“Nuestra revolución iba a ser distinta y mejor”

En la segunda y última parte de la entrevista a Luis Mattini, ex miembro del PRT y del ERP, habla más sobre la vida dentro de la clandestinidad, la partida al exilio, los diferentes mitos creados alrededor de la lucha armada y su visión sobre la política actual de derechos humanos y del modelo kirchnerista. Palabras clave de un protagonista para la revisión histórica que se hace necesaria.

 

-Luego del Operativo Independencia del 75’ y la dictadura sólo unos meses después, ¿cómo fueron sus años en el exilio?

Fotos: Nos Digital.

-Salimos al exterior con el solo objetivo de reorganizarnos, no existía el término exilio todavía, estaba prohibido en nuestra organización. Me acuerdo cuando venían los uruguayos Tupamaros, o los chilenos del MIR, nos hablaban de exilio y nosotros los mirábamos mal. Cuando lo matan a Santucho, yo quedo a cargo del PRT, porque soy el único que queda con vida del grupo dirigente. Reorganizamos una dirección, pusimos de nuevo el partido en marcha, y decidimos viajar a Cuba para que definitivamente nos dieran un entrenamiento fuerte. Pensábamos que acá había que seguir con las armas para rato.

Salimos para allá los de mayor jerarquía, queríamos agarrar a Fidel y exigirle el apoyo militar que nos había negado antes, pero ahora en Argentina teníamos una dictadura. Nunca llegamos a La Habana. Nos juntamos en Praga, les explicamos nuestra necesidad de entrenamiento. Los cubanos nos pidieron que paráramos a mirar qué pasaba en nuestro país, y para que los de aquella época te dijeran eso… “Están teniendo demasiadas bajas, tanto ustedes como los Montoneros, algo está mal. Tienen que reunir al Comité Central y rever lo que pasa”, nos cortaron el viaje a Cuba en muy pocas palabras. Ahí mismo decidimos sacar el resto del Comité, eran doce compañeros, los hicimos venir al exterior también. Nos reunimos finalmente en Roma, porque en Argentina hubiera sido imposible juntar a tanta gente sin que nos encuentren: estuvimos quince días revisando las macanas hechas, y elegimos empezar todo desde cero. Queríamos preparar compañeros en el exterior, e ir regresándolos de a poco, pero ya entrenados. Nos empezó a ir cada vez peor, nos fuimos desangrando. En el ‘80 ya casi no existíamos, yo soy destituido como Secretario General, por fracasar. No hay una acusación más grave ni menos grave que esa, yo me quedo en banda en México, y ahí sí paso a ser un exiliado. Estuve diez años fuera de Argentina, y cinco años con un pasaporte falso, que recién cuando terminó todo el partido, fui a Suecia y conseguí uno verdadero.

 

-¿Cómo era la participación de las mujeres dentro del ERP?

-Las compañeras asombraban a los cubanos y centroamericanos, sinceramente no lo podían creer. Tanto las argentinas como las uruguayas. Nosotros enviábamos contingentes de entrenamiento a Cuba, y ahí iban muchas mujeres. Los cubanos no podían creer que ellas pudieran ser tan buenas combatientes como los varones. Nos preguntaban cómo hacíamos un comando, por ejemplo, si participaban las mujeres o no. Claro, en un comando urbano de cuatro o cinco, venía bien la presencia de dos mujeres porque ayudaban a disimular los movimientos. Los cubanos nos preguntaban asombradísimos si los hombres obedecíamos las órdenes de mujeres; porque hay que destacar el machismo de la sociedad cubana, más aún por aquel entonces.

