“La Selección no se transforma en un símbolo nacional”

A propósito del arranque de la Copa América, nos juntamos con Pablo Alabarces, sociólogo, especialista en culturas populares, para analizar todo lo que puede generar la pelota en la región. Nacionalismos, uniones, diferencias, similitudes. “La Selección no funciona como unificador. Lo que Maradona sí permitía solucionar, de una manera muy eficaz,  como símbolo integrador desapareció. Y Messi no es argentino, no genera eso”, explica Alabarces.

César Baez, representante de la empresa Hick, una inversora norteamericana que supo meter el hocico en el negocio del fútbol, dijo alguna vez en el periódico Tiempos del Mundo que América Latina tiene dos grandes religiones: la católica y el fútbol. Desde el 1 de julio, en Argentina se juega la Copa América, donde participan casi todos los países de la región.  Como desde los campos de juego ya no se entrega mucho, es una buena oportunidad para hablar con Pablo Alabarces, sociólogo, autor de más de siete libros dedicados al fútbol y la cultura popular, acerca de cómo se vive el fútbol en Latinoamérica. En el barrio de Flores, en su estudio, corremos todos los libros que aparecen sobre el escritorio para hacerle lugar a la pelota de fútbol y arrancar con la charla.

-Cada vez que se juega un Mundial o una Copa América parece instalarse un cierto nacionalismo en la sociedad a través del himno,  de dejar de lado la camiseta de cada equipo para unirse detrás de los colores de la Selección. ¿Lo ves así?

-A partir del inicio de esta Copa América se ven las publicidades que muestran a esto como un pueblo unido detrás de la camiseta de Messi. Es una falacia absoluta. Hay un solo caso, pero igual es muy bostero, que es la figura de Tévez, que podría parecer como una figura nacional. Messi no es argentino. Lo que Maradona sí permitía solucionar, de una manera muy eficaz, hasta 1994,  como símbolo integrador, desapareció.

-¿Entonces ya no ocurre más eso de que la selección funciona como unificador?

-En el caso argentino puede funcionar en casos en los que la dependencia de lo trival no sea tan fuerte. En Tucumán o Jujuy, por ejemplo. En zonas metropolitanas no funciona. La selección no funciona como unificador. En el resto del país lo que funciona es la expectación por ver a jugadores que nunca podrían ver. Todo esto es así hasta que suceden cosas muy importantes, como por ejemplo, una final con Brasil. Ahí sí el trivalismo se suspende. Porque es un clásico. Es un lugar común que los periodistas lo llamen como un partido aparte, pero en términos culturales sí lo es. Los hinchas en realidad le dan mucha menos bola a los mundiales, que lo que la televisión o Clarín le quieren dar. Hasta que llega un partido con Brasil o con Alemania, otro clásico, puede reaparecer la expectativa. Es falsa la idea que la selección une a todos.

-¿Y en el resto de los países de Latinoamérica ocurre algo similar?

En otros países de América Latina es distinto. Brasil, por ejemplo, es mucho más nacionalista en encuentros internacionales, aunque la división carioca- paulista- gaúcho es durísima. El último campeonato mundial que gana Brasil,en 2002, decían que era sólo gaúcho porque lo ganó Ronaldinho y Scolari, el técnico. Se jactaron de que eran ellos los vencedores. En Ecuador, en cambio, la división interna del país hace que los de la costa con el resto no se puedan ver en cuestiones deportivas. Se odian. La selección funciona como símbolo. Lo mismo en Costa Rica y México. No es obligatorio que una selección nacional supere la diferencia local o regional.

-Pero muchas veces sucede que en cualquier parte del mundo los países latinoamericanos se identifican por algún hito deportivo nacional.

-La vieja anécdota de que en cualquier lugar del mundo vos decís que sos argentino y te nombran a Maradona es factible que se esté debilitando. Después de todo hace quince años que nadie ve jugar a Maradona. Pero seguro que hoy decís Messi y es lo mismo, la puerta sigue abierta. Eso no significa que sea un puente. Sobre ese tipo de saber, de memoria compartida, no necesariamente construís una identidad cultural latinoamericana. Siempre son relatos que buscan la heroicidad argentina que se da a expensas de una derrota brasileña. El gran mito fundante del fútbol colombiano, ese 5 a 0 en el Monumental en 1993, es la gran victoria colombiana y la gran derrota argentina. Son juegos complementarios basados en que este es un juego competitivo. Entonces uno le tiene que ganar al otro.

