“A Cuba lo comparan con el primer mundo”

NosDigital se juntó con Juan Castellanos en su regreso a Argentina a poco de cumplirse cuarenta años de la derrota sufrida en Salta por su guerrilla. Soldado durante la Revolución Cubana, amigo y padrino de bodas del Che, quien decidió expandir el ideal revolucionario a los lugares más recónditos del planeta: de Cuba a la Argentina, de Angola a Nicaragua. Una entrevista que revela desde curiosidades de la vida cotidiana en los montes caribeños hasta los porqués de un hombre para destinar su vida a la lucha armada.

 

Fotos: Nos Digital.

Juan Alberto Castellanos volvió a la Argentina luego de casi cincuenta años. Condiciones bien diferentes que la última vez: nada de monte, nada de cárcel, golpes y reclusión. Teniéndolo en frente pudimos advertir la persistencia del ideal del Che, encarnado en uno de los pocos personajes que pudo combatir a su lado, que supo cultivar una amistad y seguir en sus empresas al mito que aún no para de hacerse presente en cada rincón del mundo. Entonces, empieza a hablar de sus experiencias, eso de pasar su entera juventud, y más aún, con el fusil en el hombro en condiciones precarias. Y así, sentados en un bar céntrico de Buenos Aires, NosDigital hace la primera pregunta iniciando una larga charla con Castellanos, guerrillero, cubano, latinoamericano, guevarista y también, padre de tres hijas…

-¿Cómo es que se incorporó a las fuerzas revolucionarias cubanas?
-Yo era un joven al que no le gustaban las injusticias, pero era un analfabeto político. A raíz de que Fidel asalta el Moncada, tuvo un impacto muy importante: ellos fracasan; matan a la mayoría y a otros los hacen prisioneros, entre ellos a Fidel. En el juicio, él asumió su defensa, pero cuando empezó el primer día en los tribunales no lo ayudaron más, porque se convirtió de acusado en acusador. De ahí en más le celebraron el juicio en un hospitalito de la cárcel, donde hizo el alegato histórico “La historia me absolverá”, donde denunció todos los problemas que había en el país. Él logra estando en la cárcel, sacar ese alegato y se convierte en un manifiesto para la juventud.
Cuando leí eso me di cuenta de lo que pasaba en mi tierra, de todas las injusticias. Fidel me alfabetizó en ese sentido. Así que me incorporé al movimiento y me fui a parar a la Sierra Maestra, donde conocí al Che. Empecé con él en la Sierra, después hice la invasión con él en las villas, ahí me convierto en ayudante de chofer de él porque se luxa un brazo. Hasta que me hicieron Comandante, poco antes de los combates en Santa Clara. Fíjate, una vez Ernesto me preguntó qué pensaba hacer si lográbamos ganar y quedaba yo con vida. Le dije que me iba a ir al carajo porque no me gustaba que me estuviesen llevando de acá para allá…Y nunca se olvidó de esto.

-¿Recordás el primer encuentro con el Che?
-Sí, como no. La primera vez que lo vi me decepcionó. Los argentinos que conocíamos eran porteños, te hablaban fuerte y rápido. Pero el Che hablaba pausado, bajito, así que me dije: “éste no es argentino”. Pero supimos tener relaciones muy buenas, de subordinado a jefe y después prácticamente fuimos amigos. Además para la liberación de América yo fui el segundo cubano que él eligió, el primero fue Hermes, que murió acá en el norte.

-¿Cómo los seleccionaron a ustedes para viajar a Salta?
-Mira, yo estaba en la universidad. Pero estando en agosto de 1962, Hermes desapareció. Y ahí le dije al compañero Pombo “ahora voy a ver al Che porque me parece que se va porque Hermes anda desaparecido”. Y cuando fui a ver a Ernesto me preguntó qué quería y ahí le dije “¿Cuándo usted se va?”, y me dijo que por qué creía eso. Ahí me sinceré: “Porque Hermes anda desaparecido y usted es el único que sabe dónde está. Pero quiero que sepa que a donde quiera que vaya, yo me voy con usted”. Me respondió que lo iba a tener en cuenta.
Yo me reintegré a la escuela, me gradué y volví a las Fuerzas Armadas. Cada vez que el Che recibía una queja de nosotros, nos llamaba y nos reprendía. Porque cuanto más cerca de él se estaba, más recio te llevabas. Pero lo queríamos muy grande, porque nunca nos adoctrinó ni nada, sino que nos enseñaba con su ejemplo y con su forma de ser. Entonces nosotros intentábamos imitarlo. Él quería un hombre nuevo y se embebió del hombre nuevo y logró hacer de muchos cubanos hombres nuevos. Pasó de ser Guevara Lynch, doble apellido, de la aristocracia, a dejarlo todo por los más pobres. Entonces, esa cosa del Che hizo que lo quisiéramos tanto.
Pero bueno, un día me mandó a buscar. Yo me dije “por qué, qué hice, no estuve con nadie, no me mandé ninguna borrachera”. Más tarde lo vi y me dijo “hace un año usted me preguntó cuándo nos íbamos. Bueno, ahora va a ir a un lugar y va a estar con gente conocida. Invéntale un cuento a tu familia bastante verosímil para que se lo crean”. No me dijo nada más de nada.
De ahí me mandó a hablar con el Jefe de Inteligencia. Yo no había salido de Cuba nunca, y el viajecito fue de La Habana a Praga, de ahí a Roma, de Roma a Lisboa, Lisboa-Dakkar en África. Dakkar-Rio de Janeiro, después San Pablo y luego a un pueblito de la sierra de Paraguay. Finalmente terminé en La Paz. A mi familia le dije que iba a estudiar Armas Estratégicas en la URSS, pero que era algo secreto, que no me iban a poder escribir y viceversa. Una cosa bastante verosímil, porque nosotros nos estábamos preparando como ejército para enfrentarnos a USA, y necesitábamos conocimientos en armas modernas.
Cuando llegué a La Paz me encontré con dos cubanos, del que solo conocía a uno, que ahora es el Ministro del Interior; entonces de ahí nos venimos a Tarija para vernos con Masetti. El tema es que sobraba un fusil y yo los convenzo de unirme a ellos, pero ésa no era mi misión. Yo tenía que esperar al Che en Bolivia y venirnos juntos para acá.

