El retorno a la democracia, el retorno al control

Los ´60 y ´70 se adentraron “subversivos” para la gran burguesía argentina, que necesitaba como el aire retomar el control de la sociedad. La movilización generalizada de los sectores subalternos incomodaba desde hacía tiempo a los explotadores más concentrados, que debieron olvidar divisiones internas con tal de volver a ser hegemónicos “cueste lo que cueste”. Cómo jugaron los factores más condicionantes: Malvinas, el Golpe y el Nunca Más.

La reconstrucción de la hegemonía burguesa en la Argentina se consiguió solo después de atravesados ciertos violentos procesos. Nos referimos a los roles cumplidos por el Golpe, la Guerra de Malvinas y el Nunca Más para el retorno al control burgués. Para poder ver cristalizado ese reintegro de la dominación ya en la democracia de 1983, hubo que desviar mucho del caudal de agua que venía pasando por debajo del puente en las décadas anteriores. En cuanto a la sociedad: el aniquilamiento sistemático por parte del Estado. En economía: la desregulación que implicó un liberalismo concentrador de capitales. La recuperación de la hegemonía fue una tarea dificultosa que tomó decididamente la gran burguesía con una clara filosofía que, aunque nunca la haya pronunciado, resume sus ideas: “el fin justifica los medios”. Y en esa empresa, las Fuerzas Armadas fueron su instrumento más valioso.

Una sociedad distinta se buscaba construir. Así, la gran burguesía recuperaría su control. Para lo que muchos ideales quedaron en el camino, silenciados por la represión y el objetivo de su total aniquilamiento, luego de variados intentos anteriores por disiparlos.

El análisis del Golpe militar de 1976 no debe implicar un problema moral, sino que se trata de una, aunque especialmente exacerbada, situación dentro de la lucha de clases. Las FF.AA. representaban los intereses de la gran burguesía, convirtiéndose juntos en la facción social contrarrevolucionaria. La reconstrucción de la hegemonía fue un proceso y la democracia alfonsinista fue la versión aceptablemente acabada.

Al hacer hincapié en los aspectos económicos introducidos por la “Reorganización Nacional”, en un intento de reorganización de toda la estructura productiva de la economía argentina para conformar un “Estado que facilitara a la gran burguesía argentina introducirse en condiciones ´sanas´ en la lucha del mercado mundial capitalista”. La función económica entonces fue el desmantelamiento del “Estado benefactor populista” desarrollado en dos claves. Primero, en cuanto a la concentración del capital, arrinconando toda una pequeña y media burguesía industrial viciosa de los subsidios estatales. La eliminación de créditos desde el Estado y la liberalización aduanera fueron suficientes para el propósito. Segundo, en cuanto al aumento de la tasa de ganancia proporcionado por la baja del salario real. Las herramientas fueron el nada popular paquete “congelamiento salarial + inflación” y la intervención de los principales sindicatos[i].

Otra de las circunstancias que marcó la reconstrucción de la hegemonía burguesa fue la Guerra de Malvinas. Alberto Bonnet, politólogo, la califica como “una aventura profundamente reaccionaria, emprendida por una dictadura militar latinoamericana cuya tarea histórica había consistido en el aplastamiento de los movimientos de masas nacidos a mediados de los años setenta”[ii]. Las circunstancias en 1981 eran de una significativa crisis económico-social, las organizaciones de derechos humanos comenzaban a masificar sus protestas, los trabajadores retomaban protestas. La resistencia profundizaba su movilización. En su inicio la Guerra gozó de amplio apoyo, pero no sólo desde el Estado, sino también de las figuras principales de los partidos políticos tanto de izquierda, como de la UCR y el PJ. Sostenido, según cada cual, en diferentes argumentos, lo usual fue tratarla como una cuestión nacional. Pero por el lado de los trabajadores, el apoyo a la aventura fue tibio, no tenían nada para ganar y todo por perder.

Pero más allá de la derrota militar, el conjunto social que había apoyado el golpe del ´76 mostraba signos de disgregación ya pasados los cinco años de régimen dictatorial. Esos actores sociales conformadores de la fuerza social contrarrevolucionaria (la Sociedad Rural, la Iglesia, la Unión industrial, entre otros) entendieron que podían prescindir ya de una herramienta tan violenta y retrógrada como lo eran las FF.AA. para perpetuar su dominación efectiva. Su función principal ya se había agotado. Del fracaso de la recuperación de las islas jamás se libraron, sus aliados ya los habían abandonado.

Cuando se plantea el rol del Nunca Más en la reconstrucción de la hegemonía burguesa, el análisis no se limita al libro, sino más bien a las organizaciones de derechos humanos y a los juicios a las Juntas militares. Es menester tener en cuenta las significancias que se aportaron y las ideas que así, convalidaron.

Las organizaciones de derechos humanos en su rol más regresivo van a ayudar a impulsar la reimposición de la democracia burguesa. Con el fin de la dictadura, sus reclamos van a encauzarse por dentro de los marcos institucionales planteados. Si bien es dudosa la afirmación de plantear al libro como resultado de un consenso general de las organizaciones de DD.HH. impulsado desde el Estado, la CONADEP fue la encargada de la publicación del libro.

Tanto Emilio Crenzel[i], investigador adjunto de CONICET–UBA como Hugo Vezzetti, licenciado en psicología, entienden al Nunca Más como una construcción, y como tal, desprovista de carácter objetivo. Donde se realiza un reacomodamiento de los sucesos de los ´70 para relanzar la democracia burguesa. La responsabilidad sólo recae sobre las Juntas Militares, nada de esto para los sectores dominantes aliados en aquella fuerza contrarrevolucionaria. Los militantes de los ´70 van a ser despolitizados, y en general caracterizados como víctimas inocentes en las descripciones incluidas que solo refieren a sus actividades civiles. Y la sociedad en su conjunto parecería haber sido ajena a lo sucedido.

La gran burguesía entendió que la democracia sería el próximo régimen en su dominación. Era necesaria una nueva fase en su relación con la sociedad de los explotados. Los que conformaron la fuerza social revolucionaria habían sido ya aniquilados o disipados durante la dictadura. La necesidad era desprenderse de las culpas sobre aquellos hechos. No le era funcional que las responsabilidades recayeran ni sobre la sociedad en su conjunto, ni menos aún en la misma gran burguesía.

Aún hoy al Nunca Más van acomodándolo, van resignificándolo según las necesidades de ese mismo sector. Logró sortear los indultos menemistas y las leyes de perdón de Alfonsín. Luego, la reescritura del prólogo de 2003 solo se entiende como la preparación de una herramienta que le sea útil a la nueva dirigencia democrática burguesa del kirchnerismo.


[i] Crenzel, Emilio: La historia política del Nunca Más, Siglo XXI, Buenos Aires, 2008.