Gay equipo

En un ambiente homofóbico como pocos, la Selección Argentina de Futbolistas Gay (SAFG)  se abre camino. Desde 2007 recorrieron el mundo atrás de una pelota,  representando a su comunidad y al país. Gonzalo y Cristian, el nueve y el diez del equipo,  nos cuentan su historia: “Para recaudar fondos para un mundial en Londres hicimos un calendario erótico, fiestas, sorteos, de todo. Sabemos que los otros equipos nos van a gritar cosas para que nos vayamos de partido, pero sólo queremos jugar al fútbol ”.

Gonzalo lo tiene bien en claro: el fútbol lo acompaña en casi todos los momentos de su vida. Cuando llegó ese doctor, vestido enteramente de blanco, y le dijo, a sus jóvenes 15 años: “con la rodilla así, vos no podés seguir entrenando”, se le paralizó el alma. Jugaba en las inferiores de Lanús y sentía que ese sueño de levantar una copa con la camiseta Argentina se rompía. Pero tuvo su revancha. Dejó el club granate, también el fútbol profesional y se puso a estudiar, pero pudo representar a nuestro país, muchos años más tarde, y cumplir esa meta que tanto anhelaba, por medio de la Selección Argentina de Futbolistas Gay (SAFG).

La Selección nació a los golpes. Nació por medio de una necesidad, de una verdadera identificación de identidad. En 2007 se realizó el primer mundial gay de fútbol en Argentina, en Buenos Aires. Meses antes de esa competición, se produjo un quiebre, una división en el equipo que representaba a Argentina, Los Dogos. “Querían aprovechar el torneo para sacar beneficios personales, nos decían que teníamos que ir a canales de televisión a hablar, a generar marketing para ellos, cuando lo único que queríamos nosotros era jugar al fútbol y representar a mi comunidad”, afirma Gonzalo Romero. Y todo genera aún más ruido si el que pedía esas cosas era el técnico, la persona que decidía quién jugaba y quién no. Tres meses antes de iniciado el torneo, él y otros cuatro jugadores que se oponían a esos reclamos fueron excluidos del plantel. Se perdían el campeonato.

Era otra vez la misma situación: otra vez un sueño incumplido por una adversidad impensada. “Habíamos trabajado tanto, puesto tanto empeño en jugar que nos daba bronca perdernos esa chance por esa diferencia casi ideológica. Por eso decidimos que era tiempo de crear otra asociación que en su génesis tenga otros valores. Ahí nace la SAFG”, dice Cristian Pare, delantero goleador del seleccionado. En ese torneo no les fue tan bien, el poco tiempo de entrenamiento les pasó factura y terminaron sextos, pero la semilla ya estaba plantada y algo grande ya había nacido.

****

Gonzalo Romero tiene 34 años y trabaja encerrado en una empresa por más de ocho horas al día. Cristian Pare tiene 24 y es enfermero. Ninguno de los dos trabaja de lo que le gusta, no pueden vivir del fútbol, pero entrenan dos veces por semana en los bosques de Palermo con su equipo de selección y juegan todos los domingos en los torneos que se hacen atrás de la ex ESMA. “Jugamos casi los mismos en el mismo equipo desde hace diez años, ya nos conocemos y todos entramos con esos prejuicios internos que te podías encontrar con futbolistas homosexuales”, dice Gonzalo.

-¿Por qué prejuicios?

-Por qué si te guiás en lo que pueden decir los medios o lo que dijeron históricamente, sobre todo en Capital, podemos pensar que los homosexuales que jugamos a la pelota somos locas afeminadas, pero nada que ver, es una realidad totalmente diferente. Al principio ocultaba en todo mi entorno, como lo hacíamos muchos con nuestra condición sexual, pero creo que eso por suerte ya cambió. Ahora pasó mucho tiempo y con otras políticas se abrió la mentalidad. En estos 10 años ganamos muchos campeonatos y ya no lo ocultamos: somos un equipo gay.

-¿Tuvieron problemas alguna vez con algún equipo homofóbico?

-Insultos comunes, pero el equipo está preparado para eso, estamos mentalmente preparados. Sabemos que los otros equipos nos van a gritar cosas para que nos vayamos de partido, para que nos enojemos y peguemos una patada, pero para eso hablamos antes. Los capitanes nos reunimos con el resto y explicamos que tenemos que hacer lo que sabemos hacer y nos apasiona: jugar al fútbol y nada más.

****

Luego del mundial que se hizo en Buenos Aires, la noticia para el seleccionado no fue ese sexto puesto obtenido sino lo que vino después. La organización que dirigía el torneo había decidido mandarles una carta oficial y becarlos para el mundial que se iba a disputar en 2008, en Londres.

“No podían entender que estuviéramos horas antes de cada partido bajando comida y bebida para los 25 equipos rivales, no podían entender nuestra solidaridad propia de ser anfitriones de un torneo y que no buscáramos nada a cambio”, dice Cristian.

Era un sueño hecho realidad. Era pisar suelo londinense representando a Argentina y también a su comunidad. A pesar de la generosa beca- que incluía la inscripción del equipo, la estadía y los movimientos del equipo-, tuvieron que juntar mucho dinero, sobre todo para los pasajes. “Hicimos un calendario erótico, fiestas, sorteos, de todo para llegar de la mejor manera al torneo”, dice Cristian.

Las diferencias al llegar allá eran muy notables. El equipo inglés tenía su estadio propio, su lugar para entrenar fijo, su propia ropa, y ellos la llevaban como podían, festejando poder representar al país y a la comunidad. “Era algo muy shockeante estar ahí, recorrer Europa como delegación, que te respeten en todos los lugares a los que vas y todo representando nuestros colores que tanto nos emocionan”, afirma Gonzalo. Y agrega “el plus es nuestra condición sexual sin tener que ocultar nada, sin tener que reprimirte cosas como nos ha tocado”.

El campeonato duró tan sólo una semana, haciendo que disputen más de un partido por día. De las 54 delegaciones, pudieron obtener un subcampeonato, perdiendo la final con el equipo inglés. “Ya no importaba el resultado ese, ya lo que habíamos conseguido era increíble”.

Después de ese mundial, consiguieron el título en Chile, en Uruguay y se empezó a afianzar un equipo cada vez más sólido. El plus fueron los Juegos Olímpicos de fútbol gay en Alemania 2010, donde también pudieron conseguir una beca y hacer un buen papel.

Al ir a otros países a competir en el último año, les era imposible no hablar de política. “Siempre que viajábamos llevábamos una bandera que dice Argentina = Casamiento igualitario y eso les llamaba la atención a los jugadores de otros países y se asombraban cuando les contábamos de lo que pasó acá en nuestro país”, dice Cristian.

****

Después de más de cuatro años de formado el seleccionado, hoy está más afianzado, siempre regido por los valores por los que fue fundado. “Hoy nuestro equipo no es enteramente de homosexuales, decidimos que lo que nos importa a nosotros es jugar al fútbol y no queremos discriminar a nadie, por eso puede jugar quien quiera”, dice Gonzalo. “Es más, hoy casi un 30 por ciento del plantel es heterosexual y está orgulloso de jugar con nosotros porque saben que son respetados plenamente”, agrega Cristian.

Para ellos está bien claro: el fútbol es su pasión más intensa. No habrán podido llegar a primera división y romperla en los equipos de primera, pero para ellos, el orgullo de representar a un país y a la comunidad a la cuál pertenecen, es algo que merece ser valorado notablemente.

Comments are closed.