Para algunos comandos una mujer eran jefes, porque los comandos eran conformados por tres a cinco, y había una democracia plena, el jefe era elegido por el grupo y muchas veces elegían a compañeras, y entonces había que seguir sus órdenes. En la cuestión militar no se puede discutir, no importaba el sexo, la orden es la orden. Y muchas veces, incluso por ejemplo, la operación más común, pero importante, que hacíamos era ir a quitarle la pistola a un policía. Era una acción que usábamos como entrenamiento y como prueba para los nuevos integrantes. Muchas veces iban tres hombres y una mujer. Los canas cuando veían a una mujer no podían soportarlo. Me acuerdo que una vez, a una compañera le tocó tratar de sacarle la pistola a un policía -yo iba delante porque era el jefe ese día- se arrimó y el tipo cuando vio que era una mina, tendió a ahorcarla. Pero la compañera no disparó, con la rodilla le pegó un rodillazo a los huevos que el otro quedó doblado. Él la subestimó, el machismo era muy marcado. Así como para los cubanos causaba admiración, para la policía era algo insoportable.

 

-Entre los mitos que giran en torno al ERP, se habla de que para poder ingresar había que mostrar la placa de algún policía asesinado, ¿cuánto de verdad hay?

-No, eso es un bolazo. Un bolazo anticomunista. Me hace acordar a cuando yo era chico, que era tan fuerte el anticomunismo que te decían: “ojo con entrar al PC, si entrás después no te dejan salir nunca más”. Nosotros a veces, a algunos compañeros que veíamos que no aguantaban más por la tensión, les hemos pagado el viaje a Europa, para que estuviera más tranquilo. Eso sí, todos los compañeros tenían que entrenarse. Nuestra consigna era clara: “De lo chico a lo grande. De lo sencillo, a lo complejo”, entonces desde la célula reclutábamos compañeros, y cada uno tenía que ir de lo chico a lo grande, no es que agarraban el fusil de entrada. Empezaban con un desarme, o con una pintada clandestina, si te agarraban pintando ibas en cana, antes de la dictadura, ibas preso. Nosotros planteábamos hacer una pintada con defensa armada, porque sino venía un sereno y te metía preso. Era parte del entrenamiento, pintaban la pared, siempre con algún otro compañero con más experiencia.

 

-Para hablar del “terror de la izquierda”, los apologistas eligen tres hechos: el asesinato de Rucci, el suceso de Viola y su hija, y la otra acusación es en cuanto al general Larrabure, ¿Cuánto de verdad hay en cuanto a las malas condiciones que sufrió este último durante su secuestro y su muerte?

-Sin dudas es el caso más lamentable de todos. A Larrabure lo llevamos prisionero durante la ocupación de un cuartel. Para nosotros, como éramos guevaristas, el prisionero era sagrado, se lo trataba como prisionero, pero como un ser humano ante todo. Guevara había enseñado fuertemente que no se debía morir el prisionero, y nosotros lo seguimos. Empezó la negociación y nuestro objetivo era cambiarlo por compañeros que estaban presos, pero el gobierno se negaba rotundamente, casi nunca hubo negociación en Argentina. Pasaban meses, Larrabure estaba en una casa, se le daba de comer, pero empezó a estar mal del mate. Santucho había decidido algo muy original, como no nos lo querían cambiar, tampoco podíamos soltarlo por una cuestión de principios, y matarlo, menos, desde ya. Lo peor que nos podía ocurrir a nosotros como organización era que se nos muriera, era la derrota. Entonces, decidimos pedirle que nos de cursos porque era experto en explosivos: “usted se gana la libertad si nos da cuatro meses de cursos de explosivos y lo dejamos libre”. El tipo lo aceptó.

 Cantaba el himno nacional todos los días, estaba mal de la cabeza, estaba encerrado en un cuarto, no teníamos posibilidad de moverlo a un patio, nada. Por supuesto, bien alimentado con guardia permanente. Un día, se ahorcó solo… fue terrible para nosotros, no sabíamos qué hacer. El hecho de que se haya ahorcado era lo mismo que si lo matábamos nosotros. La peor derrota, justamente la victoria para nosotros era mantenerlo vivo, y demostrarle al gobierno que éramos fuertes. Así fue la desgracia, lo dijimos públicamente, que había sido un descuido muy grande de nuestros compañeros.

