Peligros de una Historia

La destrucción llevada a cabo por el neoliberalismo en la década de los 90, no fue sino la consumación de una larga metástasis iniciada veinte años atrás. La Historia, como disciplina, no estuvo afuera de esta tragedia mundial. Con la caída del Muro de Berlín, algunos proclamaron el fin de la Historia: muerta la URSS, el capitalismo reinaría por siempre, así que la Historia como análisis del pasado para entender y transformar el presente, carecería de sentido, dado que el hoy, el mañana y el infinito ya serían el mismo.

Pese al anhelo de estos personajes la disciplina sobrevivió pero golpeada, influida por estas corrientes derrotistas y liberales: “El signo de los tiempos que corren postula la crisis de la ideologías en función de un discurso incoloro, inodoro e insípido (…) Sin embargo, esta muerte de los paradigmas, sentenciada desde el discurso dominante, no nos deja sin marco de referencia. Vivimos inmersos en el paradigma del no paradigma, la ideología de la no ideología, la política de la no política. Pero ese discurso no es anónimo, tiene un nombre de pila: se llama Neoliberalismo”[1].

Ya no se aceptan los estudios sobre los modos de producción, cambios de larga duración, emergencia y derrumbes de sistemas socio-económicos, la lucha de clases, etc.La Historia, se pretendió, debía abandonar todos sus conceptos científicos, el análisis de las estructuras, de la agencia, esas claves para entender las falencias o las causas del hoy. Así, pasamos de las discusiones de qué sistema económico imperaba en las colonias americanas a estudiar el rol de los comerciantes del sur de Italia enla Revoluciónde Mayo; de la participación de los esclavos en los ejércitos bolivarianos, a si hubo o no mercaderes cuentapropistas en el antiguo Imperio Mexica.

Entonces, todo se ha convertido en variable, el pasado puede ser visto de infinitos ángulos: la Historiapasa nuevamente al ámbito filosófico, un mero subjetivismo. Pero este “relativismo, curiosamente, no refuta cualquier tipo de verdad, sino que ataca con especial énfasis una forma específica y determinada: la que surge del compromiso”[2].

La clave será recobrar –y como efectivamente está sucediendo- el viejo vigor que hacía dela Historiaesa arma para disparar contra las injusticias contemporáneas. Porque de eso se trata al fin y al cabo, preguntarse qué ha pasado ayer para responder cómo lo solucionaremos mañana.



[1] Rodriguez, Sebastián, “Ensayo historiográfico: modos de producción en América Latina: anatomía de un debate en el espejo de la academia contemporánea” en Periferias, N°15, Diciembre 2007, pp. 86.

[2] Idem Rodriguez, Sebastián, pp. 86.