“El descenso me hizo sentir un boludo”

Enzo Francescoli, una porción fundamental del fútbol rioplatense, cumple medio siglo de vida este 12 de noviembre. Para repasar sus 50, el uruguayo se sentó hablar un rato largo con Nos. Su viejo, esa infancia de potrero en Montevideo, sus sueños cumplidos, su sensación tras el descenso de su querido River, y una sentencia: “Hasta hoy no encontré nada que me llene como me llenaba el fútbol”

Fotos: Nos Digital

Esos pies que ahora están frente a nosotros pisaron los lugares más lindos del planeta fútbol corriendo detrás de una pelota. Esos ojos que ahora se esconden detrás de unos lentes espejados vieron casi todo lo que el mundo de la redonda puede mostrar: Copa América, Mundial, Libertadores, Intercontinental. Son los de Enzo Francescoli, que a pocos días de cumplir 50 años, llega con una camisa celeste entallada que deja ver como todavía conserva su físico de deportista, un perfume importado de los fuertes  y se sienta en un bar en plena calle a tomar un café con Nos para recorrer desde los tiempos en que pateaba potreros durante su infancia en Montevideo hasta estos raros días donde todavía suena extraño decir que River, su River, se fue a la B.

-Vas a cumplir 50 años, si tenés que hacer un balance, ¿qué te dejó el fútbol?

Nunca pensé que me iba a pasar lo que me pasó con el fútbol. Si tengo que resumirlo en unas palabras, he sido tocado por una varita mágica al poder disfrutar y hacer una profesión con lo que más me gusta, que es jugar al fútbol. Obviamente, este deporte fue y será una de las partes más importantes de mi vida, sobre todo en el aspecto profesional, pero también en el aspecto de la vida misma. Porque yo desde que tengo uso de razón tenía pasión por el fútbol, y poder lograr hacer de eso una profesión, ganarte la vida, hacerte un futuro, y un montón de cosas que me pasaron es buenísimo. Ahora viéndolo a la distancia, cuando tenía 17 años y empecé a jugar, me parecía increíble poder lograr esto.

-Si tuvieras que elegir tres momentos de tu carrera, ¿cuáles nombrarías?

-Hay muchos, más en una carrera de casi 20 años. Hay de los buenos y de los malos. En la parte deportiva obviamente la Copa América con Uruguay, en Uruguay, en el 95. Fue mi última gran participación en la Selección, era en mi país, en el estadio donde mi viejo me llevó por primera vez a la cancha, era un poco cumplir todo esto de los sueños del pibe, hechos realidad. Después, la Libertadores con River creo que fue otro punto cúlmine, y mi paso por Europa, me sirvió muchísimo como profesional, pero sobre todo como ser humano.

Hablabas de tu historia desde chico con el fútbol, a pesar de haber sido un jugador de elite, ¿se sienten todavía esas pequeñas cosas del deporte?

– Lo que pasa hoy es que se ha mediatizado tanto el fútbol, que nadie cree en nada. Pero yo creo que Messi debe disfrutar de ponerse la camiseta nacional, y de lograr las cosas que logra. El fútbol tiene eso extra de que te guía para todo. Para la gran mayoría de los que jugamos, primero fue un juego y una pasión que lo hacés de chico, te divertís.

Ya nombraste varias veces a tu papá. ¿Tuvo algo que ver con que te dedicaras a esto?

-Era jugador también, pasa que se lesionó muy joven, a los 17, y un problema en la rodilla en ese entonces, en los ‘40, te dejaba sin jugar. Pero le debo mucho a él de mi carrera, sobre todo por su forma de ser, su personalidad de no claudicar, de tratar de meterle siempre voluntad. La autocrítica profunda que tengo se la debo a mi viejo.

-¿Cómo te formaste como jugador?

-Jugaba en Uruguay mucho en mi barrio. Fútbol de a siete en cancha pequeña. En mi colegio teníamos una selección de once jugadores y siempre participaba, me divertía y la pasaba bien hasta que a los 15 años me vinieron a buscar para ir a un equipo, el Wanderers, y ahí hice un poco de Inferiores. No hice mucho porque lo hacía todo saltándome lugares, con 18 años debuté y fue todo muy rápido. Por eso decía que le debo mucho a mi viejo, porque en ese momento él me acompañó siempre, muy firme, y la seriedad con la que siempre me tomé la profesión tiene mucho que ver con todos esos años.

