La gran rebelión de Pontiac

Última entrega de Revoluciones en la preindependencia americana. Desde las actuales Bolivia –Democracia antes que independencia– y México – El retorno del Rey– vimos diferentes proyectos de autodeterminación. Ahora, en el final de esta trilogía, nos movemos a la región de Los Grandes Lagos, al norte de Estados Unidos, en uno de los movimientos más exitosos en la lucha de los nativos por gobernar su territorio. Así se revela que no solo la Revolución Francesa o de las ideas de libertad de Rosseau o Montesquieu, eran las únicas experiencias que se nutrieron los movimientos revolucionarios y sus actores; los americanos bien tenían puertas adentros una historia colectiva de conflictos frente al dominio colonial.

“Nuestro principio fundamental es este: no es crimen en estafar o robar a un indio. Tampoco el matar a los salvajes y quedarse con sus pertenencias. Mientras viviesen como bestias, morirían como bestias”. Esta imponente descripción  salió publicada en Inglaterra en 1783, dentro de una tragedia titulada Ponteach o los Salvajes de Norteamérica. Así los ingleses veían a los locales y así los trataban, por ello no se entendieron la posibilidad de la gran rebelión de Pontiac. La que de1763 a 1765 iba a sacudir el norte de los actuales Estados Unidos y pondría en duda la capacidad europea de dominar a las sociedades nativas. Adelantaremos el final: se llegaron a entregar mantas infestadas con viruela para poder quebrar la resistencia del rival…

Pero esta historia comienza en 1760, con la derrota francesa frente a Reino Unido, despachando a los primeros del norte. En un abrir y cerrar de ojos, miles y miles de colonos comenzarían a llegar a la región de Ohio apropiándose de territorios ya ocupados por los nativos con total apoyo de los soldados victoriosos ingleses, que ahora tenían como función propagar los asentamientos para hacer efectivo el dominio dela Coronasobre su nueva conquista.

Los pueblos indígenas estaban fuertemente desmoralizados. Ellos habían colaborado con los franceses durante el conflicto armado y ante la derrota sus mayores temores se hacían realidad: sus terrenos, sus pastos, sus lagos, es decir, sus fuentes de subsistencia eran tomadas una a una por el enemigo. Pero lejos de quedarse pasivos ante lo que parecía un catastrófico futuro, tanto los pueblos Sénecas como los Ottawas enviaron mensajeros para conformar una confederación ofensiva que expulsase a los blancos que osaban avanzar contra ellos. Así que para mayo de 1763 los Delawere, los Wyandot, los Seneca, los Shawnee, los Munsee, liderados por Pontiac, jefe Ottawa, libraron su primera batalla, atacando el Fuerte Detroit. Impávidos los europeos resistían asediados sin poder más que defenderse murallas adentro.

Y entonces el rumor empezó a correr: en las Montañas Apalaches, una liga nativa estaba guerreando por ganar su libertad. Y no solo eso, ataque que realizaban, fuerte que caía en sus manos: Le Beuf, Presqu’Isle, Venango, Michilimackinac no habían resistido al embate de los pieles rojas. Mientras tanto, miles y miles de colonos huían, y si no lo hacían, se los obligaba a desaparecer de la zona. La región de Ottawa y su vecina Pennsylvania, vivían una insurrección indígena tratando de emular esta gesta inicial.

Pontiac, ¿quién era este líder que estaba llevando a la derrota a los británicos?: Jefe de los Ottawas, decía haber visto al Señor de la Vida quien le ordenó recuperar las tierras que les habían sido concedidas desde los inicios, despidiendo a los intrusos. Incluso afirmaba qué el Señor los acompañaba en la batalla y los hacía imbatibles. Si alguno llegó a dudar, al calor de las luchas tuvo que empezar a creer. Tanta fue su fama que los ingleses prometieron doscientas libras –fabulosa suma para la época- por su cabeza. Nadie pudo lograrlo.

La contraofensiva iba a llegar. En Pennsylvania se inició la represión contra los sublevados y de allí, hacia Ohio. Mientras tanto, la victoria de Pontiac y su dominio faltaba poco para coronarse Los fuertes Detroit y Pitt estaban sitiados y con ellos caería todo poder europeo.

Si por las armas no lograban vencer, los ingleses tenían una nueva táctica: la viruela. El General Amherst propuso desplegar mantas infestadas de viruela en el Fuerte Pitt. La única forma de ganar era matando a cada uno de los sublevados, fuesen o no soldados.

Poco a poco la brutal enfermedad fue conquistando su éxito. Tanto guerreros como mujeres y niños eran víctimas de tal suerte. Tratándose de una enfermedad novedosa en la zona, los locales no tenían forma de defenderse. Así la guerra se convirtió en total. Los blancos volvían a la carga.

Entre 1764 y 1765 decayeron las fuerzas insurrectas de Pontiac, tanto su número como su moral. No era fácil luchar mientras en sus tierras caían enfermos los seres queridos hasta morir.

En agosto de 1765 se firmaría la Paz de Oswego, donde Pontiac y los generales ingleses llegaron a un acuerdo. Las tierras nativas serían respetadas al oeste de los Apalaches –cosa que posteriormente no sería cumplida- y se aprobaríala Declaración de Derechos Indios.

Pontiac iba a morir tres años más tarde, a manos de un mercenario nativo enviado por los ingleses. Más allá del resultado final, su ejemplo guiaría los siguientes levantamientos en la región por la defensa de su tierra ante el avance colonial.

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