Ironía en el papel impreso

La historia de los diarios argentinos a través de ciertos hechos claves: La Revolución del Frente Sandinista en Nicaragua en 1979 analizada por Clarín y La Nación, con lógicas hipertendenciosas. Lo que dijeron, lo que obviaron, y los por qué.

 

 El 19 de julio de 1979 el Frente Sandinista de Liberación Nacional hacía su entrada triunfal sobre Managua, capital de Nicaragua, destruyendo de una vez por toda la dinastía de la familia Somoza, que durante 42 años monopolizó de manera dictatorial las riendas políticas del gobierno, sumiendo en un manto de represión y pobreza al territorio país centroamericano.

Para ese entonces, en Argentina se sucedían muchos hechos. Aún la cruenta dictadura del Proceso de Reorganización Nacional estaba en plena vigencia, se preparaban los festejos a un año de la victoria del Seleccionado de Fútbol en el Mundial del ´78, a la vez que faltaba poco tiempo para la llegada del Comité Interamericano de Derechos Humanos de la OEA, quien reconocería por primera vez en público la violación sistemática de derechos humanos en nuestro país.

Los dos periódicos de mayor importancia pública, Clarín y La Nación, no fueron ajenos a  los hechos en tierras centroamericanas. Este artículo analizará de qué manera abordaron ambos diarios estos sucesos, su apoyo o rechazo al nuevo gobierno revolucionario, sus pretensiones y miedos acerca del proceso; todo en el marco del grave estado de represión en el que vivía la sociedad argentina.

De la crítica al somosismo al miedo de la influencia cubana

Anastasio Somoza Debayle, había sucedido a su hermano en la presidencia en 1967. Sin embargo, desde mitad de la década del ´70 y principalmente desde 1978, veía su poderío ser discutido, tanto política como militarmente, por el Frente Sandinista. El apoyo de su histórico aliado Estados Unidos, caía con el paso de las horas, en especial desde la asunción del presidente Carter, quien insistió –en cierta forma- con el fin de los gobiernos dictatoriales difundidos en tierras americanas. Además, los hechos de corrupción ligados a la vulgar riqueza de la familia Somoza –valuada en 500 millones de dólares, con otros 500 aún en duda-, fueron el combo suficiente para la retirada del apoyo de Occidente, más teniendo en cuenta el temor de que el Frente, cuya victoria era anunciada, se alinease con el llamado “Este Comunista” en plena Guerra Fría.

Con este marco, tanto Clarín como La Nación, se mantuvieron en concordancia con estos pensamientos: rechazo a la dictadura nicaragüense y temor a los “elementos marxistas” de la Junta Revolucionaria.

El 30 de junio de 1979, Clarín entrevistaba a Somoza. Para a la guerrilla del FSLN, lo hacía denominándola de “agresión comunista internacional”, a la vez argumentaba que Estados Unidos se había prestado “tontamente al juego de la presión del terrorismo internacional”. Cuando se le preguntó por qué no era ayudado por su ex aliado, el dictador argumentó que “Hay un sector muy grande del gobierno de Estados Unidos que me está ayudando. Pero no es suficiente para desbaratar esta conjura internacional. Solo el sector que responde a Carter  está empecinado en que me vaya porque muchos de sus miembros son izquierdistas”. La Nación, el 15 de julio publicaba lo transcurrido en la conferencia de prensa de Somoza, ya exiliado en Miami, en el que resaltaba la conspiración “comunista” que estaba tras su salida: “Nicaragua es un punto estratégico de la región pretendido por el comunismo internacional, y una vez tomado se constituirá en base de expansión hasta el norte (México) y hacia el sur (Sudamérica)”. Tres días más tarde, nuevamente citando las palabras del General depuesto, que repetía el mismo concepto, se defendía explicando que él no fue “depuesto por el pueblo nicaragüense, sino por una conjura marxista internacional”.

La tesis de una izquierda global manipulando los lazos en Centroamérica, se multiplicaba en cada artículo: “Ayer un grupo de congresistas amigos de Somoza interpelaron al presidente Carter con motivo de los que calificaron como un renacimiento de la subversión castrista en América Latina” (Clarín, 5/7/1979), peligro de “efecto dominó, en caso de que el gobierno izquierdista reemplace los 43 años de dinastía somosista” (Clarín, 2/7/1979).

Por último, tanto Clarín como La Nación, defendían la postura norteamericana de limitar la cantidad de miembros de izquierda en la Junta de Reconstrucción Nacional impulsada desde Costa Rica por el FSLN. Estados Unidos, intentó –infructuosamente- hacer que la composición de la Junta estuviese dada por una mayoría de “moderados”, más afines al capitalismo occidental. Sin embargo, el sandinismo se mantuvo independiente de las presiones a este respecto.

Así, los matutinos, cuando el 20 de Julio el FSLN asumió el poder gubernamental, diferenciaban a cada uno de sus miembros en “marxistas” y “no marxistas”, “izquierdistas no marxistas”, “dudoso marxista”, “progresista”, etc. Pero como vimos anteriormente, siempre en tensión ante la posibilidad de que Nicaragua llevase a cabo una revolución socialista.

Ideología e información. Los grandes medios y el pensamiento represivo argentino

Nicaragua y Argentina estaban viviendo una dictadura en el gobierno nacional. Ambas dos estaban fuertemente comprometidas con Estados Unidos en su tarea represiva para acabar con las posibilidades de revoluciones socialistas a lo largo de América Latina. El gobierno del Proceso de Reorganización Nacional mantenía su discurso de lucha contra la ideología “atea y comunista”, base para el despliegue del terror hacia la sociedad. Nicaragua, como se mostró en palabras del propio presidente Somoza, lo  mismo. Pero, entonces, ¿Por qué no hubo un franco apoyo hacia el régimen por parte de los dos periódicos masivos argentinos?

Consideramos que como el somosismo ya había perdido todo apoyo público, tanto de Europa como Estados Unidos, estos diarios siguieron la misma línea. Pero su apoyo no era hacia el Frente Sandinista, el cual siempre de reojo era observado por su ligazón a Cuba y movimientos de liberación nacional, sino hacia los sectores democráticos aliados a Occidente. Por eso, no es raro que mientras en una editorial se elogiase a la dictadura argentina, unas páginas siguientes, se criticase a Somoza y sus aliados por anti-democráticos y la necesidad de la imposición de una república en territorio Centroamericano, aún así alejada del marxismo comunista.

 

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