“El voto no positivo determinó el aumento de alimentos”

Con la idea de desentrañar el mundo económico, comenzamos un ciclo de entrevistas con personalidades destacadas para que nos cuenten qué opinan. Aciertos, críticas, errores y expectativas. En esta primera cita, Andrés Asiain, economista e investigador del Centro de Estudios Económicos y Monitoreo de las Políticas Públicas de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, nos habla sobre el modelo, los subsidios, la inflación, las políticas y medias del Gobierno y nos explicó cómo estamos parados frente a la crisis en este nuevo panorama económico-mundial.

¿Cómo podrías explicar el actual modelo económico? ¿En qué se diferencia de los anteriores?

Tiene que ver con un cambio estructural que se produjo y que permitió realizar toda una batería de políticas antes pensadas como imposibles, porque también cambiaron las condiciones políticas que dieron un margen mayor para tomar medidas que antes no estaban permitidas por la relación de dependencia de la Argentina respecto a ciertos sectores e intereses que imponían medidas a su favor y en contra de la mayoría de los argentinos.

Y esto tiene que ver con una larga historia que se funda en la última dictadura militar con el endeudamiento externo del país. Eso hizo que nos tengan agarrados como lo tienen hoy a Grecia, por poner un ejemplo. Teníamos la obligación de pagar en dólares una cantidad de plata que no generábamos.

Para evitar un descalabro económico los gobiernos se arrodillaban ante los distintos organismos internacionales pidiendo dólares para pagar la deuda. El alfonsinismo no pudo salir de ese encajonamiento en que lo había dejado la dictadura. El menemismo les dio todo a los acreedores externos, les subastó las empresas del Estado e inicio una burbuja especulativa. Vinieron y se compraron todo, metieron moneda extranjera en el país y, con eso, parecía que estaba todo bien pero en realidad lo único que se hizo fue patear el problema para adelante.

Las privatizadas giraban ganancias al exterior, crecían los intereses por la deuda externa y las importaciones alentadas por el dólar barato, y toda esa salida de moneda extranjera tenía que ser financiada con nuevos ingresos de capitales extranjeros. Cuando los capitales privados dejaron de venir y empezaron la retirada, se endeudó al Estado para sostener el esquema. Y la política económica se reducía a hacer lo que quisieran los acreedores para que sigan comprando bonos de la deuda pública con la única finalidad de estirar la vida de la convertibilidad.

Recién en 2002 se rompió esa relación de dependencia cuando Argentina se quedó sin dólares y los acrededores nos dejaron caer. Con eso dejamos de pagar la deuda y entramos en un default en el que no se volvieron a recomponer los pagos hasta después de una renegociación muy dura de esa deuda. Ese dejar de pagar y la terrible crisis a la que fuimos sometidos desgastaron, también, las cadenas de nuestra dependencia.

¿Entonces la crisis abrió un nuevo panorama económico y político?

La crisis contribuyó porque a medida que caía la actividad económica, por consecuencia se derrumbo el consumo, la inversión y con eso también las importaciones. Dejamos de comprar productos de afuera porque no había plata. Nadie tenía un mango. Ese derrumbe de las compras externas, mientras las exportaciones de soja y otros productos generaban un ingreso propio de dólares, permitió incrementar nuestras reservas internacionales. Entonces Argentina pudo estabilizar su moneda dejando de pagar la deuda sin tener que pedir capitales afuera. Ojo, esto a costa de la peor crisis de su historia, de la mitad de la población en la pobreza y de un sufrimiento social enorme. Pero así y todo, eso significo que ni el FMI, ni los bancos extranjeros tengan el poder de someter a la clase política dirigente local. Ese poder de fuego de no te presto y tu economía se cae se había roto porque ya habíamos caído.

El cambio clave es ese. Y eso se tradujo en políticas soberanas.

¿De qué políticas soberanas hablamos?

En lugar de la flexibilización laboral de la Alianza, se dieron aumento por decreto a los salarios y se reabrieron las paritarias para que los sindicatos renegocien mejores condiciones de trabajo. Se incrementó la jubilación mínima y más de 2 millones y medio de jubilados se incorporaron al sistema pese a no tener los papeles en regla o directamente no haber hecho nunca aportes. Se recuperó el sistema de jubilaciones que había sido administrado fraudulentamente por las entidades privadas y se aplicó la Asignación Universal por Hijo. O sea, se implementaron políticas redistributivas a favor de los sectores más castigados en los años de hegemonía neoliberal.

Y también se instrumentó una política cambiaria soberana que desafió las presiones del FMI, que decía que el valor del dólar lo debía fijar “el mercado”. Eso significa, en realidad, darle el poder y casi el control de la economía a los especuladores que tienen la capacidad de intervenir en el mercado cambiario entrando, sacando y moviendo capitales.

