Derrumba y sangra

Las constructoras avanzan y los edificios se nutren mientras el patrimonio cultural arquitectónico de la Ciudad de Buenos Aires se diluye. Sin reparos en la conservación, la demolición de una casa del destacado arquitecto Clorindo Testa en pleno Belgrano será el ejemplo de tantos otros en el resto de la ciudad.

Los taladros rompiendo cemento les robaron el protagonismo a los pájaros en las soleadas calles internas del barrio del Belgrano. De a poco, los grandes edificios hacen lo mismo con las históricas casas de la zona. La identidad de barrio se va volviendo difusa a golpes de martillo, perdida quizá para siempre. Un ejemplo que abre el debate sobre el patrimonio histórico es el de la casa Di Tella, actualmente en demolición. Construida por el reconocido arquitecto Clorindo Testa en 1968 a pedido de Guido Di Tella. La casa, ejemplo del estilo brutalista -característico de Testa en su segunda etapa definida como de “gran expresividad plástica, utilizando el hormigón armado al máximo de sus posibilidades”- ya es prácticamente solo historia: los obreros están trabajando tras los muros azules de construcción sin descanso. Desde la calle se ve que algo queda, una estructura, el esqueleto. La única esperanza que tenía el barrio era que el gobierno porteño compre la casa. Lo interesante es que, de haber tenido tales intensiones, debería habérsela comprado a la Fundación Judaica que tiene emplazado sobre la cuadra la Escuela Comunitaria Arlene Fern cuyo “Rabino Fundador” (sic) es el electo primer legislador por el PRO Sergio Bergman.

En 1968 Guido Di Tella le encargó la construcción de su casa a Clorindo Testa con dos únicas condiciones: quería tener un estudio privado con acceso independiente y un depósito para los cuadros y otras obras de arte. Sobre 838,8 metros cuadrados y asociado con los arquitectos Irene Van Der Poll y Luís Hervía Paul, Testa diseñó una casa de una planta definida como una “metáfora de la casa chorizo, con dos patios centrales y uno al fondo”. La impronta brutalista está en línea no sólo con el estilo que Testa admiraba del exponente del Movimiento Moderno arquitectónico, el suizo-francés Le Corbusier, sino con la obra que el arquitecto argentino diseñó entre 1959 y 1980, donde comprenden edificios como la Biblioteca Nacional de la República Argentina, las sucursales del Banco de Londres, el Hospital Naval Central y el Centro Cultural Recoleta.

Hubo un antecedente de proyecto de ley para que la Casa Di Tella fuese catalogada como patrimonio cultural de la ciudad. Fue presentado en la Cámara de Diputados en 2008 por la ex legisladora Teresa de Anchorena, pero no fue tratado y perdió estado parlamentario. Al darse por enterados de la demolición de la casa, varios sectores salieron en defensa de la obra arquitectónica. La Sociedad Central de Arquitectos, agrupaciones barriales, la fuerza Nuevo Encuentro, muchos fueron los que se opusieron a la demolición, pero no Clorindo Testa quién declaró: “Lo que queda, queda. Lo que no, se pierde; a mi no me molesta para nada, porque las cosas son transitorias. Un edificio es cosa viva, se transforma”.

En la comuna 13 (Belgrano, Nuñez y Colegiales) donde está situada la casa, el flamante comunero de la oposición dio su opinión: “Lamentamos la demolición de la que fuera la casa de Di Tella, una de las pocas obras del movimiento moderno de la arquitectura”, manifestó Carlos Funes de Nuevo Encuentro y agregó: “Desde la fuerza que represento impulsamos políticas públicas de conservación de lugares, edificios y monumentos que, por su valor histórico, arquitectónico y simbólico, nos pertenecen a todos ya que hacen a nuestra identidad cultural”.

Lo interesante del debate que plantea la casa Di Tella, como tantas otras obras arquitectónicas, es:

1 – La casa Di Tella, sea propiedad de la Fundación Judaica, de la escuela, del rabino o de quién fuere, es una propiedad privada. Dónde el propietario está en su derecho de remodelarla o demolerla.

2 – La casa Di Tella no estaba protegida por ninguna ley ni incluida en ningún registro como patrimonio cultural.

En este caso, teniendo en cuenta el valor de la obra, el Estado ¿no debería actuar con inmediatez para salvarla? A la hora de sopesar, ¿qué importa más?: ¿el patrimonio cultural de la Ciudad o la libertad de accionar privado de un/a individuo/fundación? La Sociedad Central de Arquitectos planteó un debate con sus socios sobre estos temas. El ochenta por ciento se encontró a favor de su conservación integra, y un diez por ciento a favor de que se proteja “aplicando medidas flexibles dentro de una protección ambiental que permitiera su reutilización”. Incluso en el mismo documento que circuló SCA, barajaban hipótesis de convertirla en museo o de conservar solo la estructura o que el concurso de arquitectos encargado de la construcción de la futura obra mantenga un “respeto absoluto” por la casa. Debate abierto a futuras obras, bien cerrado para la Di Tella que se va haciendo escombros en las tardes de Belgrano.