Documentos que hicieron historia I

PERÓN HABLA A LOS PERIODISTAS

PRIMERA CONFERENCIA MENSUAL DE PRENSA

20 de diciembre de 1973

Periodista.- En anteriores discursos que usted pronunciara en la C.G.T. hizo referencia a la existencia de una conspiración o de alguna tarea de tipo subversivo. Esas mismas expresiones fueron vertidas aquí, en la Sala de Periodistas, por dirigentes políticos que estuvieron conversando con usted.

Sr. Presidente.- Los comunistas.

Periodista.- Y los demócratas cristianos del Dr. Sueldo.

Sr. Presidente.-

Periodista.- Habló de actividades subversivas que conspiraban contra la estabilidad democrática del país y contra el Gobierno. Yo quisiera saber si usted puede darnos una referencia mayor de cuáles serían esos elementos, y de qué modo habría que ubicarlos.

Sr. Presidente.- Para poder apreciar eso con cierto criterio de racionalidad es preciso pensar que el país está saliendo de una situación difícil; es decir, está en la iniciación de la posguerra. Indudablemente, durante muchos años en el país ha habido una guerra sorda, pero guerra al fin. Una guerra civil que se ha desarrollado por cincuenta mil medios y de distintas maneras; un enfrentamiento irreductible entre sectores.

El buen juicio de un sector de los hombres que actuaban en el poder, que la fuerza les confería, les dio la idea de normalizar institucionalmente al país para que fuera el pueblo argentino quien decidiera el destino futuro. Allí pudieron actuar todos y ser candidatos para el Gobierno, la administración pública, etc.

El pueblo decidió por una gran mayoría que fuéramos nosotros y, por lo tanto, tenemos que estar a la altura de esa responsabilidad. Entonces, lógicamente, iniciamos un camino de pacificación, porque ese es el fin con que se prometió toda esta institucionalización. Dentro de ese concepto, que nosotros apoyamos para la pacificación del país y su institucionalización, comenzamos por una Reconstrucción y una Liberación que son indispensables. Contra eso hay hombres que siguen pensando como antes, que es mejor pelear que ponerse a trabajar para reconstruir el país. Y esos ya no están en la contra, ahora son recontras, como dicen los muchachos.

Es indudable que nosotros no podemos persuadir rápidamente a esa gente; y esos son, indudablemente, los que siguen en la conspiración. Entre ellos hay algunos hombres que todavía creen que una dictadura militar puede ser conveniente para el país. Es decir, no han aprovechado la experiencia del tiempo y del pasado.

Hay otros que quieren copar el Gobierno violentamente, porque creen que hay que poner sistemas más drásticos y duros, empezando a destruir muchas cosas.

Son distintas maneras de pensar. Ellos compran armas y por intersticios entran sus armas; creen que un día podrán hacer algo. Yo lo dudo, pero… ellos están convencidos. Esa gente es la que conspira. En esto hay sectores de ultraizquierda, pero también los hay de ultraderecha.

Eso nos da el derecho de pensar que nosotros estamos en lo cierto; sin embargo tenemos que cuidarnos, pero no violentamente. Yo sé que se reúnen en la casa de “Fulano de Tal”; hablan de esto y de lo otro; pero siempre hay alguno que cuenta; hasta me dicen quiénes estuvieron y qué dijeron. A mí me sería muy fácil ordenar a la policía que detengan a “Zutano” y “Mengano”, y llevarlos presos; pero no, ­¿para qué?, si yo sé que ellos no van a llegar a nada, porque yo he sido conspirador en mis tiempos…

Cuando el pueblo y sus fuerzas políticas están unidas para la defensa institucional, no hay golpe de Estado. Esto sucedió en nuestro país cuando los partidos políticos han ido a golpear a los cuarteles.

Ahora, con la experiencia pasada, no hay nadie a quien se le ocurra semejante cosa.

En cuanto a esos muchachos intolerantes…, bueno, siempre los ha habido. De manera que, puesto que he pasado por todo eso, ¡cómo no voy a estar en claro! No hay que dar por el pito más que lo que el pito vale.

El conspirar no es, por así decirlo, una cosa peligrosa; por lo menos por ahora. Y si podemos conformar una institucionalización firma, con la defensa de todo el poder político de la Nación, no hay fuerza que pueda hacer torcer la voluntad popular. De eso estoy convencido, de manera que no hay que tomar las cosas a la tremenda. ¿Para qué, cuando no es necesario? Lo he dicho muchas veces: soy un general, y obedezco al general que llevo dentro. Pero soy un león herbívoro, un general  al que los años han hecho pacifista y al que no le dá por pelear, porque no quiere pelear.

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