Votame que te boto

Elecciones a Jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires. Primera vuelta y ballotaje: la misma historia. Los votantes descartables cooptados por un “te llevo en remise a votar”, que son moneda corriente en la política partidaria en los barrios marginados. El PRO y el FpV compartiendo esa lógica de manipulación y descarte que da asco.

Tradicionalmente, la forma de hacer política dentro de las villas responde a una lógica diferente a la del resto de los barrios no-villas que integran la Ciudad de Buenos Aires. En el lugar donde el Estado se vuelve menos presente, ignorando necesidades tan básicas como urgentes, es donde se maneja un código distinto –o casi se impone por ser única opción- y presenta a la política no como herramienta de transformación, sino como un artilugio de engaño y manipulación. Política del descarte: servís únicamente para votar. Y después arreglátelas.

Al Sur, en el bajo Flores, en el barrio Fátima, estuvimos para no quedarnos con Julio Chávez como El Puntero, con intención de acercarnos un poco más a un mundo que nos intriga por  desconocido y que, a pesar de que en la televisión se nos lo presente como ficción, nos indigna por su cualidad fundamental de realidad.

“Hoy no voté”, nos cuenta Jorge, vecino de Fátima que vive en la calle como puede y confiesa: “Una vez voté. Me llevaron y me dieron 10 pesos a cambio. También fui fiscal de mesa por 30”.

El tipo tiene unos cincuenta años, la cara curtida de haber soportado unos cuantos fríos y las manos sucias de revolver y revolver entre la basura buscando cartón. “Yo no voto por ningún partido. Lo que me da de comer es esto”,  mientras señala una pila de basura entre la que se pueden ver unos pedazos de cartón. “Tenía un plan social que se me cortó y, de eso, el que me lo daba se llevaba una parte”.

Jorge cuenta que vivía en pleno Barrio Norte en una piecita de un conventillo y que lo trajeron junto a su madre a unos monoblocks cercanos a Fátima hace 40 años, “el único gobierno que me dio algo fue el de Perón, y de eso ya pasó mucho tiempo”. “De este lado del barrio no lo queremos a Macri. Pero, acá no más, en Los Piletones están todos con él. Lo que pasa es que allá está el comedor de Margarita Barrientos que apadrinan Macri y Mirtha Legrand. Ahí no les falta nada: dan desayuno, almuerzo, merienda y cena. Es el único al que no le falta nada”.

Margarita Barrientos es la referente del comedor que lleva su nombre. Almorzó en septiembre del año pasado en lo de Mirtha y Mauricio le ofreció en junio una candidatura a diputada. Padrinos ejemplares si los hay.

Tres pibes con remeras del PRO (Macri-Ritondo 2011) se nos acercan: “¿Chicos, ya votaron? ¿No quieren ir a votar? Hay asado y chori. Te llevan y te traen”. Un combo completo de oferta.

Sobre la avenida Mariano Acosta está el local del PRO. Tiene un cartel bien amarillo en la puerta de Mauricio 2011 y, entre el humo de la parrilla, se ve una cartulina un poco más casera que dice: “Te llevamos a votar”. Hay mucha gente en la puerta dando vueltas y unos cuantos autos a disposición para los viajes al sufragio.

Más de lo mismo. A cinco cuadras de ahí, más metido en el barrio, funciona el local de La Cámpora que responde al candidato del FpV, Filmus. En la puerta nos cruzamos con Rosa, una de las encargadas de la logística de este domingo, que nos cuenta que ellos también acompañan a votar a los vecinos. Pero que ellos no hacen firmar nada, aludiendo a que los “militantes” del PRO supuestamente obligan a los votantes que cooptan a dejar por sentado que pasaron por allí. Tiene un par de remises trabajando en el local, ofreciendo el mismo servicio. Dice que la puja en el barrio se divide básicamente entre los que quieren que se quede la gendarmería y votan a Filmus, y los que quieren que se vaya y entonces apoyan a Macri.

Se repite y se repite. En la primera vuelta, el domingo 10 de julio, sobre Iriarte, avenida que atraviesa las villas Zavaleta y 21-24, en la parada del 70 y el 46 de la calle Lavardén, una camioneta F-100 de patente SRT 033 sube gente a eso de las tres de la tarde. Sentados, con un cigarrillo en la mano y caras de aburridos, tres pibes, de las diez personas que estaban en la desordenada fila, conversan entre ellos: “¿Te anotaste ayer?” “Sí. A la vuelta me pagan”.

Una hora después, frente al colegio Sagrado Corazón, a cuatro cuadras de aquella parada, la misma camioneta pone balizas y estaciona. De a uno se bajan y cruzan la Avenida Vélez Sársfield para ahora sí votar. ¿Quién les pagaba y para qué? ¿por qué tenían que anotarse y en dónde?, ¿qué pasa con los que no están en la lista, qué implica?

En el número anterior de Nos, una entrevista al periodista uruguayo Raúl Zibechi arrojó algunas conclusiones a repetir ahora: para las lógicas dominantes, “los de abajo no son sujetos, es una suerte de ´sentido común´ de los de arriba que sólo pueden ser sujetos los que forman parte del sistema. O sea los integrados, los que hablan, visten y se comportan de modo similar a los de arriba. La figura del puntero aparece como intermediario, porque el pobre no puede actuar en política como tal sin alguien que le diga o le indique lo que debe hacer. Las derechas pueden hablar de punteros, y los progresistas suelen hacerlo a través de las políticas sociales que de alguna manera reproducen ese lugar de inferioridad del pobre. Y en ese sentido es que ambas lógicas comparten la misma mirada sobre los de abajo”.

Naturalizar esta lógica de hacer política -la que conocemos y no sorprende-, fabricante de votantes descartables, implica asumir al ciudadano como un simple elemento electoral; enajenándolo, volviéndolo contra sí mismo. ¿Qué pasa con el pibe que vivé ahí y se calza la remera del PRO o defiende a Filmus?, o ¿será que no cambia la vida en el barrio la victoria de uno u otro?

Comments are closed.