 

-Cuando se dice que lo encontraron con 40 kilos… ¿Estos mitos se crearon como acción psicológica contra la organización?

-Es mentira, hay pruebas forenses. Un dato más, cuando nosotros asaltamos el cuartel de la ciudad de Azul, en el tiroteo inicial, en combate, muere un soldado. Después, cuando sacaron la información escandalosa, decían que el soldado había sido degollado, que era para sumarle turbulencia a la cosa. Muchos años después, un periodista de Azul se puso a investigar la historia, y me pregunta “¿por qué lo degollaron?”, y yo le respondí: “yo no estuve ahí, podés creerme o no a mí, pero te voy a responder de manera verosímil, yo creo que esa acusación es inverosímil, porque yo creo que no había dentro de nuestra organización un compañero que supiera usar un cuchillo, a menos que fuera un correntino”, le dije a modo de broma. No teníamos ese tipo de entrenamiento, solo con armas de fuego. El periodista siguió investigando, fue a ver la causa, y  vio que el soldado fue asesinado de un disparo… y me llamó para darme la razón.

 

 -¿Qué le genera a usted la visión social-histórica que se le da al militante desaparecido?

-Estoy peleado con todos los organismos de derechos humanos por esto, empezando por Hebe. Yo tengo a mi hermano secuestrado-desaparecido, combatiente y militante de ERP. Y lo que está quedando con la denominación “desaparecido”, es como si un día en este país, los chicos andaban por ahí haciendo travesuras, y vinieron unos militares locos y empezaron a secuestrar gente. Un poco la famosa novelita de “La noche de los lápices“, es eso.

Lo peor de todo esto es que se está destruyendo la historia. Yo no te digo que digan si teníamos o no razón, pero que cuenten lo que fue, lo que intentamos hacer y para qué. La militancia, la vida que pretendíamos, la felicidad que vivimos inmersos en el compañerismo, la fuerza del sueño, eso es lo que se desdibuja. Recuerdo que el grupo estaba en la célula, y no estábamos todo el día hablando de Marx y Engels, hacíamos de todo. Hablábamos de cómo imaginábamos nuestra sociedad en un futuro, cómo iba a ser después de la revolución, porque ninguna de las que había nos gustaba, había que hacerla mejor. De la revolución soviética, ni hablar, nos separaban muchas diferencias. Para Cuba, a pesar de ser nuestra bandera, también teníamos nuestras críticas. Decíamos que la nuestra iba a ser distinta, que no íbamos a cometer algunos errores que percibíamos de estos casos. Bromeábamos sobre cómo iba a ser vivir sin llaves, las reparticiones de las tareas domésticas, imaginar que no hubiera servicio doméstico para los que eran vagos.

 

-¿Qué opinión le genera el Gobierno Nacional de hoy?

-Creo que el gobierno no es peor que otros ni mejor que otros. Mi cuestionamiento con el gobierno no es en torno al manejo que tiene de los derechos humanos. Claro que lo hacen porque es la manera de ganar votos, porque son más vivos de lo que fueron los radicales. Lo están usando muy hábilmente, cosas que pasan con ellos como podría pasar con cualquier otro gobierno.

Lo que sí cuestiono del gobierno es el modelo productivo sojero, que lo ocultan. Condicionan no sólo al medio ambiente, al haber una explotación tan grande de soja expulsan campesinos, los campesinos se transforman en pobres de la ciudad, y entonces el gobierno con parte del dinero que recibe de la soja los contiene, les da un plan. En ese sentido no tiene nada que ver con el peronismo, yo no digo tampoco que el peronismo sea Duhalde. Pero nada tiene que ver esto con el peronismo de la primera época, que agarró un país con mucho dinero, como ahora- aunque ahora me parece que hay más-. Perón industrializó al país, transformó a la gente en obreros  industriales.

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