Cintas en peligro de extinción

El Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken guarda en su archivo uno de los espacios más interesantes de la historia cinematográfica argentina. Sin embargo, el poco cuidado y las malas condiciones edilicias ponen en serio peligro esa enorme cantidad de cintas. Aquí, la historia que puede llegar a perderse.

F0tos: Ignacio Hutin.

“La Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a través de la Dirección General de Museos, organizará el tradicional brindis de fin de año del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken en el que se presentarán las obras del Polo Sur Cultural, futura sede del museo”, se puede leer en la página oficial del Gobierno porteño en una publicación del 29 de noviembre de 2005. Bárbaro, por fin el Museo del Cine tendrá un espacio estable y con las condiciones necesarias para que su archivo no se siga deteriorando.

Pero no, esa fue sólo una mancha más en la historia de esta institución que nació en 1971, gracias a la donación de la viuda del ensayista e historiador Pablo Ducrós Hicken a la Municipalidad de Buenos Aires. Siempre con las valijas armadas, el Museo fue mudado cinco veces desde su fundación. La sede inicial fue en el Centro Cultural San Martín, luego se trasladó al ex Instituto Di Tella, actual Centro Cultural Recoleta, y recién en 1998 tuvo su edificio propio en la calle Defensa 1220. Este espacio no cumplía ni remotamente las condiciones necesarias para albergar el patrimonio ni tampoco para la visita de público, pero ante las promesas de mejoras edilicias, se instaló en esa locación.

Las obras nunca llegaron y el museo fue nuevamente movido, esta vez al barrio de Barracas, en donde se alquilaría por 9 meses un local al Correo Argentino mientras se esperaba la concreción del famoso Polo Cultural Sur que tampoco llegó. En 2011 y luego de 7 años en el local “provisorio” se le otorga una sede ubicada en Cafarena 49, que cumple al menos las necesidades museológicas de la institución, aunque el archivo sigue en la antigua sede.

Las condiciones edilicias actuales son mucho mejores pero el problema central continúa latente: el archivo, que es lo más importante de este museo, sigue en riesgo al no tener un espacio con los requerimientos básicos para que, al menos, no siga avanzando el daño causado por la humedad. “La clave en el mantenimiento del fílmico es tener un ambiente frio y seco, pero cada soporte necesita una temperatura distinta. Nosotros estamos muy lejos de tener ese nivel de sofisticación porque necesitaríamos un equipo de solidificación de aire que es carísimo de comprar y mantener o un sistema de climatización central en el que se pueda manipular las temperaturas”, explica la directora del museo, Paula Félix Didier, quien es historiadora y en 2004 realizó un posgrado en preservación de archivo audiovisual en Nueva York, convirtiéndose en la única persona en el país que tiene un título universitario referido a la materia.

Resulta utópico pensar en un Museo del Cine en Argentina que cumpla con los requerimientos mínimos de una institución de este calibre si los insumos necesarios para mantener el patrimonio del mismo se consiguieron, históricamente, mediante donaciones de personas o instituciones privadas. Desde la asunción de Félix Didier, en 2008, se recibieron importantes ayudas de la Fundación Williams y de la universidad donde Didier estudió, la New York University. “Armaron un equipo solidario de 12 docentes, especialistas y expertos en preservación que viajó a Buenos Aires y trabajaron acá durante una semana. Además cada uno dejó una valija llena de herramientas especiales para la mantención de artículos audiovisuales que aún se siguen usando”, relata la directora.

El museo es una institución múltiple porque también cumple la función de archivo y centro de documentación de consulta y tiene necesidades específicas y particulares que requieren de una designación de recursos mayor a la de otras entidades.

“Por lo pronto tenemos un edificio nuevo que nos permite lucir el patrimonio pero aún falta el traslado del centro de documentación, la biblioteca, la hemeroteca y la fototeca que es lo que la gente consulta muy seguido. La idea es tener ahí un lugar como corresponde”, cuenta Félix Didier.

La zona de la nueva sede tiene las condiciones perfectas para poder mudar el archivo hacia aquella zona ya que la vieja usina en la que está el nuevo edificio es una construcción muy grande. “Necesitamos casi 1500 metros cuadrados para el archivo y aunque es muy difícil de conseguir nosotros tenemos espacios libres porque enfrente hay un terreno baldío que es de la Ciudad y la usina misma tiene espacio. Que se concrete alguna de estas dos propuestas sería lo ideal”, continuó la directora.

