Los diez años de la risa

Matemurga cumple una década. Su camino por las rutas de la historia del Teatro Comunitario es una huella difícil de gambetear. También es imposible escaparle a su peso dentro de las comunidades. Villa Crespo está de fiesta. Pasen otro mate.

Fotos: Nos Digital.

Se acerca al micrófono una mujer de blanco, vestida de época y con la cara empolvada. Se aligeran las conversaciones, hasta que comienzan a apagarse los últimos murmullos, como si una sola voz pudiera caber en ese instante. La que habla es Edith Scher, directora del grupo de teatro comunitario Matemurga, y el escenario en el que se para no es de alguna de las salas que abundan en esta ciudad, sino uno montado en una calle de Villa Crespo, por los propios vecinos. Ella y dos integrantes del grupo (los tres caracterizados para representar su obra “Zumba la Risa”), nos recuerdan por qué hoy estamos de fiesta: Matemurga cumple 10 años. Mejor dicho, empieza a cumplirlos, porque su origen se remonta al 18 de agosto de 2002. Pero como ya cuenta con más de 70 integrantes, y somos muchos otros los que los acompañamos, nuestras risas no entran en un solo día de fiesta.

Allá por el 2002, Edith estaba detrás de otro micrófono, el del programa radial “Mate Amargo” -allí ella era columnista-, desde el que lanzó una convocatoria abierta: “Un proyecto teatral de la comunidad para la comunidad, de vecinos para vecinos”. Y es esa la clave que define al movimiento, los integrantes son actores – vecinos, son amateurs y le hacen honor al término, aman lo que hacen. Ojo que, en este caso, vecino nada tiene que ver con cierto discurso de seguridad e individualismo, tal como expresa Edith, “el teatro comunitario, como todo arte que se precie de tal, resignifica palabras, signos, y da batalla en el campo del discurso. El ejemplo que surge más rápidamente para ilustrar esta afirmación, es el modo en que el teatro comunitario vive y da sentido a la palabra ‘vecino’. Cuando cualquier integrante de un grupo de teatro comunitario dice ‘vecinos’, alude –porque su cuerpo y su experiencia grupal lo atestiguan– a personas que construyen e imaginan, que habitan y resemantizan el espacio público, que saben que juntas se cuidan las unas a las otras”. Si algo más define al fenómeno, es el territorio, y el de Matemurga es Villa Crespo, en donde habitan y trabajan desde el 2006, incorporando el arte a la vida del barrio. La convocatoria, siempre abierta y sin restricciones de ningún tipo (más allá de las ganas de crear en forma colectiva), no para de dar resultados: ya son más de 80 las personas que se sumaron, para ejercer su derecho al arte.

Hoy, la calle también se alistó para el festejo, pero no se vistió de última moda ni la decoran las modernas luces led, porque ésta es una fiesta popular, con guirnaldas hechas a mano con mensajes de los vecinos (como “juntos somos más” y “armá amistad”) y una choripaneada que promete. Para donde mires, chicos y chicas jugando, corriendo, y matándose de risa…Pero, ¿cómo? ¿No era que ya no se puede jugar en la calle, y eran otras épocas, y bla bla bla? Nada de eso se ve hoy. Justo cuando muchos se aseguraban un asiento, empezaron los juegos en ronda, con una entrada en calor al ritmo de los versos “¿qué le pasa a mi cuerpo que está tan duro?”. Es que uno de los ejes que atraviesan la propuesta es desdisciplinar el cuerpo, desobedecer su uso cotidiano: “Esto abre la posibilidad de usar el cuerpo de una manera no domesticada. Y esta apertura a la comunidad, una comunidad que se transforma mientras crea, es un modo cultural de cambiar las reglas hegemónicas, reglas que, por cierto, son bastante opresivas”, nos dice Edith. “Zumba la Risa”, la segunda obra de Matemurga, trata justamente sobre estas poses que se imponen e incorporamos hasta dejar de reconocerlas como tales, y retrata una comunidad que perdió la risa genuina, rebelde, disparatada, que poco tiene que ver con la “belleza” y mucho más con la transformación.

Después de la ronda de juegos, llega el turno del tango a cargo del dúo “Pereyra – Mir” y consigue toda la atención de los presentes con “Siga el corso;, y cuando llegan a esa parte que dice “sacate el antifaz, te quiero conocer”, todos sabemos de qué están hablando. Tras el último tema, en respuesta a los aplausos pidiendo “otra”, y una nueva ronda de juegos, se larga la función. Y siga la fiesta, porque hoy todavía está por llegar el concurso de baile, que bajará el telón, sólo por esta noche. La celebración no para y Matemurga seguirá regalando: para este año prepara un libro y una película sobre su historia, además de su tercera obra. Gracias. Pero en esta ronda de mates, sí quiero más.

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