“No quiero condenar a ningún individuo”

Carlos Azcurra, en 2005, salió a jugar un clásico en Mendoza, su provincia natal. Hubo lío en la tribuna. La Policía reprimió, él trató de calmar la represión porque su padre estaba en la popular y se ligó un balazo de goma. Perdió un lóbulo del pulmón derecho, perdió mucha capacidad aeróbica y le dijeron que no podría jugar más al fútbol. Pero volvió hace ya un tiempo. Acá cuenta cómo siguió su vida y, desde adentro de las canchas, da una visión de todo lo que involucra al fútbol argentino, Policía y Estado incluídos.

En septiembre del 2005 sucedía un hecho histórico para el deporte mundial: un policía hería de un balazo de goma a un deportista dentro del campo de juego. La insólita situación, sin precedente alguno, la sufrió el futbolista Carlos Azcurra, quien casi pierde la vida por la agresión desmedida e injustificada que recibió por parte del policía Marcial Maldonado, mientras Azcurra trataba de frenar la represión policial desatada por incidentes durante un clásico entre Godoy Cruz y San Martín. Carlos, desde su Mendoza natal, la misma tierra donde vivió aquél momento, cuenta en primera persona lo sucedido, el antes y el después, el papel de la Policía en el fútbol argentino y el trato que recibió de los medios y del entorno futbolístico ante su desgracia.

-¿Cómo sentís que trataron tu situación los medios?

-Yo sabía que al ser un caso tan fuerte, único en el fútbol, me iban a llamar de todos lados. Pero los medios se manejan así, cuando sos noticia te llaman y cuando uno deja de ser noticia ya no sirve.

-¿Cómo fue tu vida después?

-Bueno, cuando estaba en el hospital, en terapia intensiva, recuperándome muy de a poco, los médicos me comunicaron que era muy difícil que volviera a la actividad profesional por la gravedad del impacto de la bala. Perdí un lóbulo del pulmón derecho, perdí mucha capacidad aeróbica y eso en el fútbol es determinante. Tuve comprometidas más partes del cuerpo: me rompí el diafragma, y los órganos hepáticos también estaban comprometidos. Me dijeron que si me recuperaba podía hacer una vida normal, trabajar y hacer deporte 2 o 3 veces por semana, pero no volver a la alta competencia.

-¿Cómo te imaginaste en un principio esa vida normal?

-Me costó entenderlo. De estar en una cancha de fútbol a despertarse a los dos días en un hospital, todo entubado, por todos lados. Sondas por la nariz, la boca, todo. Me desperté así, no entendía nada. A medida que me fui recuperando, aunque los pronósticos eran duros, me esperancé en hacer una vida normal. Me dijeron que podía haber perdido la vida en la cancha. Los médicos no se explicaban como llegué con vida al hospital. Perdí mucha sangre en el estadio.

-¿Cuál fue tu reacción al enterarte de lo que te había pasado?

-Yo no sabia que había pasado cuando me desperté. Cuando recibo el impacto, pensé que había sido un golpe de alguien. Pero después me caí, empecé a  perder aire y sentía que me quemaba por dentro. Me desmayé. Cuando me desperté me contaron qué había pasado. Después vi las imágenes por la tele, a los dos meses, y no entendía porque había reaccionado de esa manera la policía. En la tribuna no había disturbios mayores, y la Policía empezó a reprimir con balas de goma. Yo me preocupé mucho, estaba mi viejo y mi sobrina en la cancha. Entonces me acerqué a pedirles que paren y bueno, me dieron a mí. Traté de buscarle un por qué pero no pude.

-¿Recibiste apoyo?

-En el ruido y cuando estuvieron todos los medios se me acercaron. Cuando es noticia están todos. Pero a los 10 días, cuando ya no es tanta la relevancia, obviamente que los teléfonos los dejan de atender. Uno ve la realidad que tiene que afrontar y hay que darle para adelante, no hay que caerse. Tuve la suerte de que me acompañó, hasta el día de hoy, el gremio de futbolistas. Estuvieron al lado mío siempre. En todo sentido me ayudaron. Desde lo económico, humano, médico. Allí hice la rehabilitación, en Capital Federal, en el gremio. Estuve 8 meses, luego volví  a Mendoza donde continué el tratamiento.

-¿Qué le reprochas al entorno futbolístico?