Mediante la resolución número 2258/11 del 15 de septiembre de 2011 la Defensoría del Pueblo recomienda al Ministro de Cultura del Gobierno de la Ciudad, Hernán Lombardi a “proceder a implementar las obras necesarias en la sede de la calle Agustín R. Caffarena 49, que permitan el traslado de todo el material fílmico que aún se encuentra en los depósitos de la calle José Aarón Salmún Feijóo 555 a los efectos de evitar un mayor deterioro del mismo y para garantizar a la ciudadanía el acceso a dicho patrimonio”.

Al respecto, el defensor del pueblo adjunto, Gerardo Gómez Coronado expresó que “el edificio de la vieja usina eléctrica fue refaccionado y remodelado por el Ministerio de Desarrollo Urbano y tiene espacios, que obviamente son del gobierno de la Ciudad, para que el Museo deposite allí su archivo. El problema es de jurisdicción y de competencia entre funcionarios que no quieren ceder los espacios. Por eso este caso da bronca, porque, al contrario de muchos otros casos en los que le pedimos al Gobierno que haga inversiones muy costosas, acá el edificio ya está y lo que se necesita es la decisión política para que se destinen los depósitos linderos al Museo del Cine. Mientras ellos deciden el material se sigue deteriorando”.

Algunas cintas tienen daños irreversibles y es necesario trabajar para que el mismo no avance. “Estas películas estuvieron en el sótano de la sede de Defensa que se inundaba y a algunas tuvimos que sacarle pedazos deteriorados. Las que corren más peligro son las de acetato que se avinagran y a medida que pasa el tiempo el líquido avanza y se va destrozando el resto de la cinta. Es necesario apurarse para poder rescatarlas”, asegura la directora.

METRÓPOLIS

El Museo del Cine de Buenos Aires adquirió relevancia mundial cuando, en 2008, se descubrió una copia de Metrópolis, uno de los clásicos del cine mundial. En aquel trabajo realizado en 1927, el director alemán Fitz Lang llevó a la pantalla grande una visión futurista de una sociedad dividida en obreros reprimidos e intelectuales privilegiados representada en una ciudad que tenía distintas nivelaciones.

La película original dura 2 horas y media y es por eso que los Americanos de la Paramont, que compraron los derechos en aquel entonces, le cortaron 40 minutos para que sea más comerciable. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, la versión original alemana se extravió. Muchos historiadores y archivistas han ido rastreando y reconstruyendo la película pero había algunos retazos que se dieron por perdidos para siempre.

El historiador argentino, Fernando Peña, descubrió que el distribuidor de aquel entonces, un tal Wilson, traía las cintas directamente desde Alemania, por lo que sospechaba que una copia de aquella obra maestra del Expresionismo alemán podría estar en el país. “Cuando apenas asumí este cargo, me puse como objetivo revisar la colección del crítico de cine Manuel Peña Rodríguez que poseemos en el Museo porque sabíamos que podía estar allí la copia de Metrópolis. Lo llame a Fernando y corroboramos su hipótesis, teníamos la única copia en el mundo de la película”, cuenta la directora Paula Félix Didier y agrega: “a partir de ahí hablamos con los alemanes que no nos creían porque ya la habían rastreado por todos lados y estaban convencidos que no existía tal documento. A través de una entrevista que me hizo una revista alemana ellos se tomaron el tema con más seriedad y me invitaron a Berlín para que lleve una copia. Cuando llegué y se las mostré no lo podían creer. Vinieron a Argentina, la restauraron y luego la estrenaron en el festival de Berlín del año pasado y nosotros en Argentina lo hicimos en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) de este año. Ahora ya salió en DVD y Blu Ray”.

A cambio de este descubrimiento la Fundación Murnau, dueña de los derechos de la película, firmó un convenio con el Gobierno de la Ciudad mediante el cual 3 personas del museo realizaron una pasantía y capacitación en Alemania y la institución recibió 50 mil dólares que fueron destinados a la recuperación de una gran cantidad de cintas de nitrato, que es un material muy inflamable y caro de tratar.

PATRIMONIO

El Museo cuenta con 12 colecciones, 70 mil fotografías en papel, negativos en vidrio, 4 mil afiches de cin, 400 piezas de vestuario, cámaras y proyectores, entre ellas un cinematógrafo Lumiere número 4 que es parte de la primer colección que le dio vida al museo y que está expuesta en la nueva sede, 60 mil latas de fílmico, 2 mil de videos en DVD y VHS, documentos ,recortes, revistas especializadas, libros, decorados, premios y todo lo que tenga que ver con el cine.

