Retórica y accionar de las revoluciones

Por la redacción de Historia

Todo el continente americano es atravesado durante agosto del 2011 por un sinnúmero de gobiernos llamados progresistas o populistas, y la discusión sobre sus posibilidades de profundización, radicalización, o mismo transformación, se ponen a debate constantemente en el ámbito político, académico e intelectual.

Frente a esta situación numerosos partidos, organizaciones y pensadores han visto a estos modelos como la oportunidad histórica para lograr por vía constitucional y republicana, la transformación hacia un sistema igualitario, es decir, el socialismo (por ejemplo, la denominada vía bolivariana hacia el socialismo del siglo XXI).

Es desde la sección de Historia donde nos preguntamos la viabilidad, y misma lógica de estos postulados. ¿Es posible la transformación pacífica de un sistema capitalista en uno socialista?

Para responderlo, primero tenemos que señalar que estos proyectos han ido existiendo en el pensamiento político desde casi la emergencia misma del capitalismo industrial: a finales del siglo XVIII y principios del XIX personajes del denominado socialismo utópico como Owen y Fourier, luego en la segunda mitad del período decimonónico, cuando Ferdinand Lasalle puso a discusión dentro del movimiento obrero europeo sobre la posibilidad de generar los cambios “desde adentro” del gobierno de Prusia. Finalmente, la 2da Internacional Comunista de los Trabajadores, en su intento por el revisionismo del marxismo bogó por la lucha democrática, teniendo su experiencia durante la década del 20 en la Alemania de pos-guerra, con la conformación de la República de Weimar, controlada por la socialdemocracia, que terminaría en un rotundo fracaso, con la emergencia de Hitler al poder.

Con esta breve descripción intentamos marcar que la idea de la revolución democrática no es ni nueva ni tampoco está desprovista de sus experiencias históricas.

Pero es en un plano más teórico donde también parece flaquear este ideal. El capitalismo no es “desigual” porque “unos tengan más que otros”, sino porque hay un sector de la sociedad que se ha visto desposeída de los medios de subsistencia y están obligados a vender su fuerza de trabajo por un salario. Así, la diferenciación está en la propia naturaleza del sistema, que en un nivel muy simple y abstracto, se puede dividir entre los que tienen medios de subsistencia y los que no.

De modo que si creyésemos como válido la posibilidad de la transformación por la vía democrática, se deduciría que los terratenientes, industriales, inversores; o los llamados “grupos de poder”, accederían de buena gana a ceder toda su riqueza, sus modos de vida para la conformación de un sistema económico donde la sociedad controle y distribuya equitativamente todo lo que ésta misma produce… ¿Es acaso posible pensar algo así? ¿Por qué la parte adinerada, y además con poder sobre el Estado, haría semejante sacrificio por el bien común? Contrariamente, ¿no harían todo lo posible para evitar perder sus privilegios? La experiencia demuestra que a nivel mundial, siempre que ha habido una iniciativa de cambio, se desplegó la más horrible represión: la América Latina de los 70’ es gran prueba de esto.

Con estas breves palabras ya se abre la posibilidad de reflexionar los discursos y mismo las limitaciones de los gobiernos que florecen en el continente. Porque un país no cambia de modelo por retórica, sino por los actos, porque la palabra “socialismo” o “revolución” solo cobra sentido cuando en la realidad hay por lo menos un esfuerzo, una lucha, por llegar a ese lugar.