Una década perdida

Corría la madrugada del 29 de diciembre del 2001, cuatro amigos tomaban una cerveza en el minimercado de una estación de servicio en el barrio porteño de Floresta.

Miraban en un canal de noticias las imágenes que mostraban a un policía siendo golpeado por un grupo de manifestantes.

Eran horas difíciles en una Argentina colapsada, con su gente saliendo a las calles.

Días atrás, el famoso “cacerolazo” había dado fin al gobierno del entonces presidente Fernando De La Rua, en una jornada con golpes y muertes por parte de las fuerzas represivas.

Fue entonces cuando estos comentaron lo que la televisión transmitía.

Nunca se imaginaron que el policía, custodio del minimercado, Juan de Dios Velaztiqui, sacaría su arma y dispararía a quemarropa.

Tres de ellos murieron en el acto Maximiliano Tasca de 25 años, Adrián Matassa de 23 y Cristian Gómez, también de 25 años, el restante logró escapar cuando comenzaron los disparos.

Duele saber tanta juventud hecha sangre por un impune gatillo.

A cumplirse diez años de la Masacre de Floresta…

Velaztiqui esta preso. En el 2003 fue condenado a prisión perpetua a causa de los tres asesinatos por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 13.

Tres familias siguen sintiendo la herida de ese hijo que falta. El domingo 18 de este mes, la mamá de Maxi decía en un recital “Nos mantenemos gracias al amor, gracias a los abrazos, a este aplauso…”

No debemos permitirnos olvidar. Contra el gatillo fácil.

Las autoridades hicieron justicia, nosotros hagamos memoria.

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