“El modelo K es un concepto muy pretencioso”

Continuamos con el ciclo de entrevistas económicas a diferentes personalidades argentinas. Marcelo Ramal, dirigente nacional del Partido Obrero, además de economista y docente de las Universidades Nacionales de Buenos Aires y Quilmes, habló con Nos para ofrecer su versión sobre cómo la economía de hoy afecta cada vida cotidiana.

-¿Cuáles son las principales críticas de la izquierda con respecto al modelo económico?

Fotos: Nos Digital

Lo del modelo a nuestro juicio es un concepto demasiado pretencioso. Lo del kirchnerismo fue básicamente una respuesta improvisada a la situación de bancarrota y de rebelión popular de fines de 2001.

Lo que habitualmente se llama “modelo”, no tiene que ver con este gobierno. Es en realidad la continuidad de políticas implementadas por Lavagna y Duhalde. Que Lavagna haya sido Ministro de Economía dos años más con Néstor demuestra la continuidad de una idea entre Duhalde y Kirchner.

La verdad es que el “modelo” surgió como una respuesta a la crisis económica de la que hablábamos: se devaluó la moneda, se desvalorizaron los salarios, los pequeños ahorristas tuvieron sus recursos congelados y luego pesificados y, en contrapartida, se pesificaron las deudas de los grandes grupos económicos.

Como resultado de esto, se dio una inmensa transferencia de la riqueza de los trabajadores y la clase media al gran capital nacional y extranjero.

Luego, naturalmente tuvieron el impulso de otra situación que fue la recuperación económica internacional de la crisis de 1996/2001, que significó el ingreso de China al mercado mundial y con ello el aumento de la demanda de soja. Sobre esa base Argentina se montó.

En cualquier caso fue una vía de salida a una crisis en base a la desvalorización del salario, la consolidación del trabajo precario y en materia de jubilaciones, aunque el beneficio de este se extendió, continuaron siendo extremadamente bajas.

Quiero resaltar que aparte de estas cuestiones, la crisis desató una ola de privatizaciones. Porque a pesar de que las tarifas fueron parcialmente congeladas, el Estado se hizo cargo de la inversión y en buena parte del mantenimiento a través de un régimen de subsidios que no permite el aumento.

Estas condiciones han llegado a un agotamiento muy claro. Ya lo evidenció el curso de la crisis del 2009 y lo van a volver a evidenciar en poco tiempo.

-¿Cuáles son esos límites?

Varias cuestiones. En el curso de la crisis del 2009 el Gobierno tomó una medida audaz que fue nacionalizar las AFJP. Esto condujo a hacer del ANSES una suerte de AFJP estatal, en el sentido que sus costos están colocados a título de la deuda pública y por lo tanto, como los ingresos dependen de diferentes rendimientos empresarios, los ingresos jubilatorios están condicionados a eso mismo que explicaba.

Los recursos del ANSES se van a agotar. Lo mismo ocurre con las reservas del Banco Central que, en la medida que se dé la fuga de capitales como se ha dado todo este tiempo, se agotarán.

Por eso hay un debate ahora mismo en el propio Gobierno, respecto de si salimos de esta encerrona con un nuevo ciclo de endeudamiento o si apelar a otras cajas, por ejemplo, las de las obras sociales; y en cualquiera de las variantes implementar un ajuste. No es casual que la presidenta en los últimos discursos públicos esté llamando a la moderación salarial, aunque en el último tiempo se esté anticipando un aumento para el año que viene del 18% al 20%.

-¿Si esa medida del Gobierno fue simplemente una salida, por decirlo de alguna manera, cuál fue o sería una salida viable?

Yo te mencioné el límite de los recursos internos, pero el otro factor es la crisis mundial que en el último periodo ha entrado en otra fase.

La crisis mundial es una crisis de la organización social. A partir de este diagnóstico quedan planteados dos caminos: si vamos al rescate del capital, como ocurrió en Estados Unidos, en España, Francia, o cualquiera sea, vamos a ahondar la crisis y básicamente a un traspaso de sus costos a los que trabajan.

El otro camino es interpretar que la crisis del capital exige una salida fuera de la organización social capitalista. Una salida anticapitalista, que a nuestro juicio debe plantear terminar con esta sangría que propone la fuga de capitales. Asumir el control estatal de las bancas y terminar con esta política en la cual los fondos del ANSES están pagando la deuda externa, porque el Estado a través del ANSES está comprando los títulos de la deuda pública.

