Gascón 123: el derecho a la resistencia

Les tiran, y los quieren bajar. Ya pasaron las elecciones en la Ciudad y las autoridades del gobierno porteño vuelven a la carga por el desalojo de una propiedad en pleno Almagro donde cincuenta familias viven hace décadas. Formaron una cooperativa, un comedor y cada una de sus vidas con esas paredes. Ahora no piensan claudicar.

La puerta de Gascón 123.

En el barrio de Almagro, cincuenta familias luchan por seguir viviendo en el edificio que habitan y mantienen, desde hace más de veinticinco años. Están amenazadas por un nuevo intento de desalojo encabezado, también de nuevo, por el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. En la construcción tiene lugar la Cooperativa de Vivienda Nuevo Horizonte que, integrada por la mayoría de los habitantes del edificio, empuja el merendero y comedor “Casita de Belén”, para llenar las panzas de cuarenta futuros entre sol y sol. Sus manos, de todos los colores, quieren seguir decorando las paredes del lugar que es su hogar.

Sobre la calle Gascón al 123, al lado del puente que cruza el ferrocarril Sarmiento, se emplaza este edificio de seis pisos, ladrillo y revoque a la vista, evidentemente sin terminar. Una pequeña puerta se abrió para que preguntemos por Flavio, habitante y presidente de la cooperativa, que nos esperaba ansioso para que su voz también se haga escuchar.

Flavio llegó al edificio en el ’90, cuando tenía dieciséis años. Allí estaba viviendo su prima y unas cuantas familias más desde hacía diez años. Debido a que muchos vecinos estaban sin trabajo, en ese entonces fundaron a pulmón el comedor “Casita de Belén”,  para sacarle el hambre a unos cuántos. Pero por diferentes motivos tuvieron que cerrarlo un año después.

En el 2001, Aguas Argentinas, ya en manos privadas, notificó a los habitantes del edificio la existencia de una deuda de 23 mil pesos, amenazándolos con cerrar las cloacas en caso de que no la paguen en 15 días. Ante esta situación, los vecinos se agruparon bajo la forma jurídica Cooperativa de Vivienda Nuevo Horizonte, que mantienen hoy día, con el fin de negociar dicha deuda y juntar fuerza bien agarrados de las manos. La propuesta que presentaron consistía en pagar la deuda en dos cuotas quincenales. La empresa accedió. Y al poco tiempo, en el lapso de la peor crisis económico-social de la historia de nuestro país, el comedor y merendero “Casita de Belén” reabrió sus puertas, que aún siguen abiertas para las bocas que lo necesitan.

El desalojo

En el 2006, durante la gestión de Aníbal Ibarra en el ejecutivo de la ciudad, las familias comenzaron a gestionar un proyecto de ley que desafectaba al Gobierno de la Ciudad de la propiedad del edificio, para ser registrada como vivienda social y dar prioridad a sus actuales habitantes. Flavio explica un poco esto: “La idea de la vivienda social es que el gobierno arregle el edificio, y el costo de ese arreglo lo podamos pagar desde la cooperativa por medio de algún plan de financiamiento que nos faciliten. No queremos que nos regalen nada, queremos comprar la vivienda”. No es obvio aclarar que hay fondos estatales destinados a ese fin a través del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC).

Después de incansables idas y vueltas, la ley se trató en la Legislatura porteña en junio de 2008, sesión en que la legisladora Pedreira pidió la palabra:“Este proyecto que hoy tratamos en segunda lectura tiene como propósito mejorar las condiciones de habitabilidad y de seguridad al conjunto de sus ocupantes –los del edificio–, ya que permitirá la realización de las obras necesarias para su puesta en valor que hoy, al estar estos predios dentro de un área afectada a zona ferroviaria, no es posible.”. “Esta propuesta no se contradice ni entorpece el futuro proyecto del Corredor del Oeste, sino que, el día que se concrete, deberá contemplar esta situación social como preexistente. Ambos predios pertenecen al Gobierno de la Ciudad, por lo que la solución habitacional propuesta sería viable.”

Finalmente, la ley Nº2.740 se aprobó el 5 de junio con el voto afirmativo de 37 diputados, incluyendo 17 del PRO.

La justicia duró un mes. A pocos días de asumir, Macri, apelando a la arbitrariedad de un decreto, vetó la ley. Sus argumentos: “Las franjas afectadas por la Ordenanza N° 24802, se encuentran dentro de los Programas propuestos por el Plan Urbano Ambiental destinadas al “Corredor Verde del Oeste” que implica el soterramiento del ex Ferrocarril Sarmiento en algunos tramos y son las únicas reservas de tipo lineal con que cuenta la Ciudad”.

Había que empezar todo de vuelta, desde el principio.

Y Gobierno de la Ciudad todavía no estaba satisfecho.

No quedar en la calle

– ¿Qué pasó después del veto?

–A los 30 días nos enteramos, por medio del Boletín Oficial, que nos iban a desalojar – responde Flavio.

El desalojo se pudo parar porque cortamos la calle –agrega Santiago, habitante del edificio y socio de la cooperativa- cuando vinieron los medios se armó ruido, y desde la misma Legislatura lo frenaron firmando una solicitada.

De esta forma, lograron eludir el primer intento de desalojo en 2008.  Pero el gobierno, insaciable, volvió a arremeter contra las cincuenta familias luego de haber ganado las elecciones locales en este 2011.

Flavio: “Después de que Macri ganó las elecciones, empezó a venir gente de Desarrollo Social y de Promoción Social a hacer relevamientos habitacionales del edificio. Ellos van preparando el panorama para el desalojo —nos revela, con la experiencia que nadie quiere tener—Cuando fuimos al gobierno a averiguar qué pasaba no nos dejaron ver el expediente, pero nos dijeron que había un desalojo notificado desde hacía dos meses, aunque la cédula –el aviso– nunca nos llegó”.

Desde entonces, en Gascón 123 reina la incertidumbre: “No nos llamaría la atención que una noche bajen del camión y nos digan ustedes se tienen que ir. Con el corazón en la boca todos los días no podemos vivir, queremos una solución definitiva”.

Ante el miedo, lejos de paralizarse, las familias organizaron una red de llamadas. Eso que motivó que se acercaran vecinos del barrio y distintas organizaciones culturales y políticas para ver de qué forma podían ayudarlos. Este es nuestro aporte para que aquellas manos pintadas en las paredes sigan teniendo un techo y la panza llena.

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