Una película tomada

El Instituto de Artes Cinematográficas de Avellaneda está tomado por sus alumnos por un conflicto en donde el cambio del plan de estudios es el centro de la pelea. Con la presencia del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires como uno de los principales actores, la discusión gira en torno a un sacudón en la formación: de ser una escuela especializada en la realización de documentales pasará a ser ser una universidad con una principal dedicación a la producción televisiva. La discusión por la longitud de la carrera y la variación de contenidos también es tema de batalla.

 

Eran las tres de la mañana. Difícilmente fuera un periodista el hombre que llegó al Instituto de Artes Cinematográficas de Avellaneda a preguntar cuánta gente había del otro lado de las rejas, más allá de la bandera “IDAC Tomado, estudiantes en lucha”. Los alumnos, reunidos en el Centro horizontal y sin agrupaciones, tomaron esta decisión después de “agotar todas las instancias”, según nos dice Fabio Vallarelli, vocal representante del alumnado. En 2012, con el próximo ciclo lectivo, se oficializará el título. El problema es que para eso pasará a depender de la Provincia de Buenos Aires, que, a través de la Dirección Provincial de Educación de Gestión Privada (DIPREGEP), baja un plan de estudios con el contenido que la escuela tiene que regir para poder tener título oficial: algo que le impone un cambio estructural a la carrera.

Fundamentalmente, le quita lo cinematográfico y le agrega producción televisiva en el marco de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El principal conflicto es la cantidad de años. La actual tiene cuatro años con contenido exclusivo de cada año y materias. La próxima, tres, con un cuarto año opcional de taller de tesis. No tiene contenido definido más allá de la tesis, que no precisa el trabajo de todo un año de estudio. IDAC tiene dos carreras: realización cinematográfica (con especialización en documental o ficción) y realización de cine de animación. Con las reformas, las especializaciones desaparecerán.

“La carrera no se mejora, se achica”, denuncian los estudiantes. La nueva carrera es una tecnicatura en cine, televisión y video. Cambia el contenido y el modo de enseñanza, lo cual es peligroso teniendo en cuenta cómo funcionó históricamente la carrera. “Nosotros estuvimos desde el principio con la Ley de Medios. Estamos a favor de la nueva televisión digital. Lo que no queremos es que se modifique estructuralmente la escuela. Queremos que a partir de esta formación, se piense una que incluya el nuevo proyecto de televisión digital. No es necesario formar técnicos para eso. No es necesario excluir y hacer que tengamos necesariamente que participar de ese proceso”.

Para saber qué estaban tramando y haciendo las autoridades, los estudiantes fueron a hablar con el rector Raúl Tosso y con el Municipio de Avellaneda. El intendente Alberto Ferraresi no apareció, pero sí estuvieron el secretario de Cultura, Antonio Hugo Caruso, Osvaldo Di Pace, de La Dirección de Enseñanza Artística, y el subsecretario de gobierno Fabián Orlando Monzón. “Nos dijeron que no pueden tocar el plan de estudios, que recién adentro de ese nuevo plan lo puede intentar modificar. Pero solo una vez que lo aceptó y brinda el título oficial. Lo modificaría el rector, no una comisión”, dice Fabio. Tosso, el director, no está concursado, es un interino renovado año tras año desde 2009. “Cuando fuimos a La Plata nos enteramos que nos habían mentido. La DIPREGEP le da a la escuela un plan con contenidos mínimos: tantas horas, tantas materias. Así se puede oficializar. Sobre eso, la escuela podría hacer lo que quisiera. En vez de suprimir contenidos, podría agregar. Nosotros les proponemos que agreguen lo de televisión”.

En 2010, la situación fue similar. Se opusieron al posible cierre de la escuela, que iba a ser fagocitada por la futura Universidad Nacional de Avellaneda. Entonces, Guillermo Fernández Morán, titular de la materia Guión en primero y segundo año, declaró a Télam que se estaban desayunando días con esa “mala noticia”, después de que lo mantuvieran oculto durante mucho tiempo porque saben que ni los alumnos ni los docentes quieren el cierre de la escuela. La metodología 2011 no fue más original: “Nos enteramos faltando 15 días”, dice Fabio. El ciclo lectivo terminó una semana antes y así los estudiantes no se enterarían de nada.

Además, se intimó a docentes a jubilarse aunque no tengan edad suficiente.

“Lo que más preocupa a estudiantes y docentes es que con el cierre del Idac se perdería un centro de enseñanza que funciona desde hace 40 años y que, además de ser muy accesible por tener una pequeña cuota de 30 pesos, se hizo célebre en el ambiente por volcarse de lleno a la práctica fílmica y formar a sus alumnos como realizadores integrales”, escribía la agencia oficial Télam hace un año. La situación se postergó, pero no se solucionó.

La nota no hablaba de los problemas edilicios. La actual sede de IDAC, en la calle Italia 36, fue antes la de la Escuela de Música Popular de Avellaneda hasta que las quejas de los estudiantes por las pésimas condiciones de seguridad y la nula ambientación acústica la hicieron mudar. No hubo soluciones: “Hay un cuarto donde se guardan los equipos a la intemperie, hay una sala de montaje inaccesible por la falta de gente encargada de limpieza, no hay estufa, hay un calentador que va en contra de cualquier norma de habilitación de edificio público”, nos muestra Fabio.

Tampoco hablaba Télam de lo presupuestario. A partir del año que viene, la mayoría de los salarios los aportaría Provincia. Lo único que paga el Municipio lo dejaría de aportar. Los equipos y todo el material lo pagan los alumnos a través de la cooperativa que cobra 30 pesos mensuales.

Ante la similar situación de 2010, Fernández Morán decía: “Se pierde una escuela que enseña a hacer cine con recursos escasos o nulos. Algo que nos pone orgullosos es que los egresados del IDAC son capaces de autogestionarse, ser independientes y hacer cine casi sin dinero. Se pierde la relación entre los 300 alumnos y profesores, que es muy estrecha, fructífera y personal”. El orgullo de haber arrancado en 1974 como un taller para los vecinos del barrio y haber llegado a revitalizar el cine nacional con directores como Juan José Campanella y Lucrecia Martel. Cinco años después se oficializó como instituto, uno de los pocos de Latinoamérica donde se enseña cine documental gratis.

Hoy, su orgullo está en las clases abiertas dictadas por los profesores intimados a jubilarse en el patio que da a la calle.

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