Repercusiones mediáticas de la primera huelga general argentina

Los medios gráficos nacionales e internacionales de principio de siglo XX hacen eco de las reacciones que provocaron en la sociedad argentina las multitudinarias muestras de descontento proletariado en las principales ciudades industriales y portuarias.

El mes de noviembre de 1902 amaneció con gran agitación, cuando el gremio de panaderos llamó a paro bajo el reclamo de una mejora salarial, la disminución de las largas horas de trabajo y mejores condiciones laborales. La respuesta del gobierno fue bastante clara: una brutal represión. Acto seguido y a modo de solidaridad los obreros portuarios porteños paralizaron sus actividades, originando el cese de las operaciones en el puerto de Buenos Aires, el más importante del país y el motor generador de la mayoría de las ganancias del Estado.

Nuevamente, el gobierno consideró que el mejor modo de solucionar el conflicto era mediante violencia represiva. La sanción de leyes se conformó como el canal para finalizar con la expresión del descontento social. Así, en el Congreso de la Nación se inició el debate para la puesta en rigor de la llamada Ley de Residencia, que facultaba al Poder Ejecutivo y Judicial la posibilidad de apresar a los inmigrantes considerados subversivos para el orden público y deportarlos.

Ante esto, algunos diarios porteños clamaban de alegría: The Review of the River Plate comentaba que “La generalización de la huelga ha abierto por fín los ojos de las autoridades y el problema de obtener una ley del Congreso que faculte al gobierno a expulsar del país a los extranjeros indeseables se ha puesto en discusión de nuevo. Creemos que esta vez algo se hará al respecto.” (22 de noviembre de 1902). Al mismo tiempo que The Standard aducía que se debía “capacitar al gobierno a adoptar medidas tan rigurosas como sea necesario para volver los sentidos de los hombres, esos hombres descamisados y embaucados por algunos anarquistas y los llamados reformistas sociales.” (22 de noviembre de 1902).

Esto no carecía de propia lógica: la apertura del país a la inmigración, que ya era masiva desde 1880, había permitido –argumentaban ciertos sectores de la sociedad- el ingreso de numerosas personas de ideologías anarquistas y socialistas que diseminaban actividades políticas contestatarias antes desconocidas. Por eso, para aplacar la movilización había que terminar con sus promotores: los extranjeros extremistas.

Sin embargo esta visión es por lo menos parcial, dado que la conflictividad social no puede haber sido simplemente fruto de ideas importadas, lejos estamos de alejarnos en el análisis de las condiciones nefastas en que vivía la clase obrera argentina. Mirta Lobato cuenta que “en 1897 un estudioso de los trabajadores de la Argentinaescribía sobre las condiciones de labor y remarcaba las pésimas condiciones existentes tanto en Buenos Aires como en el resto de las provincias, en particular en el Norte (…) Esa explotación de los trabajadores se realizaba con el fin de tener peones baratos, disciplinados y dispuestos a soportar todas las ignominias de los industriales y sin derecho a protestar”[i].

Ante este panorama, la anarquista Federación Obrera Argentina (FOA) llamó a huelga el 20 de noviembre. La causa, en palabras de The Standard: “Hay una fuerte agitación para obtener la sanción del Congreso a lo que se ha llamadola Ley de Residencia. La medida, cuya constitucionalidad está en serias dudas, capacitaría a las autoridades a disponer de muchos de los anarquistas principales que son responsables de las huelgas” (21 de noviembre de 1902).

Al día siguiente, la huelga se conformó en un éxito inédito para la historia del país, tomando proporciones masivas que sorprendieron al mismo gobierno, dada la presencia de veinte mil obreros en paro y en las calles: La Prensa: “Jamás en la República Argentina se produjo un movimiento obrero de defensa y de protesta, de las proporciones y la trascendencia actual.” (21 de noviembre de 1902).

Para ese momento, portuarios de otras zonas y ciudades –Rosario, La Plata, Villa Constitución y Bahía Blanca- cesaron su trabajo, originando la caída de los ingresos de aduana en un 80%, La Prensa, representando la alarma generada en los estratos burgueses de la sociedad, sentenciaba que “Se ha planteado, pues, todo un problema económico de primera magnitud, que afecta por sus fundamentos a la riqueza pública”[ii] (21/11/1902).La Ciudad de Buenos Aires estaba repleta de obreros parados y colaboradores que en las propias calles definían el futuro de la cuestión. Pero el Estado no se mantuvo inmóvil, por un lado diseminó rompehuelgas cargando armas de fuego, policías y las propias Fuerzas Armadas -por primera vez velaban ante un conflicto laboral- bien desplegados por los barrios obreros de Buenos Aires.

El día siguiente nació decisivo: el Congreso llamó a una reunión extraordinaria para la discusión de la tan resistida Ley de Residencia. A la vez, el número de huelguistas aumentaba a 70 mil y la FOA llamaba definitivamente a huelga general: “La Gran huelga obrera continuó ayer generalizándose. Aprovechando el día feriado, todas las sociedades gremiales celebraron reuniones muy concurridas, en las cuales fue ratificada la huelga general” mostró La Prensa en su tirada del 23.

El 24 marcó el principio del fin para la protesta del movimiento obrero. En tiempo record fue aprobadala Ley, el gobierno aplicó el estado de sitio y extendió la represión mediante las FF.AA y la Policía. Aunque en los primeros dos días, la FOA intentó resistir, fueron vencidos hasta verse obligados a llamar al retorno al trabajo el día 26. La primera huelga general en Argentina y América Latina llegaba a su ocaso. En las primeras 72 horas de efectivización de la Ley más de quinientas personas habían sido deportadas.

Más allá de haber sido derrotada, desde diferentes partes del continente afines se vieron con buenos ojos los resultados obtenidos en esta semana plenamente activa para el proletariado nacional. La Agitación de Santiago de Chile marcaba que “indudablemente ha sido hermoso, sublime y grandioso el movimiento del proletariado argentino” (diciembre 1902), paralelamente que La Rebelión afirmaba que “en general, el movimiento ha sido una elocuente demostración del poderío de la clase obrera… Podemos estar satisfechos del triunfo moral obtenido (…) Lo que podemos afirmar con seguridad es que en ninguna parte el proletariado se ha rebelado contra el capital impulsado por un espíritu libertario como el que inspiró la huelga general en Buenos Aires” [iii](diciembre 1902).

 

[i] 9 Mirta Zaida Lobato: “Los trabajadores en la era del “progreso” en Mirta Zaida Lobato (directora): El Progreso, la modernización y sus límites. Colección Nueva Historia Argentina. Buenos Aires, Sudamericana, 2000. Pp. 474.

[ii] Agustín Santella, De la revolución a la movilización. Las huelgas generales en argentina, 1902-2002.

[iii] Iaacov Oved, El anarquismo y el movimiento obrero en Argentina, México, D.F. Siglo Veintiuno, 1978.

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