Quebracho también puede hablar

Violencia. Vidrios, muebles, paredes rotas. Pintadas. Bombas de pintura. Ésta es la construcción mediática del Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho, la organización que figura en el imaginario del televidente como un grupo de choque. Y nada más. Solo eso. En una entrevista exclusiva con Nos, su dirigente principal, Fernando Esteche, deja en claro que, de todas formas, “los medios no aseguran las conductas sociales” y explica que “como en el caso Fuentealba, cuando hablan de violencia hablan de un vidrio roto, entonces queda soterrado la naturaleza real: el fusilamiento de un docente en una protesta social”.


Estigmatizados –dice- desde los noventa, enjuiciado y encarcelado varias veces, Fernando carga encima calificaciones desde –la más blanda- “violentos” hasta “antisemita” y “terrorista”. Esteche, luego de participar de la marcha en repudio de la represión en Jujuy, nos explica su punto de vista sobre el conflicto en la provincia norteña, la justificación según Quebracho del escrache al puerto que recibió a los barcos de doble bandera (noruega-inglesa), la entrega del premio Rodolfo Walsh al presidente venezolano Hugo Chávez y su escisión entre antisemitismo y antisionismo.

-¿Qué consignas se llevaron en la marcha que acabás de venir?

-Fue convocada por el espacio Memoria Verdad y Justicia, la Corriente Clasista y Combativa y la Central Trabajadores de la Argentina que nucleó también un conjunto bien importante de organizaciones populares; por suerte da cuenta de cuánto le duelen todavía a este pueblo los muertos. Fue una demostración muy fuerte sobre cuál es el límite que las organizaciones populares estamos planteando respecto de los tironeos que se pueden hacer en el marco de la lucha por la construcción de derechos. Repudiamos las muertes y nos solidarizamos con las víctimas. Lo que se está planteando, exponiendo y desnudando tiene que ver con el monopolio Ledesma y Pedro Blaquier que son los dueños de todas las tierras de Libertador General San Martín. Así que se plantea la expropiación de las tierras para resolver el problema de la vivienda.

-¿En esto último se alinearían con el planteo del oficialismo jujeño?

-No lo plantearía en esos términos porque quedar en algo de acuerdo con semejante asesino no es muy simpático. Estamos de acuerdo con que se le expropien las tierras a la familia Blaquier y se las den a los habitantes de Libertador General San Martín para que puedan construir sus viviendas. Ledesma es una empresa que tiene un pedazo del noroeste argentino interesante. Ni siquiera es un problema de sectores desocupados, incluso hay sectores docentes y médicos que están hoy tomando tierras. Lo que está en discusión es la naturaleza y la legitimidad de semejante propiedad. El Apagón de Ledesma año a año es una manifestación que concentra todos los compañeros de todos lados. Nosotros vamos siempre.

El Apagón de Ledesma al que Fernando hace referencia fue la noche del 27 de julio de 1976, en la cual se programó un corte de luz total de todo el departamento de Ledesma en la provincia de Jujuy para que las fuerzas de seguridad integradas por policía, ejército y gendarmería saquearan viviendas y secuestraran a las personas de las localidades de Libertador General San Martín y Calilegua. Este enorme operativo fue posible gracias al aporte de camiones de la empresa Ledesma, en donde se trasportaban a las personas a centros clandestinos. Esa noche fueron secuestradas 400 personas, incluyendo al intendente Luís Arédez que continua desaparecido.

“Yo creo que fue, junto a Mercedes Benz, uno de los dos casos más emblemáticos de manos enchastradas de sangre respecto de la represión directa de los trabajadores y el pueblo”, dice Fernando. Y se zanja el tema. Le pregunto por el conflicto reciente con los barcos ingleses, noruegos o de doble bandera a los que su organización fue a escrachar el 20 de mayo pasado. Del gobierno nacional –a pesar de quién denunció los barcos fue el intendente oficialista Mario Secco- salió a desmentir la procedencia inglesa de los barcos.

-¿Cuál es la versión de Quebracho sobre el escrache?

-Nosotros decimos cuestiones objetivas, las semanas pasadas hubo una manifestación de compatriotas en Río Grande en Tierra del Fuego, encabezada por los partidos políticos tanto del oficialismo como de la oposición, en repudio a estos buques, señalándolos como buques ingleses. El que convocó a esto fue el intendente Mario Secco, que es un tipo muy orgánico respecto a la construcción del oficialismo. Nosotros hemos enviado las posibilidades, a través de nuestra página y Twitter, para que se puedan cotejar los datos de los barcos, que son públicos, y se vea que son de doble bandera. Además se puede ver el contrato que hace el Ministerio de Producción de la Argentina para que se abastezcan estos barcos. El gobierno de Brasil y el gobierno de Uruguay no los quisieron abastecer en solidaridad con el reclamo argentino en Malvinas y el gobierno argentino le hace un contrato de abasto. Y con el ministro Héctor Timerman tuvimos un cruce porque nos mentía en la cara diciendo que eran barcos noruegos. Ahí coincidieron los medios y el gobierno en la construcción de una mentira y estará en la medida del patriotismo de cada uno querer saber cómo sucedió. Lo de Quebracho fue el eje con más notoriedad. Hay un padrón internacional de navegación que tiene registro en Panamá que los tiene registrados como barcos ingleses y noruegos, doble empadronamiento. El gobierno nacional dice que son noruegos a pesar de que el contrato de abasto que tiene con los barcos dice que son británicos. Está en la medida del patriotismo de cada uno: si a nadie le importa que lleguen barcos con bandera inglesa, después de la sangre de los compañeros caídos en Malvinas, y que vengan nada menos que a explorar la plataforma continental para llevarse el petróleo, tendrá que ver con gente que no le importa y funcionarios que reproducen ese mecanismo que hace saqueo minero y lo subsidia. Si nadie toma dimensión es un problema de cada uno de cómo enfrenta la historia. Nosotros podemos comprender que el neoliberalismo nos robó el pasado, vendió las empresas nacionales, las rifó por dos monedas. Y estamos diciendo que un modelo como este –lo de los barcos ingleses incluido- es robarnos el futuro. Es un problema de compromiso con las generaciones futuras. Nosotros a eso reaccionamos. Si no aparecen cuatro muertes no se sabe del problema de vivienda en Jujuy; si no aparece Norma Pláa, no se sabe del problema de los jubilados, si no aparece el pueblo de Cutra-Có no se sabía el problema de las privatizaciones.

