“En el fútbol argentino falta conciencia social”

Rubén Rossi fue campeón mundial juvenil en Japón en 1979, mientras el Gordo Muñoz y los milicos aprovechaban ese triunfo para tapar la visita de la Comisión Internacional de Derechos Humanos. “Causa mucho dolor cuando te das cuenta que te usaron para tapar tanta desgracia, tanta mentira”, dice hoy Rossi desde su puesto de coordinador de Inferiores en Colón, donde trata de formar a los pibes no sólo con la pelota, para que no sufran lo que vivió él. “Hay que estudiar por si te va bien y así algún día podés decir cosas importantes y no las estupideces que uno escucha todos los días”, explica.

¿Qué sintió un chico de 18 años al momento de ser campeón mundial juvenil en plena dictadura? ¿Qué le pasó por su cabeza años más tarde cuando se dio cuenta que fue utilizado? Ruben Rossi transitó por el sabor inconfundible de la victoria en 1979 y se despertó con dolor cuando se dio cuenta que había sido “parte de la escenografía” para tapar lo que ocurría en el país. Hoy, como coordinador de las inferiores de Colón, luego de escribir una columna para la Secretaría de Deportes de la Nación en el aniversario al Golpe, recuerda su pasado en el que careció de conciencia social, a la que también vincula con el fútbol actual, opina sobre una mirada en la que vincula a la pelota con la vida y afirma que los juveniles deben estudiar por si les va bien en el fútbol, no al revés. “Ellos son los que dan el mensaje”, dice.

Un campeón utilizado

-Te digo 24 de marzo de 1976. ¿Qué pensás?
-Tenía 15 años y todavía no jugaba al fútbol. No tenía ni militancia ni conciencia política ni nada que se le pareciera. Tomé el golpe militar como algo cotidiano porque los argentinos nos estábamos acostumbrando a que cuando un gobierno no le gustaba a cuatro personas se fueran a volcar los cuarteles.

-¿Y si te digo 7 de septiembre de 1979?
-Es el día que fuimos campeones del Mundial en Japón. Pienso en la sensación de haber sido un pequeño tornillo dentro de una gran maquinaria que fue ese equipo que hizo disfrutar a la gente con un fútbol bien representativo, con los principios y los genes del viejo y querido fútbol argentino.

¿Cómo es que esos dos hechos, el golpe y la coronación, se relacionen?
-Es doloroso. Es realmente doloroso. Apenas salimos campeones, mientras mi madre almorzaba con Mirtha Legrand y disfrutaba de esos encantos, que bien merecidos los tenía, había otro grupo de madres que querían simplemente saber dónde estaban sus hijos. Causa mucho dolor cuando te das cuenta que te usaron para tapar tanta desgracia, tanta mentira. Si yo hubiese tenido otra conciencia social, otra formación política o mi forma de ver el mundo actual, a lo mejor mi mama hubiese estado en el otro lugar.

-¿Cuándo hiciste el click?
-Lo empecé a hacer a partir de investigaciones y la lectura. Ese es mi hobbie, lo que más me gusta en la vida junto con estar en el mundo del fútbol. Ahí me dí cuenta cómo se nos utilizó y sentí miedo.

-¿Cómo es acordarte de las visitas a Videla en la Casa Rosada?
-A nosotros nadie nos preguntó si queríamos ir. Nos subieron a un helicóptero y nos dijeron “van a la Casa de Gobierno” y fuimos. Nadie nos preguntó: ‘¿quieren ser paseados por estos lugares?’ Nos pasearon, directamente. Con el tiempo empecé a sentir que sin querer habíamos estado dentro de un lugar muy feo, muy sucio y recóndito. Fuimos la escenografía perfecta para tapar reclamos y otro tipo de cuestiones que se daban en el país.

-¿Se supera algún día esa sensación de dolor?
-Es una situación complicada. Hay gente que nos pone en un lugar militarista por haber sido campeones y si me conocieran profundamente se darían cuenta de que soy todo lo contrario. Para mí fue una dualidad haber formado parte de ese equipo. Por un lado, sigue siendo el mejor recuerdo deportivo que tengo. Y por otro lado, que se dio en la noche negra, en medio de la dictadura militar. También soy conciente de que la dictadura militar no se hace con once jovencitos ganando un Mundial y un General. Acá hubo mucha gente de otro lugar que colaboró para que eso ocurra.

La conciencia social y la formación juvenil

-¿Qué es la conciencia social para vos?
-Es tener una participación activa en todo lo que sucede en el día a día. En cada cosa que uno hace, hace política. En la forma de vivir, en su forma de expresarse, en su forma de sentir. La manera de que uno adquiere conciencia social es cuando empieza a pensar como una parte de la Sociedad.

-¿Falta conciencia social en el fútbol?
-Por supuesto. Esa es una de las razones por las que se juega mal. La conciencia social tiene que ver con edificar una sociedad futbolística que respete los valores, los principios y la ética. Y ahora están todos desesperados por si ganaste o perdiste. Ya no importan los medios y las formas. Ganar es importante de acuerdo a la manera en la que se consigue y eso hay que tratar de devolverle al fútbol argentino.

