“Tuve miedo de no poder seguir escribiendo”

Cuino Scornik hace una actividad mucho más que particular: le escribe algunas letras de canciones a Andrés Calamaro. Temas como Mil Horas o Estadio Azteca son de su autoría. Pero su historia es mucho más profunda. Acá, habla de sus adicciones y del temor que sintió cuando dejó las drogas.

Marcelo “el Cuino” Scornik abre las puertas de su nuevo departamento, presenta a su novia Guadalupe y de fondo no se escucha su disco Basta Cuino ni ninguna canción de las que escribía inmediatamente después de que Andrés Calamaro lanzara “Mirá lo que tengo”, como “Estadio Azteca”, “Mil horas”, “Clonazepán y circo”, “El Salmón” o “No me pidas que no sea un inconsciente”. Se escucha Let them talk –“gran título”-, el disco de Hugh Laure, el actor que representa a Doctor House. Cuino mira de reojo las tapas de las revistas Play Boy que dejó sobre cajas todavía no acomodadas de la mudanza y ofrece “un tecito de hierbas, un tecito común, café, Coca Light”.

Ya echado sobre su sillón, se reconoce no como un poeta o músico, sino como un “hacedor de canciones”, recuerda los primeros temas que escribió: “Nunca dejamos para después una canción que habíamos empezado. Mil horas’ fue la excepción, porque en realidad la estrofa no era tal como la conocemos hoy. Era más bien una especie de bolero muy lindo que se cambió mucho tiempo después en casa de los papás de Andrés. El estribillo sí se mantiene”.

¿Surgió por la guerra de Malvinas? ¿Es una apología a las drogas?

Era la época de Malvinas. En el momento de escribir la canción, no nos transmitimos eso. No sabíamos por qué la estábamos escribiendo. Eso no se hace. Te das cuenta después. Sí nos pegaba mucho a todos, y a nosotros mucho más porque teníamos compañeros de colegio o amigos con los que habíamos estado fumando un porro o tocando rock… No es una carta de un chico de las Malvinas, pero puede ser todo. El cohete en el pantalón puede ser el pito duro o puede ser un porro muy bueno. Hay muchas opciones. Podía estar esperando a una chica, a un transa, a un amigo. Bah, a un amigo no es tan común, porque a los 15 minutos los mandás a la concha de su hermana.

Solés decir que las drogas no te inspiran…

Me drogaba todo el tiempo, o sea que lo que hacía era drogado. Estar drogado era mi estado natural. No sé si me inspiraban. Calculo que no. No consumía para ponerme a escribir. Tampoco consumía para ponerme a coger. Ya estaba duro mucho antes. Dejé las drogas hace casi un año. Tenía mucho miedo sobre qué me iba a pasar a la hora de escribir. No me pasó nada malo. Quizás ahora no escriba con tanta frecuencia, pero en la vorágine, había mucho material de descarte. Lo que estoy escribiendo hoy en día es todo como para decir “Se imprime”.

¿La temática cambió?

Nunca hubo una temática. A mí me gusta mucho recurrir a una frase de Led Zeppelin: “The song remains the same”. La canción permanece igual. Yo creo que es así.

Ya estabas duro mucho antes, decías. ¿”Estadio Aztecacómo surgió?

No soy partidario de explicar canciones. Una canción tiene quizás un significado emisor y tantos significados receptores como gente que la escuche. Quizás cada uno la entienda de una manera diferente y todas están bien. Estadio Azteca es un rejunte de recuerdos y emociones. Tiene también algunas mentiras: no era niño cuando lo conocí. Era en el 76, cuando me fui después del golpe. Ya era todo un adolescente, aunque odio esa palabra.

¿Por qué?

Me parece un encasillamiento totalmente errado. Por suerte, uno puede adolescer o no toda la vida. Es tonto eso de “Es la edad”. Hay una edad para cada cosa. Yo sigo siendo adolescente, si es por eso. Todos los días tengo una edad distinta. A parte me comunico muy bien con los chicos jóvenes. Será la edad…

¿”Todos los días una edad distinta”?

Mirando el River-Lanús, estaba con un señor que también debía tener 51 años. Nos pusimos a recordar viejos equipos millonarios que un chico no podría recordar. Ahí tenía más de 50 años, pero después chateo con pibes y pibas en el facebook. Les puedo hablar de igual a igual. Supongo que también tendré edades intermedias.

¿Qué desencadenó tu exilio en el 76?

Una amenaza telefónica a la que, creo, le tendría que agradecer. Yo tenía 16 años, no era un combatiente armado, pero estaba en la Unión de Estudiantes Secundarios, la rama de los Montoneros. Militaba en el centro de estudiantes. Mi viejo venía del viejo partido socialista, cuando había uno solo. Había sido secretario de la Asociación Argentina de Psiquiatras. Era un tipo progre de la centroizquierda  antes de que monstruos como Lilita Carrió y Pino Solanas la ensuciaran. Mucho más ella que él, pero lo de Pino me duele porque antepuso su ego. Está facilitándole las cosas a Macri.  De todos modos, en una eventual segunda vuelta contra Macri, obvio que lo votaría. (de la negrita no pondría nada. ¿qué pensás?). Mi papá había revuelto cielo y tierra para encontrar a un gran amigo que se habían chupado. Cuando no querían que jodiera más, hicieron este llamado. Ahí nos fuimos. México, gran capítulo, gran lugar, grandes drogas.

