El paraíso del secretario de Medio Ambiente

En Berazategui los vecinos ponen el cuerpo y el alma con tal de que no se instale en plena ciudad una subestación eléctrica. El electromagnetismo que tiene capacidad de emitir, regaría de cáncer todo el barrio. La resistencia ya cumplió ocho años, junto con la negligencia política, la represión policial y el silencio de los medios masivos.

Fotos: Nos Digital.

Esto es raro, pero está ocurriendo. Sí. Créenos. Aunque la tele no lo diga, ni 6, 7, 8, ni Clarín. Esto es la vida real, nada de bipolarización redituable de fantasía. Es raro, bien raro. Existe una ciudad, nada lejos de Plaza de Mayo, que entre sus calles con poco disimulo se erigen vallas de unos tres metros de alto. Custodiadas por Policía Bonaerense solicitan documento para transitar por la vereda. Intimidan. No dejan dormir de noche. Y no permiten el libre tránsito que la Constitución sin matices garantiza.

Pasa en la linda Berazategui, la que quiere contar con una subestación eléctrica en su territorio. Hasta ahí todo bastante bien. La cuestión es dónde la están construyendo: a pocas cuadras del centro, rodeada por casas bajas de familias, algunos comercios y calles y avenidas bien transitadas todos los días. Provista por Edesur, la construcción de la subestación eléctrica Rigolleau está en su fase final.

Habiendo terrenos disponibles alejados de zonas urbanas, se lleva adelante en medio del barrio. Sí, con gente adentro. Se encuentran avanzados los estudios que aseguran los aumentos de las probabilidades de contraer distintos tipos de Cáncer para las personas con exposición a campos electromagnéticos de más de 0,4 micro-tesla (según la Organización mundial para la Salud) cómo los que producirá la Rigolleau de ponerse en marcha.

Berazategui es gobernada por la familia Mussi desde 1987, cuando asumió el doctor Juan José Mussi. Desde el año pasado, su hijo Juan Patricio encabeza la intendencia municipal, ya que su padre tuvo que dejar el cargo para convertirse en el -como si faltaran condimentos a esta historia- secretario de Medio Ambiente de la Nación. La actitud panqueque de la familia los hizo involucrarse con la causa: firmaron un acta de compromiso con los vecinos y utilizaron la lucha contra la subestación como bandera de campaña. ­¿La Presidenta?, derivó a los vecinos con Mussi hijo. Difícil.

Los vecinos están organizados hace ocho años, convencidos en la firme negativa a la puesta en funcionamiento de una máquina generadora de enfermedades mortales en la esquina de sus casas, o con suerte, a unas cuadras. Su resistencia desde el principio hasta hoy sigue siendo el único motivo para que la subestación no esté encendida. El apoyo político no pasa de algunas honestas voluntades que esperan por poder colaborar y muchos –pero muchos- llamados a hacer la vista gorda. Para los medios masivos es un tema tabú. Los propios vecinos lo explican en la voz de Carmen: “Los medios oficialistas no vienen, obviamente. Los no oficialistas de alcance nacional, tampoco, porque Edesur es un anunciante muy importante. Hablo con periodistas amigos que me cuentan que escriben sobre Berazategui, pero no se lo publican. La vez que cortamos la 9 de Julio vino TELEFE a hacernos una nota que solo pasaron en un minuto de aire. Alguna de las veces que nos pegaron, sí apareció algo muy pequeño. Es que la sangre vende. Al final, los únicos que están son medios alternativos”.

El 13 de febrero cerca de las tres de la mañana en las manzanas cercanas a las obras de la Rigoleau se cortó la luz y al rato llegaron varios micros de la Policía Bonaerense. Decenas de efectivos a media madrugada bajaron, marcharon, colocaron vallas y armaron su campamento en la entrada de la subestación, dando a entender que llegaban para quedarse (Ver video). Se apostaron en la misma esquina donde desde hace ocho años los vecinos se reúnen para ver cómo hacerse fuertes contra una empresa privada avasallante, políticos traicioneros, un sistema judicial corrompido y medios de comunicación comprados. Con maderas azules de unos tres metros, reforzadas con vallas metálicas, cortaron varias calles y cercaron varias manzanas, impidiendo el libre tránsito de los ciudadanos. “La valla ya es parte del paisaje –nos cuenta Yamila, vecina de la zona-, no es la primera vez que nos pasa. Ha pasado de tener dos semanas un cordón policial frente a mi hogar. No querer entrar ni salir de casa. Estamos mal acostumbrados a esto. Lo digo y todavía me suena ilógico. Edesur vino y puso una subestación eléctrica en la esquina de mi casa, son ellos lo que se tienen que ir, no yo”. Se apropiaron del espacio público sin orden judicial, regidos por la inconstitucionalidad. Los vecinos están solos, ocultos detrás de las vallas, los policías parecen haberles ganado la calle.

