La chiringa roja de Cabuia

Cabuia es un colectivo teatral formado en 2009 que se armó con el aporte de artistas algo nómades que encontraron en Argentina un buen lugar para sentar bases, impartir clases y hacer lo que aman a fuerza convicción, trabajo y ganas: actuar. Se suman al folclore bohemio y sensible de Boedo con “Soledad o el fin de los medios”, una obra basada en una historia real: la recordada muerte de la anarquista María Soledad Rosas.

Foto: Nos Digital.



En Boedo, quienes dan vida al número 28 de la calle Maza reparten experiencia, humildad y mates con yerba sin polvo, mientras hablan de su primera obra: “Soledad o el fin de los medios”, basada en la historia de María Soledad Rosas, la joven argentina acusada de ecoterrorismo en la Italia de los noventa, que puso fin a su vida mientras cumplía prisión domiciliaria en el Piamonte, luego de que su novio eligiera el mismo destino.

Cuando Pablo Andrés López, uno de los fundadores del colectivo Cabuia (la puertorriqueña Natalí Gaskins Rosado es la otra pata original), leyó “Amor y anarquía”, de Martín Caparrós, algo le quedó flotando en el cuerpo. Fue durante mucho tiempo, y sigue siendo, uno de esos libros que no para de prestar o recomendar. El resto del colectivo (Ulises Levanavicius, Samuel Olivares, el mago de las máscaras Alfredo Iriarte y algunos cuantos más) venía buscando una historia real que montar. Pablo la propuso, la idea prendió y fin. Eso bastó.

“Esta no es la historia de María Soledad Rosas. Estos no son sus padres, ni aquéllos son sus amigos”. La primera oración de la obra es una declaración de principios, un escudo quizás. Deja en claro lo que no pretende ser, toma distancia de la realidad más tangible, personal e íntima de la historia de la licenciada en administración hotelera que se suicidó (eso dice la versión más difundida) en 1998. Descarta las certezas, pero guarda para sí (y para el público, por supuesto) lo humano y lo universal del relato. “Esto no es una pipa”, pintó René Magritte, hace más de ochenta años, sobre el dibujo de una pipa. Pero sí lo era. O algo así.
De aquí en más, con el problema de la representación versus lo representado de fondo y mientras dure la puesta, Soledad Rosas se llamará Soledad Robles. Sobre todo, por respeto.

-¿Por qué la decisión de cambiar el apellido de Soledad, pero mantener su nombre de pila?
-Natalí: Es muy delicado, se discutió meses. El libro toma posturas muy particulares sobre la familia, que nosotros no tomamos en la obra. Fue una decisión no hacer una reproducción arqueológica del hecho. Es contar lo que te pudo haber pasado a vos, a mí. Llamamos a Caparrós para ver qué creía. Nos dio ánimo, nos dijo que esta historia ya es de todos los argentinos, que era digna de contar y que por favor lo hagamos.
-Ulises: Así como Soledad, hay otros tantos.
-Pablo: Cambiar el nombre es cambiarla a ella, pero cambiar el apellido es un gesto a la familia. Es como decir: nosotros no los entendemos a ustedes, su drama familiar. Es simplemente un juego nuestro, una forma de decir sí, pero no. No creo que hayamos resuelto el problema. Agarrar el hecho real se nos escapaba, tendríamos que hacer una investigación mucho más grande y no estamos a la altura.
-Samuel: Cuando le cambiamos el apellido sentimos alivio, tuvimos más de libertad para crear.
-Pablo: Creo que cada paso que dimos fuera de la historia, nos hizo ganar. Quizás podíamos haber cambiado todo, pero también hay algo lindo en que la gente salga de la obra y busque quién fue Soledad.

-¿Hablaron con su familia?

Gentileza de Cabuia Teatro

-Natalí: Yo quería llamarlos y decirles que estábamos tomando la vida de Soledad como punto de partida, pero cuando hablamos con Caparrós, nos dijo que había perdido contacto con ellos y finalmente no conseguimos el número.

