“El tipo siempre pagaba todo con el cuerpo”

Daniel Miguez conocía a Néstor Kirchner como pocos. Trabajó en Clarín y en Página 12 siguiéndolo para todas partes, compartiendo viajes y miles de anécdotas. En un retrato con muchas historias, este periodista saca el libro Kirchner Íntimo, donde relata detalles que dibujan la silueta del ex Presidente.

“No quería escribir un libro sobre las políticas de Kirchner, pero tenía la necesidad de retratarlo periodísticamente. Eso es lo que yo puedo hacer”. Entonces Daniel Miguez prefirió contar 65 anécdotas significativas, de esas que le sobraban a él que tanto lo conocía al ex presidente. Las ordenó según temática en nueve capítulos -La militancia, El fútbol, Los ídolos, La personalidad, El gobierno y el poder, Cristina, Mundo diplomático, Momentos claves, El periodismo- y las publicó en el libro Kirchner Íntimo. El hombre y el político, por le periodista que mejor lo conoció.

“Muchas veces me habían dicho que escribiera un libro de Kirchner. Les decía que no porque creía que el afecto que yo sentía no me permitiría poner lo malo. Prefería no escribirlo porque los periodistas no tenemos la obligación de ser objetivos, pero sí de ser intelectualmente honestos”, pensó, y se acordó del presidente que le contaba cuando caminando con el Rey de España trataba de mantener el protocolo, pero nunca pudo decir “Su majestad”, apenas “Majestad”, y hasta “Che, majestad”.

Y le agradeció haber sido testigo privilegiado de lo que él consideraba un proceso único en la historia argentina. Privilegiado hasta llegar al baño del despacho presidencial y mantener juntos una conversación cuyo único intermediario era el bastón presidencial.

“Decidí mostrarlo detrás de la escena, tanto en lo personal como lo político. Ahí empecé a macerar la idea de escribirlo. Este año Planeta me propuso hacerlo. Tenía que sacarlo aproximadamente para octubre. Aunque la editorial pensaba que no iba a llegar, yo ya tenía las anécdotas en la cabeza. Solo faltaba corroborarlas con otros que también estaban ahí”.

¿Dejaste muchas afuera?

Como abarqué desde situaciones cotidianas como un partido de fútbol hasta la charla con George W. Bush, o negociando con el Fondo Monetario Internacional, quedaron algunas afuera, pero elegí las más graciosas o las que por algo eran más significativas para retratarlo de cuerpo entero.

¿Una graciosa?

La primera vez que habló con Bush por teléfono, necesitaba apoyo de Estados Unidos para que las condiciones del FMI no fueran tan rigurosas. En ese entonces estaba muy fresco el recuerdo de las relaciones de Bill Clinton con Monica Lewinsky en el Salón Oal. Bush lo invitó a la Casa Blanca y Néstor le replicó: “Shi, Shi, pero yo al Salón Oval no entro, ¿eh?”. Tenía esas salidas muy rápidas.

Hay características que se ven en cada gesto durante todo el libro: “Tenía una determinación a toda prueba, contra todo. Era un optimista increíble, aun en las peores circunstancias, cuando el mundo se le venía abajo y todos a su alrededor estaban desmoralizados. Tenía salidas muy rápidas, muy irónicas. Yo lo vinculo con la voluntad y la alegría de vivir”, dibuja Miguez.

Habiendo salido tantos libros sobre Kirchner desde su muerte, e incluso antes, ¿No tenías miedo de que fuera muy similar a otros como el de José Pablo Feinmann?

El Flaco muestra los diálogos entre ambos. Yo busqué retratarlo en acción, no tanto reflexiones políticas sino su personalidad, por ejemplo.

¿Pensás que hay alguna anécdota que no esté influida por la política?

Seguro. Lo retraté jugando al fútbol, también con los ídolos… Hablando con el Flaco Spinetta, con Diego Maradona, con Joan Manuel Serrat, Víctor Heredia, León Gieco… ahí no hay política. Hay también mucho humor en el libro. Como la que me contó él cuando casi se matan en el avión y Julio De Vido decía “Nos matamos, Néstor, nos matamos”, mientras Aníbal Fernández contaba chistes.

¿Por qué creés que te abrió las puertas?

Se fue estableciendo una relación de confianza entre los dos porque yo fui el primero en cubrirlo específicamente cuando él tenía el 2 por ciento de intención de voto. Yo era el editor de lo que sería la centroizquierda y de la Ciudad de Buenos Aires. Kirchner se me cruzaba en todos los caminos. Había posibilidad de que se aliara al entonces Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, y también podía ser el candidato por afuera del Partido Justicialista, con el Partido de la Victoria. Por un lado o por el otro caía en mi área.

¿Y qué hubiera dicho Néstor del libro?

Yo creo que habrá partes, como siempre, que le hubieran gustado y partes que me hubieran dicho “Eh, ¿qué pusiste?” Muchas veces me llamaba temprano para decirme eso cuando publicaba una nota sobre él en el diario. Mientras yo apolillaba él ya tenía el Clarín, por lo menos, leído hasta el último párrafo de la última nota.