Isabel, una de las asambleístas de primera hora, está convencida que el operativo de desgaste sobre la organización vecinal no va a tener efecto, ”menos ahora que la obra está en el tramo final. El conflicto es poder instalar el problema fuera de la ciudad, a nivel nacional. En el 2005 mientras Néstor Kirchner decía que la defensa de los asambleístas de Gualeguaychú contra Botnia era una política de Estado, a nosotros nos reprimían”. Varias veces como refuerzo policial se hizo presente Gendarmería, por eso los vecinos ya saben que la cuestión también es a nivel del Ejecutivo nacional.

A los vecinos con ganas de resistir se les complican aún más las cosas. Ya los tienen identificados. No los dejan atravesar los cordones de vallas, les toman fotos y les pegan. Sí, así es. Como suena: les pegan cuando ponen el cuerpo –la única herramienta que les queda- para atravesarse en la continuación de la obra. La última vez fue el viernes 3 de marzo. Yamila se acostó frente a un camión que traía material, se metió dentro de los pozos que están en plena avenida para evitar que la obra continúe. La arrastraron, le pegaron y la corrieron. Lo cuenta ella: “El viernes, un grupo de vecinos decidimos meternos adentro de los pozos para que los obreros no puedan trabajar. El acuerdo fue que nosotros nos retirábamos y los obreros se iban a sus casas y así lo fue por algunas horas. Cerca de las dos de la tarde, vemos pasar a los trabajadores dirigiéndose a los pozos de nuevo. Algunos de los vecinos que siempre estamos atentos empezamos a comunicarnos. Nos enteramos que venía un camión de una cementera para tirar material. La idea fue no dejarlo pasar. En diferentes grupos cortamos todos los posibles accesos. Recién a las cinco apareció. A un par de cuadras se subieron dos policías al camión con la orden de ´ pasar o pasar ´. Cuando llegó al lugar, algunos vecinos se tiraron delante del vehículo. La Policía se ocupó de correrlos arrastrándolos y pegándoles. Apenas los levantaron, el camión avanzó y me tiré delante de él. Me agarraron y me pegaron por todos lados entre un montón hasta dejarme tirada en la vereda contra el piso, boca abajo. Se escuchaban gritos por todos lados, logré escaparme corriendo”.

Al otro día, el sábado 4 de marzo, nos acercamos a Berazategui acompañando la bronca de los vecinos en una marcha denunciando la violencia sufrida. En medio de historias como la de una mujer que con dos vallas la aislaron del resto del barrio; de carteles con consignas como “Prohibido el paso a la Policía” o “Desarrollo a cualquier costo es subdesarrollo”; los cantos de “No a la subestación porque te mata, llévensela a Mussi porque la banca”, marcharon por los alrededores de la Subestación. Al acercarse a las vallas se encontraron con los mismos efectivos que un día antes los habían reprimido. Caras de piedra. Sonrisas burlonas. Los policías parecían más preocupados por el asado que iban a comer a la noche. Pasaban caminando con los cajones de madera para hacer el fuego. Los vecinos atrapados entre las vallas denunciaron que a la noche los efectivos de la bonaerense hacen fiestas con música a todo volumen, que igualmente no impide escuchar a las mujeres que llevan a las carpas.

La gente está más fuerte que nunca, el convencimiento, las ganas de seguir viviendo y los atropellos soportados, los han unido más. Y cayendo la tarde, ya camino hacia la plaza donde estaba por arrancar el festival de murgas por el No a subestación, nos cruzamos con Sandra, otra vecina, que concluye categórica: “Aunque Berazategui sea el paraíso del Secretario de Medio Ambiente Juan José Mussi, si logramos sacar a la Policía, nosotros garantizamos que la subestación no se hace, no vamos a dejar que se haga”.

Comments are closed.