-Ahora los jugadores entran muy chicos a Inferiores, ¿se perdió un poco eso que viviste en tus inicios de jugar por jugar?

-Es lo que hay. Todo empezó en los noventa, reflejado en las transferencias, los jugadores se van muy jóvenes. Hay una línea entre los 18 y 20 años hasta los 27 que no están en el país, entonces el joven que aparece tiene que armarse solo. Eso en mi época lo vivíamos diferente. Todo influye mucho en la formación del carácter del jugador, sobretodo en la madurez. Llegan muchas veces a Primera con un grado de inmadurez profesional avanzada, pero se hacen camino al andar, como dice la canción.

-Vos también llegaste a River sin estar muy maduro.

-Vine con 21, fue un cambio importante. Por un lado porque me vine solo a vivir a una gran ciudad, acostumbrado a estar en casa. Después el cambio radical de pasar de un club pequeño como Wanderers, que es más una familia, a un club como River Plate, al Monumental y todo lo que significa. Fue muy fuerte, me pegó mucho en un primer momento. Llegué cuando había problemas de descenso, había un cambio generacional. Entonces el primer año fue complicado, tal es así que trataron de transferirme. Por suerte con esto que decía de mi viejo, un poco tano testarudo como yo, trataba siempre de no estar cabeza gacha, me quise quedar. Gracias a Dios me fue bien, esas cosas que parecen del destino. Yo soñaba con ser importante en el equipo, con que la gente me pida autógrafos, que te conozcan… y bueno se desbordó un poco la cosa.

-Después de cumplir metas tan altas en una cancha, ¿cómo se hace para disfrutar de las pequeñas cosas?

-Cuesta, no es fácil porque antes de ser una profesión es una pasión, y como toda pasión lo seguirá siendo siempre. Es difícil dejar a los 30 años algo que te gusta tanto, además si le sumás el cariño de la gente, el reconocimiento a donde vayas. Es todo un cambio dejar el fútbol. En mi caso personal me preparé mucho, la contención familiar fue fundamental, la terapia, tratar de meterme en otra cosa rápidamente, alejarme del fútbol de manera drástica. Por ejemplo, a la cancha de River, volví para mi partido de despedida, que fue más de un año después, y recién al año volví al Monumental, como hincha. Traté de cortar, en eso tuve suerte porque me puse a hacer cosas de televisión con el fútbol, más desde el lado empresarial.

-¿Ni pensaste en ser DT?

-Otro camino posible era ser técnico. No lo elegí en lo inmediato porque en un 90% de la decisión de dejar el futbol fue porque estaba muy cansado de las concentraciones, estaba alejado de mis hijos que empezaban la adolescencia, y veía que me perdía cosas. Y si hubiera optado por ser técnico hubiera seguido un poco lo mismo. Hasta hoy no encontré nada que me llene como me llenaba el fútbol, pero reconozco que no tuve ese vacío que le toca vivir a la mayoría de los jugadores.

-¿Por eso seguís jugando?

-Juego con los veteranos de River. Me enganché, hay un muy buen grupo. Lo que pasa que con esto del laburo viajo bastante y se me complica ir. A veces cuando pasa un tiempo y ya no voy me da no sé qué ir y quedar como un colgado, porque los chicos juegan todos los lunes. Pero me gusta, me entretengo, después cada tanto me invitan a partidos o inauguraciones. Es algo que divierte, todo es más lento y más difícil al jugar al fútbol porque los años pasan. Es otra cosa. Antes, después, durante, se disfruta. Las piernas no están tan rápidas, pero me divierte ver a jugadores que no ves desde hace mucho tiempo, compartir el asado después, anécdotas, recordar cosas. Es una parte muy estimulante, que me alegra y que lo vivo como un gran placer.

-Te sirve para seguir en contacto con River, además.