Sobre estas bases se debería plantear un proceso de reorganización de la economía nacional. Bases completamente diferentes a las actuales. Un planteo de reorganización permitiría formar un fondo de capital en conjunto con un desarrollo agrario de bases diferentes a las actuales, una industrialización y un plan de viviendas y obras públicas destinado no a la especulación inmobiliaria, sino a la vivienda popular.

-¿Cree viable esta alternativa dadas las condiciones sociales que tenemos hoy en Argentina?

Bueno, lo que es inviable es lo que estamos viviendo hoy. Porque se están fugando 3000 millones de dólares por mes, como resultado de lo que están atesorando los capitalistas financieros industriales, a costa de la reserva nacional. Eso es inviable. El país va rumbo a una gran crisis con devalución de la moneda, a otra desvalorización de los salarios.

-Pero en relación a lo que tiene que ver netamente con los actores, ¿cuál es la posibilidad de que ciertos sectores apoyen un proyecto de este tipo?

Ninguna. No lo van a apoyar. Pero la sociedad está compuesta por intereses contrapuestos. Sería interesante contarte que hoy en las usinas del Gobierno, se está discutiendo un ajuste y eventualmente una devaluación. Nadie se pregunta qué van a opinar los actores del mundo del trabajo a raíz de esto. ¿Qué actitud van a tomar los actores del sector del trabajo cuando se desvaloricen otra vez los sueldos? No, nadie tampoco se lo van a preguntar. Los especuladores no van a buscar una salida en contra de sus intereses. Seguramente tratarán de imponer esas medidas coercitivamente. Con esto que estamos planteando pasa lo mismo. Pero hay una diferencia notable entre uno y otro: nosotros estamos planeando algo en beneficio de una mayoría, no de una minoría.

-En relación a lo que plantea la izquierda ¿existe algún país paradigmático en Latinoamérica?

La idea de un modelo o un paradigma me suena como demasiado dogmática. Lo que está claro es que todos aquellos que en la historia se han planteado revolucionar las relaciones sociales no tomaron como referencia los contextos espaciales, sino la constatación de que la sociedad en la cual vivían albergaba contradicciones intolerables que necesariamente debían  transformarse. Nosotros partimos de ese punto de vista, más que la búsqueda de un ejemplo, tenemos la constatación de que son los trabajadores los que hoy, en el contexto de una sociedad capitalista, están llevando una carga demasiado pesada. Y no solo en la Argentina, sino en todo el mundo, como se puede ver en los indignados de Estados Unidos o España.

-No habló hasta ahora de los recursos naturales que supongo que son otro de los cuestionamientos que le hacen al Gobierno. ¿Hay que estatizar?

Ese es otro aspecto muy grave. Porque el kirchnerismo ha preservado las privatizaciones. Es el caso de YPF: ahora resulta que hoy Repsol está siendo objeto de una serie de maniobras políticas en España, que consiste en lo siguiente: empresas que tienen importante participación accionaria en Repsol están presionando para que la empresa cambie su política de distribución de dividendos. ¿Qué quiere decir? Que invierta menos y que le de más ganancias a sus accionistas. Por el simple motivo de que los accionistas están quebrados.

Como consecuencia Repsol también va a invertir menos en Argentina en exploración y extracción de petróleo y va a producir más utilidades al exterior. En un país que se está por quedar sin petróleo en 6 o 7 años, esto es gravísimo.

Naturalmente la estatización es una de las cuestiones que plantea esta crisis mundial en relación a la recuperación de los recursos estratégicos, en este caso, la de YPF. Quiero poner énfasis en que esa recuperación de recursos debe estar acompañada  de una investigación sobre la malversación de fondos de estas empresas para que al país no le quede solamente el patrimonio de una empresa vaciada.

¿Imaginás cómo sería la dinámica de un potencial escenario de expropiación en Argentina?

