Escritor incondicional

Camilo Blajaquis presentó su segundo libro, Crónica de una libertad condicional, en el que narra cómo es su contacto con la vida por fuera de la cárcel. Contando sobre la viuda en el barrio, que él denomina “ghetto”, el escritor saca un nuevo texto que impresiona. A su vez, comenta la incomodidad que le genera que lo sigan pensando, simplemente, como el pibe que saltó de la prisión a la literatura.

Un desafío: el último capítulo del segundo libro de Camilo Blajaquis, Crónica de una libertad condicional, es una entrevista firmada por “¿Todo piola?”, el poeta que tomó su nombre del revolucionario cubano Cienfuegos y el apellido del obrero de Quién mató a Rosendo dice: “Son contadas con una mano las entrevistas que fueron distintas. ¡Todos me preguntaron lo mismo! En todos lados salí diciendo lo mismo. Es el mismo discurso multiplicado mil veces. Porque funciona. Un día mi novia mandó: ‘ya no leo las notas que salen porque siempre dicen lo mismo’. Cuando me tiró eso me quise matar. Se terminó transformando mi discurso en una uniformidad, y no está bueno”. No más “pibe chorro ejemplo” ni “de la cárcel a la literatura”.

“La mayoría de mis composiciones son reacciones instantáneas de mi cuerpo a partir del contacto con la realidad luego del encierro. Es un relato de ese encuentro de mi cuerpo con la calle. Un encuentro donde yo tengo el mismo cuerpo que antes del encierro, pero otro alma, otra conciencia”, condensa para presentar a su libro.

-¿Qué rol juega ahí lo condicional de tu libertad?

-Mi obra hay que situarla en el mundo de la experiencia empírica, nada de cosas ideales, sino cosas que se piensan paralelamente a lo que se vive. Hay que ubicarla donde se merece. Además de lo político hay otras cosas que juegan en el vivir de uno. Yo sigo viviendo y aprendiendo del barrio, del ghetto. Sumado a lo político hay pasiones. De eso habla mi libro, de nosotros, las personas. Parte del nosotros y lo analiza. Después da diagnósticos simples: indiferencia, similitud y poder. Todo es una batalla continua por el poder. Desde una esquina del barrio hasta el congreso: quién es mejor que quién, quién es más bueno que quién, quién gana, quién pierde. “La vida es competencia” es uno de los lemas de lo cotidiano. El arte es político porque también hay de esa competencia, como en todo en la vida.

-Pero a la vez decís que hacés arte, no política, “aunque en realidad eso es un juego, porque el arte es en sí mismo político”.
-No sé cómo sería perfectamente. Lo que quiero decir es que en el acto de creación, el mundo político no debe ser el límite. En algún momento necesito revisar mis propias miserias porque hoy en día lo político está muy contaminado por el ego.

-¿Por eso elegiste recrearte a partir de lo artístico?

-No puedo estar todos los días hablando de política por más profunda que sea.

-Otro capítulo se titula Geometría de los arco iris. Dice: “Geometría de los arco iris/mil colores desparramados/mil espejos despedazados/mil cristales desfragmentados/mil diamantes recuperados/mil textos incinerados/mil ojos enceguecidos/mil piernas adormecidas…
-Es la metáfora del espíritu. Espíritu es el cuerpo. No son dos cosas diferentes. No es como dice la religión sobre el alma. ¿Se puede traspasar en una fórmula geométrica el espíritu del arco iris? ¿Quién puede saber cómo se diseña una estrella, una luna, un mar?
-¿Por eso también despotricás contra la psicología?
-Por eso y por mucho más. (Nota del Redactor: En la cárcel, cuando le llevó una poesía a su psicóloga, ella le dijo: “Muy lindo esto, pero cuando salgas tenés que trabajar. Vos cometiste un delito, tenés que resarcir a la sociedad y la única forma es que te rompas el lomo trabajando. Con esto –por el poema– no resarcís el daño. Esto puede ser muy lindo, un pasatiempo, pero tenés que trabajar. A ver si se te mete en la cabeza…”. Años más tarde, le respondió en versos que la versera era ella: “Va a haber igualdad/el día que la psicología cierre el orto/y acepte que es ficción verdadera/y que no hay inconsciente/ni sucios secretos de nuestra infancia/tenemos síntomas pero son sociales”). La forma en que presenta el psicoanálisis el alma es ya raro: es algo cuadrado, no múltiple; algo que no desea sino que recuerda; algo que no deviene, que será lo que deba ser. Entonces digo: “¿qué onda? Cómo hice yo y otros tantos que pudieron despertar?”. Si fuera por los psicólogos, nadie despertaría. Ellos impiden la emancipación tan necesaria para el cuerpo.

-¿Por qué para el cuerpo?

-Porque es lo que somos.

-¿Sería la emancipación el alma sobre el cuerpo?

-No. Sería otra cosa: la emancipación del alma-cuerpo sobre la resignación, la tristeza y el poder. Alma y cuerpo son la misma persona.

-¿Liberarse del poder en sí o de la opresión del poder sobre uno?

-Del poder. El poder esta en las venas de todos

-Hubo una frase que me llamó mucho la atención viniendo de vos. En “Rítmica laboral diaria” resaltás que te gusta “escribir, vivir para escribir, morir para escribir, resurgir para escribir. ¿Por qué incluís la parte de morir?

-Porque yo ya morí y renací. A los 16 años tenía seis balazos de la policía, me quedaban cinco años de cárcel. Ingresé a un instituto con los clavos en las piernas, en muletas, pesando 50 kilos. Estaba muerto. Si no hubiese sido conciente de que había que morir para renacer hoy mi presente seria una ilusión y no algo tan concreto como lo es.

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