Los buenos y malos no existen

Alrededor de esas discusiones de todos los días en la tele, la radio, los diarios. En todos esos medios que se dividen en dos, como si se tratara de algún mandato superior cuasi-religioso al que deben seguir inclinándose por unos o por otros. Sin ofrecer otra opción.

Elegimos comunicar por fuera de esas discusiones con lógicas infantiles de buenos y malos que hoy ocupan los medios masivos, convencidos de que la realidad no puede ser así simplificada. Elegimos pararnos y pensar siendo apartidarios, y tomando esa decisión seguro hacemos más política que los medios propagandistas y panfletarios, apoyen a quien apoyen. Elegimos marcar nuestro propio camino, y esto es en serio. Qué gusto es no tener una superestructura, un director o una empresa que diga qué decir y qué no.

En la historia política argentina se vuelve posiblemente más recurrente con profundidad los enfrentamientos intraburgueses que la lucha de clases sociales. Cuántas veces se plantearon cambios de sistema social, cuántas veces la gran burguesía nacional -la siempre aliada más que a nadie, a la burguesía extranjera- vieron lejos sus intereses, cuándo la redistribución se dio prolongada, real y sostenida. Nunca. Nunca. Nunca. Redistribución no es que muchos cobren poco, por si hace falta aclararlo…

La lucha intraburguesa en la que estamos inmersos hoy, por momentos feroz, y más si se acercan elecciones claves, se definen por su naturaleza: sectores altos burgueses en competencia por el control de la hegemonía del resto de la sociedad. Si Clarín y el gobierno nacional se plantean cada uno como la antítesis del otro, todos queremos saber cuál fue el negocio que salió mal y no les permitió continuar la alianza que durante tantos años grandes frutos dio para ellos.