El ojo que arde

Con el Palais de Glace como escenario, los fotógrafos exponen sus mejores obras en la vigésima segunda muestra de ARGRA. Hombres y mujeres invisibles escondidos detrás de las cámaras, aparecen para mostrar imágenes que justifican el darse una vuelta por la expo. Aquí, 260 obras que se liberan de acompañar un texto en un diario y que brillan por sí solas.

La foto del año, de Martín Acosta.

Un grupo heterogéneo de personas que siempre lleva a cuestas su cámara de fotos se agolpa en la entrada, y mientras se deja mojar con un rocío que de a poco va convirtiéndose en lluvia, espera el momento justo para entrar. Son ellos, los fotógrafos, esos a los que nadie conoce por su cara, y pocos distinguen por su nombre. Están reunidos porque hoy es el día. Deciden ir entrando de a poco y subir al segundo piso donde ya hay gente. La vigésimo segunda muestra de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) está colgada en el Palais de Glace lista para rememorar el año que pasó.

Las imágenes de los diarios y las revistas sirven para reforzar la credibilidad de las noticias. Son el imán que capta la atención; el anzuelo que engancha al lector y lo arrastra hasta el borde del texto. Sin las imágenes las letras no sirven, se vuelven una mancha negra al costado de la foto, un engrudo difícil de digerir. Por suerte en esta muestra 260 fotografías se liberan del karma de acompañar un texto y son miradas como una obra completa.

Sin embargo, en el día de la inauguración la fiesta no es de las imágenes. En el día de la inauguración la fiesta es de los autores, de esos que están escondidos detrás de la cámara, esos que más temprano esperaban, ansiosos, en la puerta. Ansiosos porque ya sabían que hoy tienen que cumplir el doble rol de ser espectadores y protagonistas a la vez.

Mientras una Lilita Carrió metida en el mar junto a algunos patitos de hule hace competencia a la imagen a su lado, la de un Aníbal Fernández que posa en cuero delante de una carpa amarilla de un balneario en Villa Gesell, los artesanos de la mirada se gatillan la cámara mutuamente y se regalan las estrellitas de los flashes. Toman vino y se saludan mucho los unos a los otros. Se abrazan y se regalan amistosas palmaditas en la espalda.

Pasan los minutos y de a poquito se emborrachan, copita y copita… Silencio. Algunos se están animando a hablar por micrófono a un público que no es otro que ellos mismos y sus aprendices. Anuncian que la muestra de este año tiene algo en particular: se cumplen treinta de la primer exposición de fotoperiodismo argentino, realizada en plena dictadura del ´81 cuando un grupo de fotógrafos se animó a hacerle frente a la censura. El resultado fue mayor al esperado. En la muestra que duró dos semanas participaron setenta fotógrafos y unos cinco mil espectadores hicieron cola para entrar. Hoy un homenaje que incluye algunas fotografías originales y otras que rescatan el contexto y los autores recuerda esa primera experiencia fundacional para el fotoperiodismo argentino.

Sigo dando vueltas. La toma del Parque Indoamericano, la trifulca en Constitución, el incendio en Neuquén, el velatorio de Néstor Kirchner… Gente por aquí y por allá. Para ver una imagen por unos pocos segundos casi hay que sacar número. Nunca me gustaron las inauguraciones, repito para mis adentros mientras miro el salón repleto de fotógrafos que deambulan buscando más caras para saludar antes de que el horario de cierre los vuelva a arrojar a la llovizna. Se  los ve contentos. Los fotógrafos son buena gente. Los días siguientes ya no habrá nadie… y hasta será un poco aburrido.

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