Meta balas en vez de goles

Los socios del Club Español conviven con la Policía Metropolitana. Así lo quiso Macri, en lugar de levantar allí un centro deportivo. Los muchachos que patrullan la Ciudad no saben cuidar la identidad de un club que pasó de tener 25 mil socios a 400, que está por descender a la D y por desaparecer.

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Sin fondos, con la deuda apretándole el cuello y con el riesgo de descender a la Primera D, el Club Social, Deportivo y Cultural Español está a punto de desaparecer. Ya no es la institución que llegó a ser la más importante de la colectividad española en Buenos Aires, que tuvo medallistas olímpicos en patín artístico que se criaron en el club. No queda casi nada de ese establecimiento modelo que albergó a 25 mil gallegos. Ni siquiera quedan esos socios: ahora son apenas 400. Son las consecuencias de tres instancias de quiebras, de remates incesantes, del ojo esquivo de la AFA que nunca quiso salvarlo. Es lo que queda de un club que perdió por completo su identidad y que tiene al enemigo cerca, muy cerca. Tiene al macrismo adentro del predio.

Cuando por fin logramos que nuestros pies pisen el club, nos cuesta creer que sea eso. Sólo se ven tres canchas auxiliares de fútbol, otra de baby, un estacionamiento, la histórica confitería donde los fundadores del club juegan a las cartas. Es la resaca que les quedó a los gallegos de ese predio de 14 hectáreas sobre la calle Santiago de Compostela, en el Bajo Flores. Las cinco piletas, una de ellas olímpicas, y sus canchas de tenis, béisbol y sóftbol ya no están. El hockey sobre patines, pese a haber sido subcampeón metropolitano, fue borrado del mapa. El básquet también dejó de existir, porque todas sus categorías perdieron su plaza en la Federación. Los quinchos fueron eliminados, los gimnasios también.

Pero, a pocos metros, todo cambia.

Lo que supo ser parte del complejo deportivo, hoy es el lugar de entrenamiento de la Policía Metropolitana, que pareciera ser más un cuartel militar.
Es la política macrista: de un club social a un centro de formación policial.
Hace años que Mauricio Macri está detrás de los males de Deportivo Español. Exactamente desde el primer pedido de quiebra. Fue en 1998, dictada por el juez Juan Gariboto, debido a los grandes problemas económicos. ¿Quién había hecho el pedido? El actual Jefe de Gobierno. Al poco tiempo de asumir como presidente de Boca, Macri faltó a todos los códigos: su equipo fue el primero en más de 100 años en pedirle la quiebra a otra entidad deportiva. Todo por una insólita suma de 80 mil dólares. Esto surgió después de que les cedieran a préstamo sin cargo y sin opción a jugadores que no eran tenidos en cuenta en 1996 por el xeneize, como el arquero Sandro Guzmán, o el goleador Silvio Carrario, entre otros. Por todos los jugadores que llegaron desde Boca, los gallegos pagaban 500 mil dólares mensuales de contratos, una locura increíble para el club, que lo dejó al borde del abismo económico y que fue el puntapié inicial para su debacle deportiva.

En el año 2000 llegó la segunda quiebra, después de descender a la Primera B Metropolitana. El juez Juan Garibotto decidió el cierre definitivo del club. En ese momento, el reclamo de los socios e hinchas se hizo oír: se encerraron una semana dentro del club para que no se remataran las instalaciones. Por esos días, en los que Racing transitaba una senda parecida, se dictó la Ley de Fideicomiso en Argentina, una ley que indica que los bienes de las sociedades civiles sin fines de lucro no se pueden rematar por un plazo de diez años. Español seguía resistiendo.

El tercer intento venía con un remate inminente de las instalaciones del club. Luis Tarrío Gómez, perteneciente a la peña “La Furia” y uno de los máximos responsables de que el club al día de hoy siga con vida, relata un poco la desesperación que tenían por salvar su club. “Fui a una presentación en la que se juntaba gente importante de los clubes supuestamente para defenderlos de las sociedades anónimas deportivas. Ahí no se mencionaba a Español, que estaba a días de poder morir. Hablé, peleé y a partir de ser escuchado ahí se pudo hablar con el por entonces Jefe de Gobierno (Aníbal Ibarra) y nos salvamos del cierre definitivo”.

En 2003 se salvó la ejecución de los bienes, incluido el Estadio España, por la redacción de la ley de expropiación temporaria, que transformó al club una personalidad jurídica. Así, pasó de llamarse Deportivo Español a Club Social, Deportivo y Cultural Español de la República Argentina. Con la nueva ley se ganó tiempo. Era como sobrevivir, ya que la institución mantenía sus instalaciones embargadas y cerradas hasta la llegada de un nuevo comprador con el que deberían negociar.

