Mucho más que una misión imposible

Supuestamente por falta de presupuesto, el IUNA realiza un durísimo ingreso para poder empezar a cursar carreras como cine. El curso es muy dificultoso y se lo hace más complicado para que entren más alumnos y así evitar la inversión universitaria. Aquí, el triste relato de un pibe que sufre por las limitaciones para poder estudiar.
Foto tomada de julianenbuenosaires.blogspot.com

Él está sentado pensando en las escaleras de la puerta de su escuela secundaria. Las lágrimas se le juntan en los ojos, pero no caen. Mira en el televisor del bar de al lado a los estudiantes chilenos reprimidos… “Están peor que yo…”. No disfrutó quinto año, el de la joda y descontrol. Se gastó las neuronas pensando qué iba a hacer en este 2011. Todos lo tenían decidido menos él. Quería hacer cine. “¡¿Cine?! Dejate de joder”, lo censuraban desde chico. Logró convencer a sus padres, pero le adelantaron que no podían pagarle la carrera en una facultad privada. Le quedaban dos opciones: entrar en la elitista Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica o al Instituto Universitario Nacional del Arte, donde también tendría que pasar un Curso Preuniversitario.

Pasó las vacaciones frente al televisor mirando películas, ante el escritorio, leyendo y con el teléfono en la mano en el call center. De la cabeza no se le iba el legado familiar, que sus papás no habían podido estudiar, que él que tenía la posibilidad no la podía dejar.
Llegó marzo y la lista de ingresantes a ENERC. La primera etapa ya la había pasado…
Fulanito, Menganito… No estaba.
La presión lo carcomía. Un paso había fallado, en el trabajo empezaba a no vender nada… Estaba distraído.
Empezaba el CPU en el IUNA, sede Yatay. Una buena: le queda cerca de la casa. Audiovisuales también tiene un edificio, ahora, en la calle Rocamora. En cualquiera de las dos sedes lo reciben aulas vacías pese a que ya es época de clases. “Bueno, va a estar tranquilo en cuanto a cantidad de gente…”, se equivoca. Se sienta a hablar con Agustina Manuele, recién ingresada y allegada a la agrupación RebelArte: “Tenés que venir dos veces por semana, son tres materias teóricas: Introducción al Lenguaje Audiovisual, Lectura, Comprensión y producción de texto y Taller de Literatura (el último se había pensado como un apoyo para comprensión que es la materia más dificil y al año siguiente la metieron como materia obligatoria demostrando que el ingreso es un filtro de alumnos). Pero tenete fe”.
Mariana de RebelArte, llega, enfatiza en que el curso es difícil: “Hay materias que son más complicadas que en la carrera. Comprensión de texto del CPU es más difícil que Lenguaje I y II”. Hay más: “Pese a que todos los que tienen siete en cada parcial y, además, en el final de cada materia, el porcentaje es siempre de un 30 por ciento”. Como si no quisieran que entrara más gente.
-Pero… pero… ¿por qué no hay un ingreso irrestricto, como en la Universidad de Buenos Aires? ¿Qué pasa? ¿El arte tiene que ser elitista? ¿No hay presupuesto para el arte?- primero tiembla y después se enerva.
-Te entiendo: el ingreso irrestricto es re aplicable porque lo que estamos pidiendo es que haya una nivelación, no un filtro. Que se nos den las herramientas para poder desarrollar y aprender conocimientos básicos sobre artes audiovisuales para ayudarnos a incorporar esos conocimientos y no que nos echen si no los comprendimos-le responde Agustina.
-Y si no, ¡el estado debería darnos más espacio aún! Es completamente absurdo que se filtre y no dejen a los pibes estudiar e ingresar a una carrera universitaria por falta de presupuesto.
Se va colmado de bronca  y en el camino encuentra un volante de la Agrupación Hugo del Carril, conductora del Centro: “El curso de ingreso debería ser nivelatorio, no eliminatorio. El estudiante debería llegar a cierto nivel de comprensión del contenido para poder acceder a la carrera, y hasta que no lo alcance, que pueda tener todas las oportunidades de poder hacerlo. Apostamos por un curso de ingreso que no restrinja el acceso a la educación universitaria a ninguna persona, por motivos de raza religión, ideología, ni, como es común, de clase. Que la educación pública sirva para educar universitariamente de manera gratuita a toda la sociedad. La universidad como motor de movilidad social”.
Foto tomada de julianenbuenosaires.blogspot.com

Le puso buenos almohadones a la silla de su escritorio, se quemó el bocho y logró entrar. “¡Ya está! Ahora a disfrutar”, pensó. Pero eso de la falta de presupuesto que le quedó picando en la cabeza volvería a ser un obstáculo. Ahora que pasó los exámenes, no sabe a qué materias inscribirse. Las materias que puede cursar ahora que no tiene que trabajar, se le superponen. Mira para los costados y ve otra vez las aulas vacías.

-¿Qué pasa que hay tantas aulas vacías?- le pregunta a Mariana cuando la ve pasar.
-No hay docentes contratados.
-¿Por eso hay tan pocas cátedras y horarios para elegir o siempre fue así? Las materias a las que me puedo anotar están en el mismo momento.
-Las dos cosas. Iluminación y Cámara I, por ejemplo, se superpone con Guion I teórico. Deberías cursarlas en el mismo momento.
-¿Y cómo voy a hacer para aprobar las 56 materias en un tiempo digno y que mis viejos no me maten?
-Empezá a hacer buena letra en el resto de tus tareas.
Se acerca a Manuel Tangir, de la Agrupación Transversal Hugo del Carril, que conduce el Centro y le pregunta cómo sigue, a qué se puede anotar: “En el primer cuatrimestre podés optar entre 12 materias diferentes. No hay límite de materias que te puedas inscribir porque muchas materias no tienen la oferta horaria básica para cubrir, hoy por hoy están suspendidas las correlatividades. Tenés una gama de materias disponibles para cursar muy amplia, algunas de las cuales pueden alcanzar un grado de complejidad realmente avanzado, como por ejemplo ‘Historia sociocultural del arte I’ o ‘Fundamentos teóricos de la formación artística’, que son dos materias del primer cuatrimestre, pero que a la vez son muy difíciles”.
-¿Todo esto por falta de presupuesto?
-La discusión es más profunda, ya que, aunque los estudiantes entran en la carrera, el grado de deserción en el primer año de la misma es altísimo. Por eso intercedemos para amortiguar el número de desertores. Hoy por hoy un ingresante tiene derecho a justificar sus faltas con certificados de salud o laborales, y solicitar certificados a la institución que acrediten que está cursando el CPU. Tiene el precio de apuntes más bajo de todo el país. Si bien el presupuesto es la excusa principal, también hay una gran defensa sindical docente para evitar la competencia de cátedras. Faltan equipos también, pero, por otro lado, hay muchos equipos que por trabas administrativas no podemos utilizar los estudiantes en nuestros proyectos curriculares. Por ejemplo, nunca pudimos sacar las cámaras porque no están debidamente aseguradas, y hay muchas luces sin estrenar que no las dejan sacar porque ‘no están inventariadas’.
Cinco años después, en la puerta de la facultad están Fulanito y Menganito tirándose harina, yerba y huevos. Manuel para al lado y le dice: “en toda la historia de la facultad todavía no se recibió nadie que haya cursado todas las materias. Ellos se recibieron porque salieron de ENERC y completaron acá la licenciatura”.
Foto tomada de julianenbuenosaires.blogspot.com

Comments are closed.