¿Por qué gran capítulo?

La pasé muy bien, conocí lugares increíbles. En cuanto a paisajes… todo, excepto las mujeres, que no tienen el promedio calle de la Ciudad de Buenos Aires, o ni hablar de Rosario. Claro que también hay lindas mujeres, como en todos lados. La mujer es algo a lo que hay que venerar. También en México tomé drogas muy interesantes que no hay en otros lados. Acá se habla mucho del peyote porque leyeron a Carlos Castañeda, que le da mucho tinte científico. Yo le hubiera puesto “esta es la que yo flasheé. Conozco esos lugares, tomé Pulque con los chamanes, gente de la tierra de ahí. Él sintió lo que sintió, pero el peyote tiene mezcalina, los hongos tiene psilocibina. Acá tenemos el cucumelo, que crece en la caca del ganado, pero pega distinto. En México y, creo que en Guatemala, existen los hongos “derrumbes” porque son de tierra y crecen en quebradas súper empinadas, peligrosísimas, a donde solo los indios de ahí llegan. La psilocibina de tierra pega muy bien, pero yo tomé mi decisión de no consumir ningún tipo de sustancia. Pero me gusta cómo pega porque m e parece una droga muy sana. Me pasó una cosa muy curiosa recientemente que en un curso de respiración, cuando abrí los ojos, tuve la exacta sensación.

¿No te arrepentís de haber empezado?

No me arrepiento de nada, pero no lo volvería a hacer. Particularmente con la cocaína. Estoy en un programa, cuya posición no es la que estoy diciendo. Si yo dijera que la pasé muy mal, sería un boludo porque habría esperado treinta años para dejar de pasarla mal. La pasé muy bien muchas veces, pero puse muchas cosas en peligro: mi vida y la de gente muy querida que me rodea. No tengo muchas cosas que podría haber tenido, pero las tendré más adelante. Si me preguntan por la cocaína, yo les diría que es maravillosa, pero si me ponen en el mismo lugar y en el mismo momento en el que tomé mi primera raya, no la tomo. En cuanto al porro, no puedo decir que soy un militante activo, pero sí latente en las causas pro-despenalización. Mi decisión, sin embargo, es también dejar de fumar. Es interesante para mí, siempre hablo de mí, dejar de fumar marihuana. Hay quienes piensan que es mentira la división entre drogas duras y drogas blandas. Yo no sé si es mentira, lo que sé es que hay diferentes personas. No creo que sea como en cierta literatura tremendista que cada droga es un escalón para la siguiente. Para mí no fue así, pero para otra gente sí. Cuidado con todo, pero seguro y más que nada, dejen de tomar vino en cartón con pastillas.

¿A Calamaro cómo lo conociste?

En el colegio primario, tiene un año y medio menos que yo. Entre que yo cumplo años en abril y que él cumple en agosto, tiene dos más. Ahí le gusta decir que es mucho menor que yo. No eramos amigos, pero nuestros padres se conocían. Nos reencontramos en la vida en el 80 no recuerdo exactamente cómo, pero por una ex novia. Yo vivía en el departamento de una tía en el mismo edificio que los papás de Andrés. Aunque eran distintos cuerpos, yo podía ir a su casa sin salir a la calle. Como yo había caído preso, estaba un poco paranoico y ni quería que me viera nadie. Entonces, me acuerdo que iba hasta el subsuelo y me tomaba el edificio que me dejaba en la puerta de su casa. Desde ahí, nunca dejamos de vernos. Hacíamos algunas canciones, anteriores a las del establishment de la canción rockera, para grupos imaginarios como Los Lamidosos. El brigadier Lamidoso era uno de los hijos de puta de las Juntas. Otra banda era Los Kellys, por Guillermo Patricio.

En 2005 grabaste Basta Cuino con Cuino y sus amigos. ¿El próximo cuándo llega?

Se está por grabar, espero que esté en la calle en octubre o noviembre. Hay músicos a los que lo más difícil les resulta es hacer las canciones. Para mí es todo lo demás. En este disco no va a haber tantos invitados para cantar, excepto en dos canciones.

¿Por qué hubo tantos invitados y de tanto peso en Basta Cuino?

Me pareció que iba a estar bueno para hacer algo amplio creativamente, cosas distintas. Tenían que cantarlas artistas diferentes. Quizás también, yo no me tenía tanta fe para cantar todo un disco yo.  No es que ahora cante mucho mejor, pero me di cuenta que a la gente le gusta igual. Además, este disco es mucho más rockero.

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