-Sobre las críticas al proyecto del Ejército Guerrillero del Pueblo: que las FFAA de Argentina eran poderosas, que no era la mejor zona para iniciar la guerrilla…
-Espérate, espérate… yo tenía experiencia guerrillera y, aquí no importaba la fuerza del ejército. Nosotros éramos un grupo de jóvenes con ideas revolucionarias que queríamos liberar este continente. La zona no era la mejor, pero bueno, aparecimos allá. De algún modo las guerras se empiezan, y no era un tema de utopía, porque en Cuba había pasado. Un grupo batalló contra un ejército profesional, quitándole las armas. ¿Y por qué no se iba a poder aquí, más si teníamos al Che que lo iba a seguir todo el mundo?. O sea, está que el EGP sirvió, no fue ninguna aventura, plantamos la semilla. Ahora en este país se habla otro idioma. Ahora no son sumisos al imperialismo, se ve un proceso de cambio. Nosotros, Cuba, nos hemos convertido en la semilla que está germinando en países que tienen más recursos naturales para llevar a cabo la Revolución.

-Cuándo el EGP fue derrotado por Gendarmería y ustedes, detenidos, ¿cómo fueron tratados?
-Mira, nos golpearon bastante. Pero nos dieron golpes nada más, unas cuantas palizas. Pero a cada paliza yo cambiaba de nacionalidad. Hasta que un día les tiro mi leyenda, que yo era peruano, y se la creyeron; eso que los Servicios de Inteligencia acá no eran bobos. Si la CIA se enteraba que había un cubano, yo no estaría para contarla.

-¿Y su experiencia en Angola?
-Estuve un año y medio allá, desde 1976, pero no combatí. Yo estaba en la provincia de Cabinda, al mando de una unidad, preparada para combatir contra los zairenses como tropas regulares. Había un atraso muy grande. Prácticamente les enseñamos a combatir y después liberamos a Namibia, que estaba al lado. Derrotamos al ejército sudafricano en combate. Participaron 50 mil hombres, pero eso no salió publicado en ningún lado. Cuando terminé mi misión, fui a Nicaragua a combatir contra los Contras. Estuve dos años, dos meses y quince días. Ahí sí me tocó participar como combatiente nicaragüense. Me llevaba bien con la gente, aunque la propaganda era que nosotros los cubanos nos íbamos a robar las cosas de ahí, que estábamos en el país para poder enriquecernos.

-¿La gente se la creía?
-Y sí, mucha gente sí, pero cuando nos vieron actuar, cuando vieron a los soldados, a los maestros, a los médicos cubanos actuar desinteresadamente, ya no.

-Después de tantas batallas, ¿cómo ve su vida?
-Yo me siento un hombre realizado. Realicé mi sueño. Tengo tres hijas y las tres son profesionales, en Cuba actualmente no hay un solo niño trabajador, tienen que ir obligatoriamente hasta noveno grado, y si la familia no puede sostener que su hijo siga estudiando, se le da un subsidio. Y a los estudiantes universitarios también se le da un estipendio. Cuando éramos cinco millones, ocho de cada diez pasábamos hambre, pero hambre de no comer. Ahora que somos el doble, en Cuba se desayuna, se almuerza y cenan todos. Que no comen la cantidad que quieren, bueno, pero ni los ricos pueden hacerlo. Y ya nos hemos acostumbrado a vivir mejor. La salud es mejor, vamos por alcanzar los 79 años de esperanza de vida, con medio siglo de Revolución. No tenemos ningún niño desnutrido, tenemos un nivel educacional que compite con cualquier país. Todo el mundo tiene su casa: pagas el 10% de tu sueldo hasta que amortizas el costo de construcción y listo, eres el dueño de tu casa. Antes habían dos universidades y una sede, y hoy tenemos dieciséis universidades.

-¿Cómo ve ahora a los jóvenes cubanos?
-Ellos ahora tienen problemas menos graves que nosotros. El nuestro era el hambre y la necesidad. Ahora piensan en que no pueden tener ciertas cosas como los demás, porque si tienen gran nivel de preparación, por qué no. Bueno, ahora ya no se comparan con los países subdesarrollados, sino con los del primer mundo…¡pero no! Si somos unos muertos de hambre… pero que no pasamos hambre.

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