-¿La falta de conciencia social se observa también en Inferiores?
-Cuando en las divisiones juveniles de Barcelona se preocupaban por aprender a jugar, acá la preocupación era ganar el campeonatito de octava o séptima que no le importan a absolutamente a nadie. Dicen que así se sacan jugadores ganadores. No sé, no los entiendo. Yo ni siquiera jugué en Inferiores y fui campeón del mundo. ¿Y los ganadores dónde estaban?

-¿Cuán importante es el estudio de los chicos?
-Es importante. Pero no desde la estupidez y demagogia esa de que “hay que estudiar por si te va mal en el fútbol”. Hay que estudiar por si te va bien y así algún día podés decir cosas importantes y no las estupideces que uno escucha todos los días. Te doy un ejemplo: de Fuerte Apache llegó Carlitos Tevez y después empezaron a jugar 5 mil pibes, silenciosos que nadie escucha. Pero cuando habla Tevez todo el mundo lo escucha. Entonces el mensaje más importante es del conocido. Ese mensaje tiene que servir para algo. Aclaración: te nombro a Tevez, que me parece un tipo sensacional, sólo por dar un ejemplo.

-La sensación es que cada vez llegan menos formados
-Desde nuestro lugar tenemos que ayudar al chico a pensar, a darse cuenta en qué sociedad vive, a hacerle entender que lo más importante en la vida no es tener el auto último modelo, ni un reloj de marca ni andar con la botinera de fama. Porque eso es efímero y cuando pasa el tiempo no se acuerda nadie. Lo más importante es la huella que uno va a dejar en alguien porque fue importante para una persona en su vida. Después, como decía Soriano, “el fútbol es dibujitos animados para grandes”.

-¿Se los apura demasiado a los chicos?
-Imagine que vayamos a la facultad de medicina a buscar médicos, los llevamos al hospital y les decimos “hay que operar”. No sé cómo van a operar si están estudiando. Esto es lo mismo con los chicos. Los quieren tratar como profesionales pero son chicos que empiezan a jugar porque se divierten. Creerse que un pibe va a ganar por ser campeón en la novena, es estar totalmente desquiciado.

El fútbol de izquierda y el Mundial de 1986

-¿Hay un fútbol de izquierda?
-Cuando digo eso me refiero a la izquierda romántica, la que soñó con un mundo mejor, más igualitario.

-¿El Barcelona es la expresión total de eso?
-Ese equipo terminó con todas las estupideces que se dicen normalmente. Se habla de jugar lindo o no. Yo pregunto quién juega lindo. Ninguno juega lindo. Sí bien. Ni Picasso pintaba por pintar lindo, ni García Márquez escribió Cien años de soledad por escribir lindo. Pintan, escriben y juegan al fútbol, tan pero tan bien, que por ahí aparece la belleza que sostuvo a este deporte. Guardiola no se propone jugar lindo; se propone jugar bien.

-¿Se trabaja mal en la Argentina?
-Hay una frase de Carlos Peucelle: “el futbol es un futuro trabajo al que se llega jugando y al que se pierde si se empieza trabajando”. Cada día veo más equipos desesperados, hasta en juveniles. Acá se tienen que volver a las raíces de este juego. Marx decía que el problema era quién educa a los educadores. El problema nuestro es quién forma a los formadores. Si nosotros pensamos que este juego es meter un gol en ese rectángulo como sea, no sé, yo lo entendí desde otro lugar.

-Hay quienes sostienen que lo único importante es ganar
-Mirá, de los cinco grandes de la historia del fútbol sólo dos fueron campeones del mundo. Pelé y Maradona. Di Stéfano, Cruyff y Messi no. La Holanda del 74 es más recordada que Italia del 82. Como están las cosas, si ganás sos un genio y si perdés sos un imbécil, por favor terminemos con ese mensaje. La verdad en el fútbol no la tiene nadie, como en ningún orden de la vida. Pero hay mentiras que uno no se puede hacer el tonto y mirar para otro lado.

-Con esa mirada, ¿qué reflexión genera el Mundial de 1986?
-Las cosas se llevan a lugares extremos. Le quieren hacer creer a la gente que esa Selección era Diego y diez estúpidos. Y no fue así. Ese equipo tenía grandísimos jugadores. El mensaje que se dio fue el equivocado. Se dice que ganamos como sea. Pero ese equipo jugaba bien. El mensaje que vino detrás fue que nosotros tenemos que ganar, no importa si jugamos bien, regular o mal. Con el correr del tiempo nos damos cuenta que el Checho Batista habla de una forma de jugar, Valdano también y la mayoría de ese equipo terminó interpretando el fútbol desde otro lugar.

-¿La culpa la tiene el periodismo?
-La noticia es siempre la catástrofe. Una persona roba y sale en todos lados, pero hay miles que tienen conciencia social y trabajan en comedores y no salen en ningún lado. No entiendo. Una parte del periodismo ve con un ojo, el que les conviene a ellos.

-¿Se juega como se vive?
-Se malvive en el fútbol. Hay permanente locura y un estado de estrés absoluto. Los entrenadores duran dos partidos, como si el que viene atrás puede asegurar algo. Pero nadie asegura nada en el fútbol porque los riesgos en este juego existen. Como decía mi padre, si la pelota pudiera hablar los putearía a todos a veces.