San Cristóbal vive

Intervinieron todo el barrio. Buscaron, incluso, cambiar la historia que tan sólo los recordaba por ser la comuna donde Walter Olmos se había pegado un balazo. Y lo lograron. Desde el Teatro El Mandril decidieron salir a pintar las casas de los vecinos compartiendo los gastos y llenando San Cristóbal de colores. Una pinturita quedó este proceso donde los vecinos se juntan a compartir la vida.

-Estamos buscando un barrio a donde mudarnos porque San Cristóbal está feo, en la puerta de casa está parando una banda.

-Yo lo veo más lindo que nunca. Tenemos el subte… Es verdad que sólo hace Corrientes-Caseros, y que en cuatro años construyeron UNA estación, pero no perdió la esencia de barrio y hasta cada vez veo más gente sentada en la puerta de la casa y pibes jugando.

-Bueno, acá doblo. Nos estamos viendo. Y a mí no me gusta.

Caminó una cuadra por la misma cuadra oscura y aburrida de siempre. Miró a un lado, una pareja pajera. Miró al otro, el borracho pesado de siempre, pero “se ve que tomó tanto que se confundió de calle”. Solía apoyarse contra el olmo de la cuadra siguiente, no sin dejar la botella tambaleando sobre el cordón. Llega a la puerta de su casa, le pide permiso a la barra, Sí, señora, perdón, le respondieron a coro.

Al día siguiente se repite la escena.

-Insisto, para mí está más lindo.

-La bandita seguía en la puerta de mi casa. Tomando, fumando y haciendo ruido.

-¿Vos no vivís casi al 1100? Acompañame hasta Humberto I.

-Bueno, dale. Yo para ahorrar unos metros, con lo que me lastiman estos zapatos…

Mentira. No se lo bancaba más. Encima caminar esa cuadra iba a marcar precedente. Todos los días van a tener que hacer 100 metrosmás juntos.

A mí no me gusta, dejà vu y dobló. La misma oscuridad, pero sin borracho. Sí había otra pareja envalentonada con la luz de la luna. Le hizo el rodeo y siguió. Había algunas casas pintadas raras, graffitis con un estilo. Celeste, violeta, rojo, amarillo, pero con un tono especial. Y figuras como de Los Simpson, pero surrealistas. Cruza y el histórico taller del barrio también está pintado. Unos metros después, unas luces y lo que pensaba que era un galpón estaba todo decorado y había dos chicas preparando lo que parecía un teatro. “Todos los miércol… entrada  a la gorra… Todos los ju…Teatro sensorial… Taller de foto… Milonga”, leyó. “Mirá…”, pensó. Cuando desde adentro, la vieron y le hicieron gestos de que pasara, se hizo la sota y huyó.

“Y a mí no me gusta”, le repicó en la cabeza. Y “Cuatro muertos en un choque” y “Tiroteo en San Cristóbal” y “La manzana más peligrosa de San Cristóbal” y “Walter Olmos se mató en un hotel de mala muerte en San Cristóbal” y “Otro choque en San Cristóbal” y “Deán Funes y Estados Unidos. Policía mata a delincuente en defensa propia” y y y. Y a mí no me gusta.

Y otra vez las latas de cerveza, el porro y la banda, y Pase, doña.

Ella no quería Pase-doña. Ni No-se-preocupe-nos-llevamos-las-latas. Quería llegar a su casa, apagar la alarma, comer, prender la tele y que no la molestaran los ruidos. Y taza taza cada uno… Agarró el control, subió el volumen en plena propaganda y destapó la cabeza y Comunidad M, Mudate a un countrie y Se deben terminar los Juicios, porque lo importante es que hay que mirar para adelante.

Saturada, se fue otra vez de su casa. Estaba la vecinita aprendiendo a andar en bici con la madre, Don Carlos tomando mate y tres pibes mirando cómo les había quedado la intervención en la fachada de la casa.

Siguió caminando, vio al borracho hablando con otro grupo en la puerta del Teatro. Saludó y entró. Con vergüenza pasó la puerta, miró la sala al fondo, los sillones, las paredes pintadas con más graffitis, la barra, todo hecho a pulmón. En una mesa, escogió una de las tantas tarjetas: “TEATRO INDEPENDIENTE Nacimos a partir de la necesidad de seguir trabajando en un lugar que nos permita ser familia, compañeros y amigos. Somos creadores y colaboradores estimulándonos mutuamente, intentando darle forma a un espacio a partir de la siguiente premisa: creemos que el arte es un modificador social y personal”.

Salió, dio una vuelta manzana, y escuchó de reoreja a Matías Cremades–el encargado de la pintura- “La idea es intervenir todo el barrio”.

-¿Y cómo podemos hacer para que pintes la mía?

-Si estás en condiciones, me pagás el trabajo, si no, conseguimos las pinturas y arranco en cuanto pueda.

-Por favor. El último graffiti que me había llamado la atención estaba en la casa de acá al lado, la del comisario, y decía: “Transa vende paco”. Y a mí no me gustaba.

Teatro Mandril

Humberto Primo 2758

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