-Yo soy un tipo al que no le gusta andar metiendo narices donde creo que el lugar es de otros. Entonces mientras haya otros en ese lugar no me gusta aparecer. A veces no voy a los partidos para no incomodar porque la gente empieza a gritar “uruguayo”, o “volvé”. No sé si está bien o mal mi decisión, hago lo que siento. Un día me acuerdo que íbamos a jugar un partido preliminar con los veteranos, me pareció una idea genial, después se pospuso y justo nos quedó una fecha en la cual River se podía consagrar campeón y me pareció que era un lugar que no me correspondía ocupar, un poco por la idolatría y el cariño que me tiene la gente. Pensé que iba a desviar la atención de los chicos que se habían roto el alma para ganar un torneo, y que iban a dar la vuelta.

-¿Por qué te metiste en la política del club hace unos años?

-Me vinculé con un proyecto con el que yo compartía las ideas en cuanto a estructuras, y yo estaba convencido que ocuparía un puesto en el que podía darle una mano a River, y bueno no salió. Soy un hincha más, hoy el técnico es un gran amigo mío y he compartido un montón de cosas con él. Es más, volvió a River porque yo le insistí, seguramente todo dependió de su esfuerzo, pero yo tuve mucho que ver para que el se convenciera de que podía. Me alegra mucho todo lo que le pasa. Creo que cuando uno tiene un lugar como el que me ha dado la gente en River es difícil decir ciertas cosas públicas, u opinar abiertamente, porque creo que influye, influye en el momento del club, en el sentimiento de todos.

-Hace unos años dijiste “River se está pareciendo a Racing”, ¿fue un aviso?

-Es vivir la realidad. A veces el hincha por la pasión que tiene le escapa un poco a la realidad, pero se veía venir. El otro día me preguntaban cómo me sentía como hincha. Si triste, con bronca y dije que un poco de todo eso, como cualquier otro fanático, y le sumé que el descenso me hizo sentir como un boludo. Ahí los hinchas sintieron que yo les decía boludos a todos ellos, la gente deforma bastante las cosas, pero yo creo que este es uno de los pocos torneos del mundo que te avisa que te estás por ir a la B. Que cuando vos te creés que sos impune y que no te va a pasar nada es cuando te pasan las cosas. Creo que River pecó de eso, de creer que sólo con la historia podía, y sólo con la historia no se puede, hay que tener jugadores, hay que tener una estructura, técnicos, dirigentes. Perdés todo. Por eso tomé esa palabra que tanto usan acá, en Uruguay no la usamos mucho, pero en el sentido de que te estaban avisando que iba a pasar. Como si cuando vas al médico que te dicen tenés que parar y no parás…

-¿Creés que es así, que se perdió todo por irse al descenso?

-No, es una mancha. No se muere nadie, hay cosas más graves. Pero sin dudas creo que por la historia, y por lo que significa River en este país, y en el mundo del fútbol, no era necesario pasar por esto. Malos momentos los tenemos todos, y nadie está libre de eso. Cuando vos jugás un torneo que los últimos cuatro se van a la B, bueno, tuviste el peor año de vida y te fuiste a la B, le pasa a cualquiera… Ahora, cuando tenés tres años para poder darte cuenta que estás enfermo, cada vez peor, cada vez con más fiebre y no tomás algo, creo que es un error tuyo. Yo creo que el error este fue de todo River, no sé si es de uno en especial. No me interesa entrar a dar nombres, ni a echar culpas en particular, o mismo decir “si yo hubiera estado ahí no me hubiera pasado”, porque tal vez me pasaba también.

-¿Los viste esos partidos de la Promoción?

-Los ví en España, lamentablemente estaba laburando y justo ese mes estuve allá. Ni siquiera los vi por una televisión. Fue por una computadora. Solo. La verdad que fue duro.

-¿En Europa te preguntaban por River?

