y para demostrarnos que la pasión, cuando es pasión, no depende de la bandera. Podés visitarlos y conocer lo que hacen en http://sintoniamonumental.blogspot.com.ar/