De la luna

Por Flavia Zuberman*

Ana entendió , demasiado pronto, que siempre es para nunca.
Con la terquedad de siempre y la certeza de nunca siguió caminando. Pero ahora se le perdían las huellas, se le borraba el destino y su plato no estaba servido.
Se le perdió el sol y su tiempo dejó de ser naranja. Se oscureció la noche y la luna dejó de ser blanca.
Por eso pinta. Para mezclar colores, para crear caminos que no se deshacen, garabatear lunas que se vean siempre.

Y de una de esas lunas, un día se baja Ernesto. Y se le mete en su casa, y se le queda en la vida. Acompaña su mirada clara y su paso oscuro. Admira sus cuadros y no le pregunta.
Empieza otro siempre, más blanco que nunca. Ana se deja llevar y sigue pintando.

*Flavia es es maestra, Licenciada en Ciencias de la Educación y Magister en Educación (Formación del lector literario). Le gusta leer, escribir, enseñar, aprender, viajar y cantar. Cuando no lleva a su hija Morena al jardín, ni le prepara la mamadera, ni anda de viaje por laburo se las arregla para inventar alguna cosa como la que nos prestó para publicar en NosDigital.

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