Lo que no nos contó Aladdin

Con las problemáticas árabes como eje central, la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional será sede de una nueva exposición de cine árabe. Directamente traídos desde el Festival Internacional de Cine Euroárabe, se exhibirán 19 obras de la temática. “Todo cine es político y este no se queda afuera”, aclara, uno de los organizadores.

En paralelo al festival de cine árabe que se llevó a cabo con el auspicio del INCAA los últimos días de junio en el Cine Gaumont, se organiza otra muestra de material audiovisual proveniente de países de oriente medio. Esta vez gracias a Creciente Cine Fértil, una asociación civil que intenta funcionar como puente entre los realizadores locales y los institutos de cine árabes, y que importa desde Santiago de Compostela, España, una muestra de films con temáticas árabes.

Entre el viernes 15 y el lunes 25 de julio se podrán ver en el auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, diez cortos, cuatro largometrajes de ficción y cinco documentales directamente traídos desde el Festival Internacional de Cine Euroárabe AMAL, que este año celebra su octava edición en Galicia, y que en Argentina se realiza por segunda vez, de la mano de Edgardo Bechara “Pipo” El Khoury, director ejecutivo de Creciente Cine Fértil, y de Christian Mouroux, su director artístico.

Bechara, nieto de libaneses, estudió ciencia política en la Universidad de Buenos Aires y fue allí donde se interesó por las problemáticas árabes. Comenzó a organizar proyecciones en ese ámbito académico en 2003, hasta que decidió salir de ese reducto y empezar a dar a conocer de forma más masiva los temas que le interesaban a través del lenguaje cinematográfico, una elección que le parece útil para plantear ciertas discusiones políticas que de otro modo quedan truncas o generan demasiadas rispideces.

“Todo el cine es político, en especial el cine árabe. En AMAL, si sacamos las ficciones, lo que nos queda como estructura es un festival muy pro palestino, pero como hay tanto chantaje en cuanto a las palabras o a las formas de lenguaje que están permitidas para hablar sobre el conflicto en oriente medio o el conflicto israelí-palestino,  el cine se vuelve un canal muy válido para poder hablar de eso”, afirma Bechara, y continúa: “Digo chantaje en cuanto a las cosas que se pueden decir y no se pueden decir, en especial cuando se critica al estado de Israel en relación a los abusos de los derechos humanos del pueblo palestino. Compartimos la idea de dar cámara, pantalla y voz a los palestinos. No creemos mucho en las mediaciones, o en las estructuras partidarias. Eso forma parte de la vida de los palestinos, tendrán el régimen o la solución política que quieran, pero sí creemos en mostrar lo que hacen sus artistas”.

La programación de esta muestra se organiza por cortes temáticos y, a diferencia de la de España, que funciona como una competencia y que, por ende, tiene jurado, en Buenos Aires esto todavía no es posible. Hay, además, una sección especial dedicada a la mujer árabe en donde no solo se proyectarán películas, sino que también habrá un panel en donde la corresponsal de guerra Karen Marón, y las redactoras de Página 12 Carolina Bracco y Eugenia Tarzibachi, expondrán sus visiones acerca del rol y las dificultades del sexo en países árabes.

“Descubrimos estos últimos años que hay muchas más películas dirigidas por mujeres árabes de las que uno se puede imaginar. De hecho, el porcentaje es más elevado que en occidente. Cerca del 40% de las producciones del mundo árabe son dirigidas por mujeres”, explica Mouroux, al mismo tiempo que recomienda fervientemente el documental “El cuentacuentos”, del alemán Thomas Ladenburger.

Al echar una mirada rápida a la grilla de programación, se observa una gran cantidad de directores europeos, factor que ilustra, en algunos casos, inmigraciones forzadas de árboles genealógicos enteros o simplemente un interés renovado en algunos sectores europeos por quienes día a día ingresan por sus fronteras para ser conciudadanos.

“Muchas de las películas que se hacen en el mundo árabe son coproducidas con países europeos por razones obvias, algo que acá también pasa. Cada vez son más, desde los últimos 15 años, las que se hacen en colaboración con España, porque es donde más recursos hay”, agrega Mouroux. “Por otro lado, los países del golfo están empezando a volcar recursos en cine y en cultura porque  se dieron cuenta de que los puede ayudar a forjar una identidad en naciones que son bastante nuevas”.

Mouroux sostiene que en los dos últimos años se empezó a percibir en cierto cine árabe que “algo se venía” (en relación a las manifestaciones en contra de los regímenes hegemónicos de países como Siria, Egipto o Libia): “Se ve el descontento de la gente, la movilización popular como alternativa para transformar la situación”.

Teniendo en cuenta que la colectividad árabe es la cuarta más numerosa de la Argentina (el 10 % su población total), la oportunidad que brinda Creciente Cine Fértil de conocer sus culturas y sus problemáticas históricas y actuales, ayuda a acercarse a pueblos con los que no se tiene, por lo general, un intercambio diario. La chance de entender las cosas más allá de Alá, La Meca y la Franja de Gaza.

PARA CONSEGUIR EN EL VIDEOCLUB Y VER:
·         “Intervención divina”, de Elia Suleiman (2002)
·         “Caramel”, de Nadine Labaki (2007)
·         “El árbol de lima”, de Eran Riklis (2008)