¿Y entonces qué hizo el gobierno?

Gracias al fuerte incremento de las exportaciones en medio de un contexto internacional favorable (alto precio de la soja sumado al tercer mundo creciendo y comprándonos productos industriales) nos permitió tener un ingreso de dólares muy fuerte, independientemente del mercado financiero. Y el gobierno lo que hizo con esos dólares es intervenir en el mercado cambiario manteniendo un dólar estable y competitivo.

El FMI quería que el tipo de cambio se vaya a 8 o 10 y así generar hiperinflación. Lo que querían era escarmentar a la Argentina porque esa era una lección para el resto del mundo en términos de dominio político: decían “miren, cualquiera que no quiera seguir atado a nuestras redes va a tener una crisis como la de ellos”.

El gobierno lo que hizo fue administrar el tipo de cambio. Puso un tipo de cambio alto que defendía a la industria nacional desde las importaciones. Porque si vos tenés el tipo de cambio a 4 a 1, una heladera que sale 100 dólares te sale 400 pesos. En cambio si tenés el tipo de cambio 1 a 1, una heladera de 100 dólares sale 100 pesos. Si al productor local le cuesta 300 pesos producir la heladera, con el 1 a 1 cierra la fábrica, pero con el 4 a 1 puede competir, puede tener una ganancia y con eso generar empleo.

Pero el tipo de cambio alto tiene sus inconvenientes distributivos. El exportador de soja, por ejemplo, tiene una muy alta productividad por la fertilidad de nuestras tierras, es muy competitivo a nivel mundial con un tipo de cambio 1 a 1. Entonces, si el gobierno fija el dólar a 4 pesos y la soja está a 400 dólares, el exportador se beneficia porque pasa a recibir 1600 pesos por tonelada. Por eso, la devaluación también fue una transferencia brutal de riqueza al exportador.

¿Y cómo se resolvió ese desequilibrio distributivo?

Por eso lo que se intentó fue mantener un tipo de cambio alto pero con retenciones. Porque tipo de cambio alto era para proteger la industria, no para llenarles los bolsillos a los exportadores que siempre ganaron muchísima plata.

Ahí estalló el conflicto de las patronales agropecuarias. Sobre eso se monto el Grupo Clarín que tenía otras disputas de intereses con el gobierno y aprovechó para darle manija al conflicto del “campo”. Viví

En ese escenario mediático empezaron a perfilarse sectores que eran oficialistas como opositores: entre ellos el vicepresidente Cobos con su voto no positivo. Ese voto no positivo no sólo terminó siendo una derrota política del gobierno que hizo dar marcha atrás la medida, el voto no positivo fue el voto sí positivo al aumento de los alimentos. Decirle no a las retenciones fue decirle sí a que los precios de los alimentos en Argentina lo fijen afuera, es decir, a renunciar a nuestra soberanía y dejar que los precios los fije el mercado mundial. Que en realidad el mercado mundial no existe, solo son grandes actores que tienen decisiones concentradas y hoy en día está dominado por grandes grupos financieros que especulan con las materias primas.

El gobierno intentó frenar eso. Si los argentinos producimos alimentos en la Argentina: ¿Por qué un argentino tiene que pagar el precio de los alimentos al precio que compra un especulador internacional? Entonces decidieron fijar una política de precios locales. Y eso es lo que se intento hacer con las retenciones móviles.

En el contexto del último Día del Niño, por la supuesta falta de una muñeca importada, se puso en cuestionamiento qué es lo que se está haciendo en relación a las importaciones y las exportaciones. ¿Qué hay para decir?

Todos los países del tercer mundo tienen un bombardeo mediático que hace querer imitar pautas de consumo de los países desarrollados. Por el otro lado, estos países, como Argentina, no tienen un sistema productivo que permita sostener ese perfil de consumo. Este es un inconveniente básico del subdesarrollo que genera un problema muy grave. Porque nosotros todos tenemos el último modelo de celular pero no tenemos una estructura productiva que produzca ese celular. Y eso genera un desfasaje entre nuestras capacidades productivas y nuestro perfil de consumo que se manifiesta en problemas económicos que pueden conducirnos a grandes crisis: importamos mucho y no generamos cómo sostener esas importaciones.

Lo que tiene que elegir una sociedad es qué es lo que quiere, si quiere la Barbie a costa de tener la mitad de la población en la pobreza como pasó en 2001/2002.