-¿Venían con ganas de trabajar una historia real?
-Pablo: Nos gusta trabajar con obras épicas, más tirando a Shakespeare, a Brecht. Esta es la primera de una serie de historias latinoamericanas que queremos contar.
-Samuel: Yo soy chileno y quiero hacer la vida de Víctor Jara en base a un libro de su mujer, en donde cuenta cómo se tuvo que exiliar durante la dictadura después de ver a su marido masacrado.
-Natalí: Y hay dos ideas más. Una sobre la guerra del Paraguay, y otra relacionada a una isla de Puerto Rico, que se llama Vieques. Vieques estuvo ocupada por 40 años por la marina de Estados Unidos. Todo el arsenal que usaron en Vietnam, se probó allí primero. Tiene una tasa se cáncer altísima. Hace como ocho años, la Marina mató a un local y la gente finalmente la echó. Esta historia estaría narrada desde la óptica de una prostituta retirada. Es una comedia muy realismo mágico. Todos estos relatos tienen mucha vigencia. Uno puede pensar en los movimientos de Chile, en los indignados… Sin querer que sean historias políticas y sociales, lo son, porque el ser humano lo es.
-Pablo: Son historias que se repiten. Empezamos el proceso hace un año y medio y nada tenía que ver con los indignados. Ahora, cuando hicimos el preestreno, fue imposible ignorarlo. Sería interesante ir ahora a Europa con la obra. Y si seguimos montando estas historias, nos va a pasar una y otra vez.

-¿Qué significa Cabuia?
-Natalí: En mi país es el hilo de la chiringa (barrilete), un piolín de algodón, blanco, común. Allá hay toda una tradición de juego con eso. Entonces empezamos a buscar todo un mundo poético a partir del hilo: conecta el cielo y la tierra, une dos cosas… Al fin de cuentas te amarra la pizza, te ayuda a colgar la ropa. Es súper banal, pero increíblemente bello. Se escribe con y griega en realidad. Pero como acá se pronuncia sh, le pusimos la i latina.
-Pablo: Además es lindo ver la u, la i y la a juntas. Es agradable.

-En la obra, en un momento cuelgan una imagen con una nena sosteniendo un globo en el aire, ¿tiene algo que ver?
-Natalí: Puede ser que haya algo de eso, pero también en el proceso de investigación hubo un artista que influyó desde muy temprano, bastante conocido, inglés: Bansky. El personaje del pintor, Silvano, fue inspirado en Bansky. Y ese dibujo de la niñita con el globo está en la pared de la Franja de Gaza que divide las casas de los ricos de Israel, frente a la playa, con Palestina. Bansky intervino ese muro con la imagen de la niña.
-Pablo: Después vinieron los palestinos y le dijeron a Bansky que no transforme una pared que para ellos era fea en algo lindo. En algún momento, dijimos: Silvano es Bansky de alguna forma.

-¿Cómo se conocen entre ustedes y por qué se instalan en Buenos Aires?
-Natalí: Pablo y yo nos conocimos estudiando en Londres, en LISPA (London International School of Performing Arts). Armamos un grupo y cuando se acabó la escuela, quisimos seguir. Había una alemana, una italiana, una estadounidense… Pablo consiguió una casa acá y, al final, llegué yo sola. El resto ayudó desde afuera. Siempre ese grupo está coqueteando con venir pero la vida es difícil, los teatreros somos muy pobres.
-Pablo: Buenos Aires era barato. Era caro llegar pero, en ese momento, era económico vivir. Queríamos crear un lugar donde la gente de afuera pudiera venir y crear como nosotros estamos acostumbrados, muchas horas. Si bien no es tan barato ahora, con la crisis europea volvió a ser un buen lugar.
-Ulises: A Pablo lo conocí en un encuentro de antropología teatral en Humahuaca, en 2002. Cuando volvieron de Inglaterra, me invitaron a formar parte de Cabuia. Ahí empezamos y no paramos.
-Pablo: Tardamos un año en limpiar, en armar el espacio, juntar palos, libros de arte, comprar máscaras. Desde que llegó Ulises la compañía empezó de otra forma, logró ser lo que es ahora.
-Samuel: Yo soy chileno y me vine a estudiar música a Argentina porque allí es muy caro. Cuando llegué me di cuenta de que había mucho teatro, algo que en Chile no se ve, entonces entré como alumno de la escuela. Entendí que hay mucha música en el teatro, que existe una danza entre actores y música que hay que investigar constantemente.

-¿Cómo se pasa del rol de alumno a la autogestión?

