Vienen por el arte, vienen por todo

El conflicto en la Escuela de Música Popular de Avellaneda continúa con tanta potencia como el primer día. Con problemas edilicios, con promesas incumplidas, con techos que se caen, con pisos que se derrumban, con conexiones eléctricas peligrosas. Sin respuestas. Con un festival de por medio, los estudiantes no abandonan la lucha.

La Plaza Alsina está rodeada. La hermosa y renovada fachada de la Casa de la Cultura a un lado, los artesanos de la feria, sobre la calle Gral. Lavalle, el Paseo Cultural Carlos Núñez, sobre la calle Adolfo Alsina y por la Avenida Bartolomé Mitre, las banderas y carteles: “Basta de saquear nuestra educación”; “estudiantes terciarios contra el recorte presupuestario y el vaciamiento de la educación pública y gratuita”; “En defensa de los institutos de arte”; “No se cubren cargos de profesores y directivos. No se pagan a tiempo los sueldos docentes y se reducen bonificaciones, no se respeta el ‘estatuto del docente’, no se cubren cargos de administrativos y auxiliares”; “La casa de Cultura es solo ‘fachada’ que ya se empieza a caer. Adentro de la casa de Cultura las chapas de los techos y las canaletas están rotas. Las aulas llueven. No hay mantenimiento”; “docentes y alumnos en lucha”. Pero no están solas, fotógrafos, clowns, músicos, dibujantes, pintores, muralistas, ceramistas, actores y espantapájaros las siguen a paso firme. Son los alumnos y docentes de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, el Instituto de Teatro de Avellaneda, el Instituto Municipal de Arte Fotográfico y Técnicas Audiovisuales y el Instituto Municipal de Artes Plásticas  por la Avenida Belgrano. Avanzan sin tregua hacia el centro de la Plaza, hacia el monumento a Nicolás Avellaneda.

Vienen por el arte, vienen por todo. Vienen a contraponer las eternas postales del desamparo estatal y sus blues, sus tangos, sus chacareras, sus cuadros, sus sonrisas, su expresión, la alegría ajena. Pero vienen con política, con poesía. “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”, recuerdan a Brecht.

¡Y vienen unidos! “Estamos acá reunidos por la lucha por las instituciones públicas”, empiezan… porque las categorías no los separaron, los unieron. En IMAP, que funciona en esa Casa de la Cultura que está tan linda por fuera, se usan ácidos para el gravado, pero se lo hace en salas comunes. Se usan pasillos para caminar, pero están llenos del agua que corre desde las únicas dos bachas rotas que hay para que trescientos alumnos limpien sus herramientas. En EMPA, las aulas no son acustizadas ni están ventiladas, se escucha a los de la sala de al lado, hay clases con 90 músicos en un aula de cinco por cinco. En IMDAFTA entraba luz a los cuartos oscuros.

¿O no fueron solo las etiquetas? ¡No! También tienen problemas exactamente iguales: techos que se caen, pisos que se caen, sistemas eléctricos quemados o precarios, mampostería rota, cargos docentes y directivos vacantes porque los concursos o no se respetan o el intendente Jorge Ferraresi los elimina por decreto, títulos no legalizados, cooperativas que cubren lo que debería hacer el estado, como proponen la Municipalidad y el Rectorado del IMDAFTA: estudiantes recaudando dinero para arreglar las aulas trabajando ellos mismos.

Por eso coparon la Plaza el 8 de julio bajo la consigna “Educación pública, gratuita y de calidad”, y entre banda y banda leyeron comunicados a los peatones-espectadores: “No es nuestra función como estudiantes sustentar económicamente a la institución. La educación pública debería ser financiada por la gran cantidad de impuestos que pagamos sin falta todos los días. Sin embargo, todo ese dinero que recauda el Estado no se ve reflejado en nuestras escuelas. Después de largos años dejando petitorio tras petitorio en los escritorios municipales, no hemos recibido respuesta a nuestras necesidades. Aun hoy seguimos enviando petitorios a las autoridades del municipio y del IMDAFTA. Creemos que las instancias se acabaron. La experiencia nos demuestra que solo hemos conseguido beneficios concretos para nuestra escuela cuando salimos a la calle a pelear por lo que creemos justo”.

Nancy Posso, docente de IMAP, agrega algunos datos interesantes: “El intendente sacó un decreto para que los docentes no concursemos y pueda elegir a dedo. Ferraresi nos dijo en mayo: ‘En 30 días nos juntamos a festejar’. Además, le dio un espacio a Augusto Pugliese, coordinador de arte de la municipalidad y amigote suyo para hacer esculturas en el Paseo Cultural Carlos Núñez por las que se paga hasta 20 lucas, cuando los docentes los hubiéramos hecho solamente por placer y honor, en un espacio que nos identifica”.
Cuando llega el frío, ése que también entra en la EMPA y la rota instalación eléctrica no rechaza, las banderas se guardan con una mínima esperanza de no volver a salir. El arte y sus creadores se refugian en la Casa de la Cultura para hacer una asamblea y definir cómo seguir creando en conjunto.