El banco de archivo más importante y consultado son las colecciones de los noticieros Sucesos Argentinos, completa desde 1938 a 1972, y la del de Canal 9 de toda la década del 70.

Allí también se guardan joyas del cine nacional como Muñequitas Porteñas, la primera película sonorizada de Argentina y cintas de cine mudo argentino que es prácticamente desconocido y que se daban por perdidas pero que, a través del contrato con la Fundación Alemana, se pudieron rescatar.

POLO CULTURAL SUR

El proyecto del Polo Cultural Sur comenzó a pensarse a fines de la década del 90 cómo un centro cultural que albergaría a los museos de Arte Moderna y del Cine en un mismo edificio. El diseño fue realizado por el prestigioso arquitecto Emilio Ambasz., quien visitó el país en agosto de 2001 para realizar algunos cambios y en una entrevista con el diario La Nación explicó que “la parte más modificada fue la del Museo del Cine” que ahora tendrá “tres pisos para exhibiciones” y que “se está tratando de encontrar un lugar donde poner no sólo las películas, sino también las escenografías, vestidos, fotografías, afiches y demás, que requieren talleres de restauración.”

El proyecto era demasiado ambicioso para un país totalmente en quiebra cómo lo era Argentina en 2001. Se canceló la construcción y a partir de allí comenzaron las innumerables trasformaciones y la caída de 7 licitaciones.

Con la llegada de Macri al Gobierno de la Ciudad la idea reflotó. Tal es así que el Ministro de Cultura Lombardi consideraba a este proyecto como una de las prioridades de su gestión. En la página oficial del Gobierno, el 29 de noviembre de 2005, el PRO anunciaba la obra mediante un festejo y brindis: “El cine argentino ha logrado plasmar su identidad y ha cosechado numerosos premios internacionales a lo largo de su historia, colocando a la Argentina en un lugar de importancia en el escenario mundial”, se puede leer textual en la página oficial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Y claro, porque el cine ha colocado a la Argentina en un lugar de importancia en el escenario mundial, el PRO colocará al Museo del Cine y su importantísimo archivo en un escenario con las condiciones necesarias para que éste pueda seguir existiendo, es más, “la obra abarcará un total de 14.400 m², 8.200 pertenecientes al Museo de Arte Moderno y 6.200 al del Cine. Esta cifra representa un incremento de 3.200 m² sobre los existentes en el primero y de 1.100 m² en el segundo”. Genial.

Como se cuenta en el primer y segundo párrafo de esta nota, nada de eso sucedió. Por eso la Defensoría del Pueblo de Capital Federal envió un solicitud al Ministerio de Desarrollo Urbano para conocer las razones de la exclusión del Museo del Cine del megaproyecto. La respuesta llegó el 26 de abril de 2011 sin mayores detalles más que una “adecuación presupuestaria de la obra”.

“El proyecto del Polo Cultural Sur se desvirtuó por desidia y negligencia de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad y un problema de asignación presupuestaria. Allí se iban a albergar estos dos museos y también otras organizaciones cómo el Centro Cultural Plaza Defensa” cuenta el defensor Gerardo Gómez Coronado y agrega que “otro de los motivos de la no inclusión es que tanto el centro cultural, como el museo del Cine, y cualquier otro organismo que allí iba a ser incluido, necesitaban subsistir mientras se decidía que iba a ser de sus vidas. En ese “mientras tanto”, estas organizaciones se fueron acomodando, de alguna manera, en otros locales y dejaron de estar en situación de emergencia y cuando eso pasa, el gobierno se relaja”.

La directora del Museo, Paula Félix Didier recuerda el momento en que conoció el proyecto del Polo Cultural: “En 1999 yo todavía no sabía qué me iba a especializar en esto y mucho menos que iba a ocupar este cargo. Estaba leyendo el suplemento de arquitectura de un diario y salió una nota muy completa con el plano y todo del megaproyecto. Apenas lo vi supe que eso nunca iba a ser realidad porque era muy ambicioso para la realidad del país. Supuestamente iba a tener tres salas de cine sólo pensar en mantenerlas es una locura. En los papeles era buenísimo, pero se necesitan muchísimos recursos para mantener algo así, por eso me costaba verlo hecho realidad”.

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