Y otra vez apareció Mauricio. El cambio de gobierno en la Ciudad modificó el mapa. El club había sido comprado por la Corporación del Sur, entidad dependiente de la Ciudad por 7 millones de pesos, con competidores como Marcelo Tinelli, empresas vinculadas con Hugo Moyano y el ex presidente de River José María Aguilar, quien tenía pensado armar un complejo deportivo anexo en el predio del Sur de la Ciudad.

La Corporación se había comprometido a absorber la deuda y hacer del club un ámbito abierto a la comunidad. Pero con la llegada de Macri a Bolivar 1, la idea de armar la primera institución deportiva para la zona más humilde de la Ciudad quedó en la nada. Al ex presidente de Boca no le importó que ese haya sido el centro de reunión de la comunidad más numerosa de Argentina durante 50 años, menos le interesó que los vecinos de zona sur tengan un espacio modelo para la recreación y la práctica del deporte. Lo que la Coproración del Sur había comprado para que funcione un centro deportivo, el gobierno del Pro lo convirtió en un espacio destinado al Ministerio de Seguridad de la Nación. Todas esas hectáreas a las que hace un año le apuntaron las cámaras cuando fue la toma del Parque Indoamericano, están destinadas a ser sede de la Policía Metropolitana.

Al entrar allí, a esa especie de guarida militar en donde 500 cadetes se egresan cada año, es difícil imaginar que funcionó una sede deportiva. La pileta olímpica del club está desmantela y utilizada “para entrenar a los cadetes como si fuese una situación de calle”, según la voz de uno de los propios responsables del lugar. Las canchas de tenis pasaron a ser guarderías de perros policías. Las canchas de fútbol, ya sin arcos, son utilizadas como pistas.

Desde allí, desde el mismo predio en donde los cadetes entrenan de marzo a diciembre sin poder prácticamente salir ni siquiera a visitar a sus familiares, se puede ver parte del estadio Nueva España. Se puede ver el dolor de un club que perdió la identidad y que ya no enseña que es más fácil transitar la vida entre gambetas y amagues y gritos. Ahora se puede ver cómo unos tipos vestidos de azul instruyen a otros para ser futuros policías, para detener gente, para apretar el gatillo y después preguntar, para usar las pistolas Taser. Para meter balas en vez de goles. Las instalaciones pertenecen al Gobierno de la Ciudad y Macri tiene la potestad de hacer lo que se le antoje con ellas. Y lo que se le canta al jefe de gobierno es eso: formar agentes para su Policía Metropolitana.

“Hoy el Club no representa a la comunidad gallega, lo que antes era un lugar de fiestas y reuniones para los que somos descendientes de gallegos o gallegos, quedó en la nada”, cuenta Luis Tarrío Gómez. Manuel, uno de los pocos socios que quedan de Español, agrega: “Para nosotros un club es más que lo que representa a nivel deportivo, es un lugar de encuentro, y eso lo perdimos íntegramente de la noche a la mañana”. Hacia adentro del Club, las opiniones con respecto a las decisiones que se tomaron están muy divididas. Están quienes se reprochan haber terminado como terminaron y están los más optimistas, que plantean que al menos se pudo resistir al remate y que se pudieron salvar algunas hectáreas, de donde salen los únicos ingresos del club: de la cuota social y de las Inferiores. Uno de ellos es Tarrío Gómez, que afirma que de no haber sido por la buena voluntad de alguno de ellos, el club estaría totalmente desaparecido.

No desapareció, es cierto, pero agoniza. La Asociación que preside Julio Grondona mira para otro lado mientras hay un club que hace 13 años estaba en Primera, que este año bajó a la C, ahora está por descender a la D y va camino a la desafiliación. Un club que en estos años quebró tres veces a causa de malas administraciones –se recuerda a Francisco Río Seoane, quien está acusado de en 1994 haber quemado vivo a su competido en la elección a presidente el mismo día de los sufragios- y que ahora funciona como sede policial. “A Racing la AFA le dio una mano enorme para que no fundiera, a Español sólo logró mantenerla como afiliación”, cuenta César Francis, director de Todos por el Deporte y uno de los máximos responsables de que Español hoy siga vivo. Grondona vio cómo moría lentamente un club y no hizo nada para evitarlo. “Podría haber comprado el club, el predio y dejar que lo siga usando Español y que mientras se vaya pagando en un préstamo largo, como muchas veces ha hecho, pero no fue el caso, a la AFA se le desapareció un club en las narices”, agrega Francis.

El Club Social, Deportivo y Cultural Español grita ayuda, grita un cambio de timón para que no se pierda lo poco que queda. La frase de César Francis quizá resuma la respuesta de cómo puede cambiar el rumbo para el equipo gallego. “Quizás con otro Gobierno de la Ciudad que comprenda lo que es un club, lo que es la identidad de un club, se pueda salvar a Español”.

Acaso así entiendan el mensaje de que los clubes son de los socios. Y de nadie más.

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