En la economía se da, como en cualquier otro ámbito de la sociedad, en el sentido de que la libertad individual tiene como limite la libertad de los otros. Entonces la libertad de importar Barbies también tiene que estar condicionada a la libertad de que todos los argentinos tengan un plato de comida, un techo, salud y educación. Por eso nuestro sistema productivo requiere que para que se sostenga todo eso, se administren las importaciones que es que en vez de jugar con Barbies, la nena juegue con otra muñeca de producción local. Son elecciones. Tal vez hay sectores de la sociedad egoístas que, a pesar de esto, prefieren tener la Barbie.

¿En qué medida la crisis internacional nos puede golpear?

Los principales compradores de granos son los países del tercer mundo: China o India. A su vez gran parte de su economía depende de lo que exportan a EEUU y Europa. Entonces nos podría afectar indirectamente. Primero le pega a China o India, y en la medida de que ellos no puedan resolverlo, nos puede afectar a nosotros. Y también hay que tener en cuenta que muchos de los precios de los granos están atados a la especulación financiera. Los grandes fondos de inversión compran alimentos, o petróleo o cobre no para usarlos o producir algo sino simplemente porque especulan que va a valer más en el futuro. Entonces lo compran hoy a 400 creyendo que va a valer 600 el año que viene. Y con eso tienen ganancia únicamente comprando y vendiendo.

Eso hace que hoy en día haya una demanda muy grande de productos. Y un cambio en las condiciones financieras internacionales. Por ejemplo, que Estados Unidos suba la tasa de interés puede hacer que esos especuladores vendan la soja o el petróleo que tienen comprado y pasen a comprar bonos norteamericanos, lo que puede generar que caiga el precio de la soja o el producto que fuese. Es un punto a tener en cuenta. Y también nos da la pauta que a lo que tenemos que apuntar a mediano o largo plazo es a no depender como dependemos actualmente de un producto como la soja; de cada 4 dólares que le entran a la Argentina uno es por la soja.

¿Y la industrialización es una salida?

Es una doble salida. Porque por un lado podés exportar productos industriales y por otro lado dejás de comprar un montón de productos que importamos que son básicamente industriales.

Creo que el gobierno empezó un poco tarde a actuar en ese sentido. Y como ya se están dando cuenta que solamente con políticas cambiarias no alcanza, va tomando medidas cada vez más activas: subsidio para la producción de ciertos bienes, subsidio de créditos, etc.

Por otro lado, hay una toma de conciencia obligada; el tipo de cambio ya no es tan alto como antes y estamos presionados por esta coyuntura en que las cuentas externas a medida que la economía crece (y a una tasa muy alta) aumentan mucho las importaciones, lo que hace que ese superávit grande que teníamos – que hacia que entren dólares porque vendíamos más que lo que comprábamos- se vaya achicando, lo que puede poner en peligro sostener este modelo sin tener que endeudarse.

Una de las críticas que se le hace a este gobierno tiene que ver con la falta de políticas anti-inflacionarias, ¿qué hay con eso?

Desde 2002 a la actualidad hubo 3 etapas. Una primera entre el 2002 y el 2004 ligada a la devaluación, con una inflación de un 20% o 30%: como habíamos hablado, el dólar pasa de valer 1 a valer 3 y eso hace que todos los precios de los productos que importamos se tripliquen, así como también se tripliquen los precios de los productos que nosotros exportamos. Y eso le pegó mucho a los alimentos.

Un período entre el 2004 y el 2006 de baja inflación. No llega al 10%. Está relacionada con una leve recuperación de los salarios. El gobierno da aumentos por decreto. Los trabajadores pueden empezar a recuperar sus ingresos por la reapertura de las paritarias y eso generó una pequeña suba de precios.

Acá sí se da un aumento muy significativo de los alquileres vinculado a cuestiones distributivas y eso se plasma en los servicios por lo siguiente: la devaluación y el aumento de los precios de la soja generó una brutal transferencia de los ingresos de los trabajadores hacia el sector agropecuario exportador y también hacia los tipos que habían fugado capitales durante la convertibilidad. Esos tipos cuando se devaluó quedaron forrados en plata.

Todo eso hizo que haya un sector que tenga mucho poder adquisitivo. En qué la iban a gastar si comprar dólares ya no era negocio, en un banco quién iba a poner guita si acababa de estallar una crisis enorme. Entonces estos tipos empezaron a comprar propiedades. Inversión en ladrillos, lo que generó una demanda especulativa muy grande de terrenos y es lo que explica que tengamos hasta hoy una inflación en alquileres enorme.

Y la última etapa abarca desde el 2007 hasta la actualidad, con una inflación de un 20% o un 25%. Alta en relación al periodo que veníamos viviendo, pero baja en términos históricos. Y lo que sucede es principalmente un fenómeno internacional: entre 2006 y 2007 hay un aumento considerable en los precios de las materias primas fruto de la caída del negocio de la especulación con hipotecas que se dio en 2005 en los EEUU y que hizo que muchos fondos de inversión decidieran invertir un porcentaje fijo de capitales en materias primas. Eso genera un aumento terrible en alimentos.