Lo conociste sobre todo estando en Clarín, cuando la relación era todavía cercana.

Yo tenía siempre las primicias de Kirchner por ese vínculo que generamos. Se fue aflojando en la medida en que vio que respeté los códigos y no le jugué sucio. Yo lo respetaba también a medida que veía que no me vendía carne podrida. Eso consolidó la confianza.

¿En esa época se lo contaba primero a Clarín que a Página12?

En realidad, me lo contaba primero a mí. Cuando yo estaba en Página 12, me lo pasaba primero a mí. Aunque también mi salida de Clarín y llegada a Página coincidió con la oposición de Clarín.

¿Tuvo que ver tu salida con la ruptura entre ambos?

Yo sospecho que sí, pero en realidad, Clarín se puso opositor un año y 9 meses después de mi salida.

En los medios se hablaba de un Kirchner prepotente. Nunca lo retrataste así.

Coincidentemente con el conflicto con el campo se lo mostraba como autoritario, despótico y que no escuchaba. Yo nunca lo vi así, y me daba bronca que se publicaran esas cosas. Siempre me pareció injusto que lo trataran de prepotente. Por eso me propuse retratarlo como yo lo conocí: enérgico y de carácter, pero también cálido, justo, apasionado y razonante, muy gracioso y muy optimista. Sabía perdonar. Si un funcionario se mandaba una macana, por ahí él se enojaba, pero en seguida pasaba. Quizás mi libro tiene el riesgo para el oficialismo de que, la característica que unos consideran genial, otros la tomen como un vicio.

También decís que tomaba la responsabilidad cuando otro se equivocaba.

Es una política que se veía también de lejos. Él salía a afrontar los costos de las decisiones políticas, cuando lo normal es que el presidente mande al frente al ministro para preservarse. Él era muy cuidadoso con la información porque decía que los enemigos de Argentina son muy poderosos y anticipar pasos y medidas que iba a tomar daba un campo de ventaja muy grande. Siempre era muy reservado en ese sentido.

También era muy convincente, muy carismático y tenía las ideas muy claras. Juan Manuel Abal Medina me dijo el día después de la muerte: “Si Kirchner te decía que al otro día iba a derogar la ley de gravedad, vos te asegurabas de que te ibas a despertar flotando”.

¿Hay alguna otra diferencia con cómo lo retrataban los medios opositores que vos hayas notado?

Lo de la personalidad es lo más contrastante. Después no porque él era una máquina de trabajar y lo pintaban así, pero diciéndole hiperquinético. Cuando gobernaba él decían, primero que lo manejaba Duhalde, después que lo mandaba Cristina. Cuando asumió ella, que él la conducía a ella.

¿Cómo era la relación matrimonial en cuanto al poder?

Eran un complemento increíble. Cuando uno estaba muy arriba o enojado, el otro lo calmaba. Parecía la ley de la compensación. Antes de que Cobos diera el no positivo, Cristina dijo “Me voy a dormir. Ya sé cómo termina esto: Cobos nos va a traicionar. ¿Ustedes se van a quedar despiertos?”. Néstor, en cambio, se quedó esperanzado hasta último momento, cuando no pudo más que insultar al televisor. “Vamos, vení a dormir”, lo calmó Cristina.

Cuando él era presidente, ella era su principal asesora, y al revés. Era una pareja muy extraña porque ambos tenían capacidad de estadistas y los dos eran muy inteligentes. Lo que sí, él era devoto de Cristina, tenía una admiración que lo hacía brotar.

En varias anécdotas subyace la cuestión de la salud.

El tipo siempre pagaba todo con el cuerpo: las angustias, los nervios de gobernar… Todos los presidentes, salvo algunos que no les preocupa mucho, envejecen. Gobernar es estresante. Lo de Blumberg fue muy fuerte para él. Después del crimen de Axel, a él se le produce una úlcera sangrante del Colon que casi lo mata. Fue pegadito una cosa detrás de la otra. Después de lo del campo y de perder las elecciones del 2009, tuvo dos problemas cardiovasculares: la carótida y lo del stent. Él había perdido las elecciones en junio y en febrero siguiente fue lo de la carótida. Todo ese conflicto de Clarín, campo y las elecciones lo hizo envejecer muchísimo. El segundo episodio, la segunda operación, pasó cuando el gobierno estaba bárbaro y sus imágenes altísimas. Pero ahí ya tenía el cuerpo dañado desde antes. Lo otro que lo derrumbó fue el asesinato de Mariano Ferreyra. En esos días hablé dos veces con él, y lo había visto unos días antes.

¿Demostraba el envejecimiento?

Al contrario. Él hacía todo lo que le recomendaban los médicos salvo parar la militancia. Hacía ejercicios y dieta. Él ya tenía decidido no ser candidato a presidente por eso desde 2009. Quería que Cristina fuera presidenta. Pero igual no era suficiente no ser presidente, tenía que trabajar muchas menos horas.

¿Veías algo del Eternauta en él?

No. Eso me parece una buena alegoría nada más.

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