Grito revelador: el 9 de madera

Por Piter Buteur, especial para NosDigital en homenaje a Rogelio Funes Mori.

Era un domingo más, una tarde más pero no era un partido más de los tantos que habíamos ido con mis amigos durante ese campeonato. El equipo estaba segundo con chances claras de poder ser campeón y la expectativa era superior a la de las demás ilusiones. Nos subimos al tedioso 15 y la cancha empezaba a acercarse a nosotros. Entramos con el ritual de todos los domingos: cánticos, palmas, gritos y risas. Pero sin duda no fue un partido más. Un gol tempranero del rival preocupó a todo el estadio. La desesperación crecía a cada gol que desperdiciaba nuestro cuadro. La bronca no era generalizada, había una víctima en particular: el 9. Una y otra vez falló todos los goles que se pueden fallar en un partido de fútbol. Ni siquiera la tiraba a la tribuna, al lateral o le pegaba mordido, no importaba cómo ni dónde el 9 se mantenía estático errando todos los goles que se perdían en la garganta de cada hincha. La gente insultaba furibundamente, no se podía creer cómo el 9 no se movía ni un paso, estático completamente. No daba pie con bola. El primer tiempo terminó y eso ayudó a calmar las aguas por un rato, pero al iniciarse la segunda parte todo fue igual. Nada hacía pensar que el 9 por fin podría moverse y marcar el tan ansiado gol. Sobre el final del partido sucedió lo insólito, la jugada del equipo había sido espectacular, todo el equipo rival había quedado atrás, incluso el arquero, y ahí fue cuando le dieron la pelota al susodicho. El arco estaba solo, la gente ya gritaba el gol, los compañeros ya se abrazaban, el técnico ya estaba festejando, pero no, de ninguna manera. Fue imposible. Preso de su nulo movimiento el 9 no pudo si quiera rozar el balón par convertir el gol. En esa situación desesperante un hincha de los de antaño, con boina, bastón y camisa a cuadros le dio explicación hasta lo que entonces era inentendible:
-“¡¿Y que quieren? Si ese 9 es de madera!”, exclamó.
Todo el estadio escuchó el grito, incluso los jugadores y ahí fue cuando todos comprendimos que un número 9 hecho de madera era incapaz de moverse y patear una pelota. Era simplemente un número 9 y era de madera.