Una expropiación constituye, en realidad, un paso necesario, pero debe formar parte de una transición. Nosotros como partido político batallamos por un país, una sociedad y una economía dirigida por los que trabajan. Y la reorganización de la estructura económica está dentro de las necesidades. Seguramente una nacionalización del sistema bancario, del comercio exterior, de los recursos energéticos y de los ferrocarriles, constituiría una base y un punto de partida poderosísimo para el desarrollo de una economía sobre bases totalmente distintas a las actuales. Pero no hay que confundir un gobierno de trabajadores con un plan de nacionalización y expropiación indiscriminada. Una sociedad dirigida por lo que trabajan adoptará las medidas que crea necesarias de reorganización en función del interés y el progreso colectivo.

Con respecto a la dinámica en sí, creo que en primera instancia, la nacionalización de ciertos recursos fundamentales sería una palanca para potenciar la reorganización. Luego se irá progresando en otros sentidos.

¿Por cómo está planteada la economía argentina, hay forma de parar la inflación?

La inflación tiene una significación social, una relación desigual entre los distintos grupos empresarios y la fuerza laboral. Porque aumenta el precio de los alimentos, aumenta el precio de la vivienda, aumenta el precio de todo lo que de alguna forma constituye la canasta familiar. Esta es la cuestión de fondo, una presión monumental de la clase capitalista sobre los trabajadores.

Acá la inflación la vemos principalmente en los alimentos. El Gobierno solo puede intervenir limitadamente y no lo consigue frenar, principalmente porque no domina el proceso de comercio exterior. Si este tuviera resortes estatales, el Gobierno podría desenganchar los precios internos de los alimentos de los internacionales.

Vale aclarar que la inflación es un tributo al gran capital agrario y al capital financiero que crece en relaciones sociales desiguales.

Andrés Asiain nos decía la vez pasada que el aumento de la inflación en relación a la suba de los salarios era una relación equilibrada, ¿qué hay de cierto?

Para un sector de la población que tiene convenios colectivos podría ser que sí, pero recordemos que un 40% de la fuerza laboral está precarizada y, por lo tanto, no percibe aumentos por convenios.

Aparte ese tipo de cálculos también son engañosos: un trabajador que sufre en su economía una inflación del 30% en un año, y recién al año siguiente recibe un aumento del 30%, nadie le devuelve lo que perdió durante los 12 meses anteriores.

-Siendo un partido que plantea gobernar para la mayoría, ¿podría encontrar algún defecto por el que a la Izquierda le cuesta llegarle a esa mayoría?

En esta última elección el voto a la Izquierda ha sido alucinante y esto tiene que ser leído en términos de méritos. Estamos en un ascenso político, habiendo logrado recientemente la mayor cantidad de votos en la historia. Por lo tanto, ya no se puede plantear a la Izquierda como una expresión marginal porque en esta elección ha quedado como una referencia política.

Más aún, quiero destacar que, en su gran mayoría, los cortes de boleta corresponden a jóvenes que votaron a Cristina Fernández como presidenta y cortó por la Izquierda. Esto refleja que estamos disputando con el kirchnerismo una misma base social.

-¿Qué tiene el kirchnerismo que ver con este fenómeno?

La participación de los jóvenes la inauguró la Izquierda. El kirchnerismo tuvo que sumarse a esa onda para frenar justamente la tendencia de los jóvenes hacia la izquierda.

El corte de boleta es gente que dijo bueno, le sigo aportando una ficha al Gobierno pero, por las dudas, que tenga el aguijón de los diputados de izquierda. Es un paso político enorme de cara a lo que va a ocurrir, como te dije, el Gobierno va a un ajuste  que perjudicará a los trabajadores y los que simpatizaron o confiaron en nuestro proyecto nos van a tener como una referencia política. Ojo, nosotros rechazamos por completo a lo que se conoce como la oposición tradicional a este gobierno. No tenemos nada que ver con esos tipos. Nuestra oposición al kirchnerismo es desde el campo de los trabajadores y antagónica al resto.

-Y teniendo en cuenta, como usted decía, que tienen una disputa política directa con el kirchnerismo, ¿tienen un objetivo claro en esa discusión?

Conformar una oposición desde otro lugar diferente. Ahora viene un periodo muy complejo en relación al impacto de la crisis, donde se debatirá acerca de las posibles salidas a esta y ahí estaremos. Así como lo hacemos todos los días en las fábricas, en las facultades, con nuestro cuerpo de delegados y con todo lo que hacemos e hicimos siempre. Lo fundamental ahora es instalar al Frente de Izquierda como referencia política, interviniendo en el debate nacional respecto de cómo salimos de lo que se viene.