-¿El fútbol, entonces, no funciona como un puente cultural entre los países de América Latina?

-No sé si el puente es la mejor metáfora, pero que arma relatos compartidos sin duda. El fútbol no es un puente cultural. El fútbol es una especie de función fática masculina. Función fática es, en el esquema de la comunicación de Jacobson, hacer contacto. Es algo universal. En términos sudamericanos esto implica una relación con memorias, tradiciones, relatos que son muy fuertes. Todos los latinoamericanos conocen las grandes historias de sus deportistas de la región. Con mayor o menor precisión, más conocidas las argentinas y brasileñas por una cuestión de éxito, pero en toda América Latina hay una lista de nombres que forman parte de la memoria de todos los masculinos. América Latina se habla de México para abajo, pero en este caso en todo América Central tiene más una cultural del béisbol, lo mismo que en gran parte en Venezuela- aunque ha crecido mucho el fútbol-. Todas esas historias, toda esa memoria te permite poder hablar de fútbol en cualquier lado de América Latina con cierta facilidad.

-¿No hay una unidad latinoamericana detrás de una pelota?

-Por definición la cultura futbolística se basa en la idea de oposición entre fracciones. Trivales o nacionales. Gimnasia- Estudiantes. Argentinos- Brasileños. Todos los que hemos tenido la experiencia de ver fútbol en países extranjeros de América Latina pasaba lo mismo, ese compartir del sentimiento futbolero que implica ganarle al otro. No hay posibilidad de pensar, lamentablemente, épicas comunes. Todos los latinoamericanos juntos contra todos los europeos. No existe eso. Por ejemplo, en un mundial en el cual los cuatro semifinalistas sean de Latinoamérica habrá que ver qué idea predomina: la de que grande el fútbol latinoamericano o la de la rivalidad.

-¿En otras regiones del mundo sucede algo similar? En Europa, por ejemplo.

-Tampoco es que en el caso Europeo sea todo de color de rosa, también se dan, en menor medida, todas estas cosas. Los ingleses se encuentran con los alemanes al grito de: “dos guerras mundiales, un campeonato de fútbol (two world war, one world cup)”. Cantan les ganamos dos guerras mundiales y un mundial de fútbol. Hay una lógica que tiene que ver con lo competitivo y lo deportivo que es una lógica de enfrentamiento. Uno siente que le tiene que ganar al otro. Eso aparece a nivel microterritorial, en el barrio contra otro barrio, pero también aparece a nivel nacional. Porque además no existe una forma de superarlo. Si lo trival pueda a veces, ya no es el caso de Argentina, solucionarse con lo nacional, lo nacional no tiene una instancia superior que lo solucione. No hay un partido América Latina vs Europa. En el paso de lo trival a lo nacional, en cambio, hay un momento en el cual se debieran suspender las diferencias locales para que haya una identidad nacional que la supere. Eso hace rato en la Argentina que está fracturado. Esto es que la Selección no se transforma en un símbolo Nacional. Más allá de lo que la publicidad diga.

-¿Es distinta esta cultura del aguante que existe en Argentina a la de otros países de la región?

-El fútbol tiene mucha autonomía respecto de los mundos sociales y culturales. Hay dos grandes modelos hinchísticos en América Latina. La torcida, la brasileña, que es más festiva. Y por otro lado, el modelo argentino, el del aguante. Más desgarrado, más pasional, más combativo. El modelo del aguante está teniendo bastante eco en América Latina. Se está reproduciendo en Chile, Colombia, México. Hay hasta asesoramiento rentado. No se puede hablar que hay cultura del aguante en esos países. Hay similtudes, que te enlazan con los hooliganes de Inglaterra, con eso de lo masculino. Esto es, el ser macho implica poner en juego el cuerpo y pelea es parte de ese rito de pasaje a la masculinidad. Te hacés hombre en la medida que te peleás. El caso de Argentina es una lógica muy compleja, muy desarrollada, muy extendida y muy legítima. No se puede decir lo mismo el resto de América Latina. Hay bastantes similitudes en Brasil, pero lo que no hay es la combinación con sectores políticos, policiales, etc.

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