Gentileza de Caburia Teatro

-Natalí: venimos de una escuela que te da posibilidades, herramientas. Te entrega, te entrega, te entrega y te deja solo. Ahora vayan ustedes a crear algo. A nosotros nos interesa que la no esté en una escuela perpetuamente. Que entienda qué funciona y qué no, qué elementos se tiran, se jalan. De alguna manera hemos sido afortunados de entrar en instancias pedagógicas que nos han dado mucho poder, libertad creativa, sin seguir un director o una disciplina fija.
-Uno de los miembros de Cabuia, Graciela Orfeo, la tiene muy clara con el método Feldenkrais, ¿qué es y para qué lo usan?
-Pablo: Cuando uno es niño aprende a moverse, va descubriendo. Lo que hace el método es invitarte a re-aprender, porque a veces quizás hay algo que se salteó o, lo que es más común, se cerró por cuestiones emocionales o físicas. La invitación es a ganar posibilidades, a que el sistema nervioso, el cuerpo, diga: ¡Guau!, tengo todo esto para usar en escena, porque uno ya fue fuego, agua, un Van Gogh. Lo físico es una barrera que necesita de otro espacio, aparte del teatral, para desarrollarse.
-Natalí: Es nuestro entrenamiento fijo, sin falta. En Europa, en las compañías más conocidas, Feldenkrais o el método Alexander son pilas.

-Pero al momento de actuar no se es consciente de que en tal momento específico uno está usando Feldenkrais, ¿o sí?
-Natalí: No. El trabajo que hacemos es muy técnico, pero la técnica no se debe ver. Ella viene a asistirte. Sirve para que yo pueda estar ahí, en comunión con lo que pasa.
-Hay momentos en “Soledad o el fin…” en que los personajes miran hacia el frente, pero hablan con otro actor. ¿Por qué tomaron esa decisión?
-Ulises: Cuando voy al teatro, no voy a ver una reproducción de la vida cotidiana. Voy a buscar algo que me mueva, que me genere. Si se cierra todo, hay como una cuarta pared, queda muy mezquino todo, lo hago sólo para mí.
-Pablo: No se trata de que el drama le llegue a los actores, sino al público. Uno puede estar llorando en el piso, destrozado, y la gente puede estar en una pecera. O al revés. Pero el público no puede recibir todo, tiene que recibir algo claro, lo más puro.
-Natalí: El talón del Aquiles del teatro es cómo escaparle al naturalismo. Vos te emocionás conmigo porque yo te doy algo. Uno cuando tiene miedo se protege los órganos, se esconde, se cuida, se tapa. Y en escena, si uno quita los órganos del juego, es más vago para el que mira, hay algo que te guardas para vos, que no sale.
-Pablo: El público se entrega si confía en que vas a hacer algo bueno. Es como una pareja: uno se entrega porque confía. Y para poder confiar, ellos tienen que sentir que todo está ahí, que no hay nada oculto.

-En su sitio de internet se menciona mucho el concepto “teatro accesible para todos”, ¿qué características tiene un teatro así, según su opinión?

Foto: Nos Digital.

-Natalí: Para mí, un teatro accesible para todos es un teatro que afecte al público. Que no importa si eres de Argentina, Chile, o Rusia, algo te mueva. Que el público no salga impune. En Puerto Rico la gente no va al teatro porque hacemos un teatro malísimo, aburrido. Y la gente dejó de ir al teatro.
-Samuel: Que podamos llevar una obra a la cárcel y que la entiendan. A la gente careta, y que también la entiendan…
-Ulises: Lo ideal es salir con el teatro, ir de ciudad en ciudad, hacer que empiece a tener eso que tenía. Si bien en Buenos Aires hay mucho, se convirtió como en una moda.
-Pablo: Hay un fenómeno interesante que es que la gente va al teatro y uno le pregunta “¿Qué te pareció?” y dice “Yo de esto no sé”. El público sí sabe: fue aburrido, fue duro. Por lo general, lo que el público dice que falla en una obra, es lo que realmente falla. Esta obra está logrando que venga el padre con el joven y el abuelo, y que no esté uno acompañando al otro.

“El mundo es un tomate demasiado maduro, a punto en deshacerse en chorros rojos”, escribió Caparrós en “Amor y anarquía”. En esta oportunidad, Cabuia toma ese tomate y, en lugar de estrujarlo, le dibuja corazoncitos.

“Soledad o el fin de los medios” se puede ver todos los sábados en el teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549, esquina Corrientes), a las 22.30. Actores y creadores: Ana Lucía Porta, Guillermo Gallegos, María del Valle Pereira, Natalí Gaskins Rosado, Otti Salas, Samuel Olivares, Ulises Levanavicius, Pablo Andrés López. Colaboradores: Arturo Gaskins, Joel E. Guzmán, Fernando Sucari.