El baile de la memoria

Hace 10 años que un grupo multitudinario baila todos los 24 de marzo dándole movimiento a los desaparecidos que no están. Le dan otro color a la marcha. Pero para seguir difundiéndose, decidieron hacer un documental que se llamará Piedra Libre y que se realiza con un sistema de financiación bastante novedoso: gente de cualquier lugar aporta vía internet algunas sumas que arman un gran montón.

Foto: Nos Digital.

“Piedra libre para mi y para todos mis compañeros”. Nenes y nenas juegan al escondite, y con la risa desatada de imaginación pintan el misterio de una búsqueda y el sobresalto del encuentro. “Piedra libre” y te salvo, te libero, fin del juego. “Piedra libre” es el nombre del documental de Pía Sicardi y Alejandra Vassallo sobre Arte, Derechos Humanos, Danza y Memoria, en el que un grupo de doscientas mujeres baila para hacer presentes esos cuerpos que ya no están. Con esta energía de búsqueda y movidas por la necesidad de poner el cuerpo, “Piedra libre” también es un foco de luz íntima sobre mujeres que se apropian de su historia y se unen para hacer carne sus deseos, sus tristezas, alegrías y reclamos. Para sus realizadoras, “es la historia contada por sus protagonistas, a través de recuerdos personales que, como pensamientos en voz alta, van hilando la memoria colectiva de un pueblo”.
Alejandra es historiadora y bailarina integrante del grupo de danza afro Oduduwá, que cada 24 de marzo, y desde hace ya 10 años, le abre camino a la histórica bandera de las ausencias junto al latido de los tambores de La Chilinga. Todos los años realizan una convocatoria abierta y crean una coreografía con el lenguaje de la danza de orixás como espacio de construcción colectiva y de resistencia social. Para Alejandra, la potencialidad de este lenguaje “es tan grande que no es necesario hacer la traducción ni explicar qué significa cada símbolo; para eso es un símbolo, tiene multiplicidad de sentidos, es la historia oficial la que te dice “tiene que tener este único sentido”. Estos elementos simbólicos se combinan con el pilar fundamental de la propuesta que es salir a la calle, intervenir y recuperar el espacio público y el propio cuerpo para exigir justicia, para la reconstrucción de una identidad colectiva. En el 2007, Pía, cineasta egresada de la ENERC y cantante, lo vivió por primera vez, cuando le pidieron que vaya a filmar la marcha: “Fue muy impactante, se caían los cuerpos al piso, marcaban las siluetas con tiza, la gente en silencio muy emocionada. Fue muy movilizante, sentí que era una forma de acercarme, de hacerme cargo de mi historia y ver de qué manera podía ayudar a mantenerla presente”. Cuatro años después, ellas quieren transmitir esa primera sensación, esa transformación interna que se expresa hasta físicamente en las bailarinas que lo vivencian. “En ese momento no pensás en nada, solo bailás y sentís; en cada movimiento sos vos, tu compañera de al lado, y también sos los que ya no están”, recuerda una de las participantes.
Las realizadoras del film, que ya cuenta con el auspicio de las Madres de Plaza de Mayo LF, las Abuelas de Plaza de Mayo y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, recuerdan entre risas y miradas de complicidad cuando empezaron a filmar: “Con tanta energía, pensábamos que íbamos a filmar la marcha y ya la película iba a salir a fin del 2008, pero fuimos aprendiendo que son procesos largos y que hacen a la transformación del propio proyecto. Al principio, estaba armado como algo más formal, con testimonios, voces expertas, hasta que empezamos a recibir comentarios de los que veían el material y entendimos que la historia se cuenta por sí sola, desde el sentimiento, desde las protagonistas, desde lo íntimo.”. Ahora que llegaron a la parte final del rodaje, tras dos años del exitoso recorrido de su work-in-progress, se lanzaron a una campaña de financiamiento colectivo (“crowdfunding”) para terminar de filmar las últimas escenas. Este sistema, que algunos identifican como una forma democrática de mecenazgo, funciona a través de plataformas on-line y está basado en pequeños aportes monetarios, realizados por una comunidad muchas veces anónima que se moviliza en función de su interés por el buen término del proyecto más que en la ganancia que de él pudiera obtener. “Antes de lanzar nuestra campaña, probamos cómo era y nos hicimos productoras de un proyecto poniendo cinco dólares. Te empiezan a llegar noticias y hacia el final todos se ponen como locos para alcanzar la meta. Es increíble la comunidad que se crea, porque terminás sintiendo parte. Cuando llega la fecha límite, si el proyecto no juntó el monto, se devuelve el dinero” cuenta Alejandra entusiasmada por la exitosa campaña que viene haciendo “Piedra libre” que ya alcanzó el 47% del monto necesario. Cada persona que aporta, desde U$5 a U$650, recibe recompensas y se convierte en colaborador o co-productor de la película. Hay tiempo de participar hasta el 30, y podés hacerlo ingresando a http://idea.me/proyecto/68/piedralibredanceandmemory .

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