El invisible detrás de sus obras

Muchos conocerán sus películas. Muchas habrán reído viendo Escuela de Rock. Muchos se habrán emocionado viendo Antes del Amanecer. Pero, aún así, serán pocos los que sepan realmente quién es el director de todo ese compilado de obras. Aquí, Richard Linklater, un tipo del que pocos saben.

Si en una reunión entre amigos, de repente, la conversación vira al tema cinematográfico y alguien menciona su nombre, la mayoría dirá que no lo conoce. Pero si se comienzan a enumerar sus películas, la charla dará la bienvenida a una seguidilla de “Ahhh… ¿ése es?”, que pondrá a todos a pensar cómo es que no lo recordaron antes. Es que Richard Linklater, de cincuenta años, nacido en Texas, Estados Unidos, es el director de varios films que aparecen en cable seguido y que hacen que cambiar de canal sea un tanto difícil: “Escuela de Rock” (2003), “Antes del amanecer” (1995) y, su secuela, “Antes del atardecer” (2004).

Si Linklater hubiera dirigido (y escrito) sólo una de las dos últimas mencionadas, ya alcanzaría para elevarlo al podio de los mejores directores indie de los años noventa. La naturalidad del guión de las películas protagonizadas por Ethan Hawke y Julie Delpy es (a no asustarse por el gran calificativo que se viene) magnánima, y convierte las 24 horas mágicas que los personajes permanecen juntos en una jornada que uno quisiera para sí y algún que otro desconocido.

Con algunas excepciones, la mayoría de films de Linklater transcurren sólo en un día, y sus tramas principales suelen ser conflictos juveniles. Intenta retratar las vivencias de esos rebeldes y raros veinteañeros de su era, aquellos que se fascinan hasta con un papanicolau de Madonna e intentan venderlo para conseguir dinero, como sucede en “Slacker” (1991), un producto aplaudido en Festival de Cine de Sundance de ese año.

También es actor y, antes figurar en las carteleras luminosas de Hollywood, trabajó en una planta petrolera en el Golfo de México. Actualmente se encuentra filmando “Boyhood”, un experimento simil álbum-de-fotos-de-la-abuela que cuenta la vida de un chico, de sus padres, y de sus cambios año tras año. Lo novedoso es que está filmado literalmente según pasan los años, para registrar las modificaciones físicas con la mayor verdad posible.

A continuación, cinco pelis de este texano querible y parecido a Alejandro Lerner:

Tape (2001): primera y principal, antes que ninguna. Ethan Hawke, Uma Thurman y Robert Sean Leonard (“Wilson”, en Dr. House) solos en una habitación de un motel de Michigan conversando. Nada más. Basada en una obra de teatro de un acto, es lo mejor del Mr. Linklater. Una curiosidad es que el cuarto no pertenece a un hotel real, sino que es un set armado.

Antes del Amanecer (1995): el que todavía no la vio es un irrespetuoso del amor (?). Dos extraños (mencionados arriba) se conocen de casualidad en un tren que va de Budapest a Viena. Este film seguramente esté incluido en esas nuevas compilaciones de moda del tipo “101 películas para ver antes de morir”. Además, la actriz es lo mejor de Francia y, para algunos, Hawke un bombonazo. Para el que guste de películas muy habladas.

Antes del Atardecer (2004): nueve años después, la pareja se vuelve a encontrar, pero esta vez en París. Como en la anterior, hay paisajes bellísimos que llevan a pensar que las grandes historias de amor suceden sólo en las grandes ciudades, nunca un suburbio rumano o un Brixton, Inglaterra. Estos dos flacos siguen teniendo mucho de qué hablar. Para enmarcar en un cuadrito: Delpy en la última escena imitando a Nina Simone. 

Waking life (2001): linda, linda, linda. Combina animación y actuación. Es como si las tomas hubieran sido filmadas y, después, dibujadas encima. Se trata de un hombre que intenta diferenciar el sueño de la realidad mientras se hace cuestionamientos existenciales.

Escuela de rock (2003): o “cómo un músico frustrado arma una orquestra de infantes atolondrados y genera mejores canciones que las del Bombardeo del Demo”. Para los amantes de Jack Black y de los actores estrella sub-12.