Argentina exporta alimentos. Y el exportador qué va a hacer si pueden vender el maíz al precio que se lo compran afuera. Entonces la suba del precio de la soja, del maíz y del trigo, se trasladó a la mesa de los argentinos – voto no positivo mediante-. Y eso le pega a todos los alimentos, porque la alta rentabilidad de ese negocio también hace que aumente muchísimo el valor de la tierra por la alta rentabilidad de los agro-exportadores sobre todo los sojeros, aumenta el precio de la tierra y encarece el costo de producir: ganadería, producción de frutas, verduras, etc.

Entonces, a pesar de esta cierta independencia económica de la que seríamos dueños, ¿nuestra estructura productiva continúa atada al mercado internacional?

A lo que estamos atados es a ser exportadores de productos primarios. No tenemos un desarrollo industrial que nos permita ser independientes en términos productivos. Así y todo, estamos en una época en que el alto precio de las exportaciones primarias nos está beneficiando. Lo que nos perjudicó es que no logramos construir un consenso político y social como para disciplinar a los dueños de un sector, a la famosa oligarquía terrateniente de la Argentina, y hacerle entender que este contexto internacional que nos permite ganar independencia económica, no puede solo beneficiarlos a ellos. Tenemos que redistribuir los ingresos, avanzar en políticas industriales, tenemos que avanzar en un montón de medidas. Ese no es un problema de dependencia externa, es un problema de dependencia interna respecto de un sector social.

Hoy en día el gobierno está ganando legitimidad política para disciplinar a ese actor y ponerlo como un actor más de la economía y no como los dueños del país como pretender serlo.

Volviendo al tema de la inflación, ¿Qué hay para decir respecto de la intervención del Gobierno en el INDEC y los índices de precios que provee?

No conozco en detalle el tema de los números, pero creo que la discusión entorno a la información que brinda el INDEC está cruzada por una intencionalidad política. Es aprovechar una medida polémica como la intervención para presentar al gobierno como el responsable de la inflación. Si están midiendo mal la inflación es un problema menor, ¿a quién le calentó alguna vez en toda la historia Argentina cómo se mide la inflación?

Entonces yo digo “¡pará!” Si vamos a pensar en nuestros problemas: en Dock Sud están tomando agua con plomo. La cuenca del Riachuelo está contaminada. Hay una falta enorme de acceso a la vivienda. Toma de tierras en Jujuy. El Parque Indoamericano. Gente viviendo bajo la línea de pobreza. Desempleo, trabajo precario y ¿los medios están dando vueltas sobre cómo es que miden un índice de precios?

Se sobredimensiona el debate de la inflación. Tratan de instalar el siguiente silogismo: como se mide mal, hay inflación. Y como la culpa de que se mida mal es del gobierno, entonces la culpa de la inflación la tiene el gobierno.

Hay que ver las causas de la inflación. No importa cómo se mide, importa por qué la hay.

¿Y una profunda política subsidiaria tiene que ver con esto?

Los subsidios tienen que ver con la inflación porque después de la pesificación, en vez de permitir un aumento indiscriminado de las tarifas, se sostuvo un bajo precio de los servicios subsidiando la rentabilidad empresarial. Eso hace que paguemos el tren casi al mismo precio del 2001. Y a nivel internacional los precios son baratísimos.

Creo que igual debería revisarse la política de subsidios; buscarle la vuelta para que el subsidio sea con una contrapartida por parte de las empresas en términos de calidad del servicio.

El otro tema es que están medio mal aplicados a muchas cosas y en muchos casos como gas, electricidad, agua, etc. se está subsidiando a sectores medios que pueden pagar. No puede ser que se le esté subsidiando el gas a un tipo de Recoleta o de San Isidro, mientras que muchos sectores del pueblo argentino compren la garrafa a un precio altísimo.

Yo creo que se va a hacer algo porque el peso de los subsidios en el presupuesto es muy alto y obligatoriamente se tiene que reformular. Una salida podrían ser los subsidios a la demanda en lugar de la oferta. Que vos le des a los sectores de bajo nivel de ingresos un descuento para viajar, para pagar la luz, el agua o el gas.

Andrés Asiain Economista. Profesor de Crecimiento Económico de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Docente e investigador del Centro de Estudios Económicos y Monitoreo de las Políticas Públicas de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Miembro del departamento de Economía Política y Sistema Mundial del Centro Cultural de la Cooperación. Organizador de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche. Columnista del diario Buenos Aires Económico, y colaborador de numerosos medios gráficos, radiofónicos y televisivos.

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