-Si, obvio, también me querían hacer notas. Pero traté de no hablar, creo que no era ese el momento, ni tampoco hoy, de decir quiénes puntualmente tienen la culpa. El análisis lo hice un año y medio antes, cuando dije eso que hablamos de Racing, que íbamos a terminar jugando la Promoción. No sólo la jugamos, la perdimos. Y esto no lo digo porque yo tenga la razón, sino porque estando adentro vos te das cuenta que es así. Es como una bola de nieve, cuando las cosas vienen mal el estado de ánimo juega un rol preponderante. En el fútbol y en cualquier otra actividad en la vida, mucho más en una que está expuesta públicamente, todos los días. Si vos te fijás, no es que el equipo de River que se fue a la B era el peor equipo de la historia. Era un equipo normal, quizás no el mejor como pudo tener en otras épocas, pero en un momento de confusión en el club, donde nadie paraba la pelota, donde era todo más crítica que otra cosa, te sumergís en un estado de inestabilidad que no podés salir si no tenés un llamado de atención, un golpe de realidad. Y creo que eso pasó en River, y cuando se dio cuenta se había ido a la B.

-¿Mirás fútbol todavía?

-Sí, claro. Ahora es diferente a mi época. Comparado a los 80, todo ha evolucionado, todo cambia. Ves un fútbol mucho más dinámico, mucho más atlético, mucho menos previsible. Antes, además de ser más previsible, se necesitaba mucha más técnica para tratar de salir de esa dificultad. Hoy creo que esto de la velocidad, del estado físico que tiene los jugadores hace todo mucho menos técnico y más basado en esto nuevo. Pero claro que siempre están las excepciones como Messi, Suarez, Forlán, Higuaín. Jugadores que son diferentes, a pesar de los grandes cambios el jugador diferente sigue siendo la fuerza de este deporte. Te puede gustar más o menos que antes, tampoco creo en esa frase hecha de que “todo lo de antes fue mejor”, obviamente si ves un partido malo añorás lo que pasaba hace unos años, pero  ves jugar al Barcelona y te olvidás de toda crítica. Todas las épocas fueron buenas, siempre hubo buenos jugadores, y va a suceder siempre.

-El mal presente de River es el contrapunto del fútbol uruguayo, ¿es un rejunte de figuras que se acoplaron bien, o es un proyecto que acá no tenemos?

-Es un poco de todo, seguramente es un proyecto, pero hubo otros proyectos buenos antes y que tal vez no anduvieron. Hay un técnico convencido, con mucha experiencia, ya había estado en mundiales, en equipos importantes de Europa. Aparte de ser un gran tipo, el Maestro cuenta con un gran nivel en esta camada de jugadores, muchos juegan en el exterior, con un nivel de edad excelente. Se juntaron un montón de cosas esenciales que pusieron a Uruguay en este lugar, se le ha devuelto el lugar que marca su historia. No sólo en el Mundial lo demostró, también lo confirmó en la última Copa América, seguramente hará lo propio en las Eliminatorias. Es un lindo grupo, están muy concentrados en lo que quieren, hay mucha unidad. Ni en la selección ni en un equipo uno es campeón porque pegó en el palo, sí podés tener ciertas circunstancias casuales que te ayuden, pero se logran cosas como cualquier orden de la vida con cuotas de esfuerzo. Para la cuota de suerte estuvo aquella pelota del penal de Suarez que termina errando el de Ghana.

-Tus gritos de gol cuando eras comentarista durante el Mundial delataron que te sigue apasionando esto de la pelota.

– Hay dos cosas que me movilizan incansablemente detrás de un televisor y son la Selección y River. Después, el resto, no. Me gusta más que gane más Peñarol, o algún equipo de Uruguay que está en alguna copa, pero nada es comparable.

-¿Te animás armar un equipo ideal de ex compañeros?

-Sería injusto hacer un equipo de ex compañeros, serían más de once. El River de los 90s y el Marsella de Francia fueron los dos mejores equipos en los que jugué, quizás. Disfruté más este segundo River porque yo ya estaba más grande, muchas cosas pesaban sobre mi espalda, el grupo, el manejo, que las cosas salieran bien. Y eso no solo me exigía a nivel futbolístico.

-¿Te dejó alguna deuda el fútbol?

Siempre encontrás deudas, y si las que pudiera pensar las hubiera logrado, encontraría otras. Logré muchas más de las que imaginé de chico y mi viejo me llevaba a la cancha, quería un día jugar en ese estadio, no importaba cómo ni cuándo, así que sería injusto de mi lado estar buscando los lugares donde no pude estar, o las cosas que no pude lograr. Ninguna deuda me podría quitar el sueño: el fútbol me ha dado mucho más de lo que podía esperar.

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