-Ojalá que sea vea un cambio estructural en todo sentido. En los clubes, en los dirigentes, la seguridad, los jugadores. El gremio que tenemos los futbolistas es muy bueno. Tenemos que aprovecharlo. Pero es muy complejo todo. Por un lado el gremio se portó increíble. Pero por otro lado el Estado, como sabía que iba a haber un juicio en su contra, ya que la Policía es estatal, trató muy mal el tema, lo manejaron mal. Fue un error muy grande de uno de sus empleados, digamos, como es un policía. Entonces, al margen de que hay un juicio de por medio, me tendrían que haber apoyado. Ellos apuestan a la seguridad y fallaron. Deberían haberme dado más apoyo. Es lógico que haya un juicio contra el Estado, yo no lo hice por ganas, pasaron cosas gravísimas. Y el Estado no me apoyo al litigar, ni nada. El juicio terminó ya.  El Estado no se hace cargo de nada, no le da importancia cuando hay negligencias tan obvias y evidentes. Deberían resolverlo más rápido, para la tranquilidad del damnificado. Fui indemnizado, porque llegué a un acuerdo extrajudicial con el gobierno. Ellos intentaron hacerme quedar como el culpable, para que las responsabilidades de ellos sean menos. Eran especulaciones. Hacerme responsable a mí, y no al policía. La condena para Marcial Maldonado fue la mínima. Yo pedí que fuera la mínima. El fiscal me preguntó qué condena quería para el policía y yo le dije que no me interesaba, que no quería que el tipo vaya preso. No me interesa si no va a la cárcel, no quería meter a nadie preso. Entonces, pedimos la mínima, me interesaba que el culpable sea el Estado, no el policía. Como individuo yo lo perdoné a Maldonado. No quiero condenar a ningún individuo por lo que me paso, no tiene sentido para mí. Es más, una vez me lo crucé, cuando a él lo condenaron. Me pidió perdón a la pasada: “Perdonáme, Azcurra”, y le dije  “está todo bien, ya está”. Le recibí las disculpas.

-¿Cuál es tu crítica al papel de la Policía en el fútbol argentino?

-Los policías no están capacitados para grandes espectáculos, de masas. La sociedad está muy impaciente, el fútbol también. No tolera nada. Es complicado para ellos, pero deberían estar entrenados. Debe haber una capacitación especial para la Policía en el fútbol. Uno al pagar sus impuestos les da fondos y eso no va a la capacitación de policías. Hay una falta de compromiso con querer aprender y mejorar la seguridad.

-¿Pudiste perdonar al aparato policial?

-Es difícil. Si me tengo que poner a pensar a quién perdonar y a quién no, se me va la vida. Esto va a seguir igual, no aparenta un cambio. No puedo gastar tiempo en buscar responsables. Tengo mi familia, volví a jugar al fútbol, quiero ocuparme de esto ahora. Estoy bien. Obviamente que no tienen la culpa los individuos. Alguien le da el arma al policía. No le caigamos al él… ¿Quién lo autorizo para que sea policía? Es muy fácil caerles a ellos pero, ¿y los que están más alto? Si no saben manejarse es por algo.

-¿Por qué pensás que los medios usaron tu situación?

-Sin duda, lo hicieron. Me lo dijeron igual. Sergio Marchi, titular de Futbolistas Argentinos Agremiados, me lo advirtió. Él es muy inteligente y me dijo que cuando hubiera ruido iban a estar todos, pero que dos después semanas no iba a haber nadie. Así se manejan ellos. El mundo se maneja así. Tuve la suerte de estar asesorado bien humanamente. El fútbol también me trató así. Mi club se desentendió, todavía me debe plata, pero eso ya no importa. Si vos vendés y podés meter presión te dan un tipo de importancia. Cuando alguien ya no es recordado, uno pierde la fuerza. Pero eso no me ha afectado en nada, estoy tranquilo. Es una cuestión de vender.

-¿No le das importancia a la deuda que tiene San Martin de Mendoza con vos?

-Es tiempo pasado. Me quedaron debiendo un dinero, pero ya pasó. Ya fue, ya pasó, fue en el 2005. Ya no me interesa.

-Volviste a jugar de nuevo…

-Sí, volví a jugar al fútbol. Hice una muy buena rehabilitación y lo logré. Le puse mucha onda. Mientras no pude jugar hice el curso de técnico, empecé la facultad. Siento que estoy bien encaminado. Fue una alegría muy grande volver a jugar. Veía las canchas y me moría por jugar. Cuando corría 100 metros y me agitaba, porque no podía más, fue muy duro. De a poquito fui logrando más y ahora acá estamos, de nuevo en la lucha.

-¿Por qué decidiste empezar una carrera universitaria?

Simplemente busqué más posibilidades. Siempre tuve ganas y al tener un poco más de tiempo luego de lo que me pasó pude empezar.  Estoy en primer año de abogacía y está bueno, me interesa mucho. Ahora que volví a jugar me voy a buscar los tiempos para seguir con el estudio, sin dudas. Me parece muy bueno que el deportista tenga una búsqueda en los estudios. Además, si uno quiere, tiene los tiempos como para hacerlo. No está de más. En los futbolistas mucho no se ve, verdaderamente. Yo no conozco muchos, pero se que algunos lo hacen. Siempre quise y no encontraba los tiempos, ahora veo las cosas de otra manera y quiero volcarme por ese lado.

¿Qué nombre le pondrías a lo que te pasó?

No lo sé. No es accidente, no sé si decirle tragedia. No se cómo nombrarlo o cómo ponerle un título.

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