-¿Cuál es el significado o la justificación de la violencia?

-Cuando hablan de violencia hablan de un vidrio roto. Es como cuando mataron a Carlos Fuentealba y nos acusaron a nosotros de ser violentos porque la reacción que encontraron los compañeros para repudiar la muerte fue romperle las vidrieras y algunos muebles a un local de Sobich. Entonces eso queda como el hecho de violencia y queda soterrada la naturaleza real: el fusilamiento a mansalva de un docente en el marco de una protesta social. Los medios construyen realidad y la política es espacio público, y el espacio público, lejos de ser la plaza de la antigua Grecia, hoy también son los medios de comunicación. Nosotros somos un producto de eso. Desde nuestro nacimiento como organización sufrimos una estigmatización por parte del menemismo. La primera vez que fui a prisión fue por una causa que me armaron Carlos Corach y Carlos Menem con su amigo el juez Carlos Liporaci, después todos confesos delincuentes. Tenía que ver con desnaturalizar verdaderos conflictos sociales. Seriamos muy arrogantes si pretendiéramos responder cómo ve la gente a Quebracho. De la misma manera sería muy arrogante pretender que Argentina -en un nivel de cultura y de compromiso políticos como hace muchos años no tenía- está al nivel de los medios de comunicación más estupidizados como Marcelo Tinelli y los programas de la tarde. Entonces, si uno creyera que los medios determinan las conductas sociales deberíamos tener entonces una sociedad tinnellizada, y no va por ahí la cosa, es más compleja. Con Quebracho hay sectores que prefieren tener lecturas de primera vista y como lo disruptivo es lo que aparece –la violencia, el vidrio roto- lo asocian, y eso es solo un pedazo muy chiquito del repertorio de construcción política. Los compañeros que vienen con nosotros son de los sectores más vulnerables de la sociedad: muchos recuperados de la falopa, otros inmersos, muchos en dinámica delincuencial, muchos atravesados por la violencia doméstica o del Estado, muchos bajo una situación que definimos como de “proscripción social y política”, de inexistencia por parte del Estado, cuya única noción que tienen del Estado es el policía que no los deja juntarse en la esquina a tomar cerveza o fumarse un porro. Hay comedores populares, hay emprendimientos productivos, grupos de madres que resuelven las cuestiones con los chiquitos, otros que ayudan con los problemas de la falopa.

-El 29 de marzo el presidente de Venezuela Hugo Chávez recibió en la Universidad Nacional de La Plata el premio Rodolfo Walsh. En ese acto compartiste el palco junto a figuras y dirigentes importantes del kirchnerismo ¿cómo explicas esa conjunción?

-El escenario con Hugo Chávez tuvo que ver con que fuimos protagonistas fundamentales en la entrega de ese premio. El año anterior con Evo Morales y el año que viene con Rafael Correa. En agosto viene Lula. Somos parte de la vida académica de la Universidad Nacional de La Plata. Lo que tenía interesante el palco era que las que estaban ahí eran organizaciones populares que tienen un proyecto común con el nuestro pero con una visión de la realidad que no compartimos, algunos creen que enrolados en el kirchnerismo pertenecen a una construcción de carácter chavista, lo cual es un gran sinsentido pero que no quita que compartamos otras cosas. Los que combatimos el neoliberalismo somos los mismos que estábamos en ese palco.

 

-¿Cuál son las diferencias sustanciales entre el gobierno argentino y el venezolano?

-Carlos Escudé dice una cosa que es muy concreta: la gran política exterior del kirchnerismo está enrolada con el Departamento de Estado norteamericano, aunque después hay grandes muecas que lo joden pero que no alteran la naturaleza de la política exterior. Hay dos grandes ejes que no concuerdan con las corrientes latinoamericanas. Una es el caso Irán: la punta de lanza de la estigmatización y, el otro, el canciller que tenemos. Héctor Timerman es un hombre del sionismo internacional. Tienen una política que saludamos: la del Unasur, una Organización de Estados Americanos sin Estados Unidos; Mar del Plata y la sepultura del ALCA. En ese sentido compartimos. A diferencia de Chile que es un país que está absolutamente jugado, o Colombia; nuestro país es un  país en tensión.

 

-Mencionaste a Timerman relacionado al sionismo internacional, por comentarios como estos o por protestas contra el genocidio palestino que ejecuta Israel a usted se la calificó como antisemita.

-Por definición no podemos ser racistas ni antisemitas. Las Naciones Unidas dicen que el sionismo es racista, no nosotros. Estos tipos que nos dicen antisemitas a nosotros se lo dicen también a Pedro Brieger que es de la comunidad, a los compañeros de la AMIA que plantean otro esquema de resolución, les dicen “judío-fóbicos”, como a todo judío que critica al Estado de Israel. Todo eso tiene validez a partir de la creación de un discurso, y es por tipos como Sergio Szpolski o Diego Gvirtz que se supone que combaten la corporación pero son otra y afín al gobierno, pero alineados con el sionismo.

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